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La inseguridad no admite ocurrencias

2018-01-08 18:29:57 | El Pionero

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Es un placer y un honor iniciar este 2018 con todos ustedes. Comienza un año que será definitorio para el futuro, comenzando por los resultados electorales de julio próximo, y con una agenda que le impone al país innumerables desafíos políticos, económicos, sociales, de seguridad e internacionales.


    

La sorpresiva y en buena medida incomprensible propuesta sobre seguridad de López Obrador, junto con el número altísimo de ejecuciones que se han dado en los últimos meses y que convirtieron al 2017 en el año más violento de las dos últimas décadas, han obligado a los precandidatos a entrar, aunque sea colateralmente, al tema de la seguridad cuando aún no tienen propuestas serias al respecto.

 

López Obrador se clavó de lleno en ello con una cantidad de ocurrencias difíciles de evaluar en un solo texto. Prometió de todo, incluso, acabar en un máximo de tres años con la llamada guerra del narcotráfico, refrendó la amnistía a los narcotraficantes, aunque luego algunos de sus colaboradores trataran de matizarla, pero el propio Andrés Manuel insistió en su propuesta y además, dio a conocer un equipo y un diseño institucional tan confuso que ni sus integrantes lo pudieron explicar. Dijo que crearía la Secretaría de Seguridad Pública donde colocaría a Alfonso Durazo, cuya mayor experiencia ha sido la de ser secretario particular: primero de Colosio en el PRI y luego de Fox, con el PAN. Durazo terminó digamos que en muy malas relaciones con colosistas, en particular, y con priistas y panistas en general. No tiene Durazo la más mínima experiencia en seguridad. López también dijo que crearía una Guardia Nacional que integraría a todas las instituciones militares y a todas las policías en el mismo paquete. Recalcó que quería un Mando Único de toda esa estructura que estaría bajo su mando directo, personal. Ninguna democracia en el mundo tiene algo semejante. Se vanaglorió de sus éxitos en seguridad pública en la Ciudad de México, lo que resulta incompresible porque fue durante su administración cuando se rompió la seguridad capitalina, cuando se elevaron a niveles récord las extorsiones y los secuestros, tanto que generaron por primera vez una dura reacción ciudadana, expresada en la llamada marcha de blanco, en la que participamos cientos de miles de capitalinos y que López Obrador desechó calificándola como una marcha de pirrurris. Insistimos en un punto: López Obrador no entiende de seguridad pública y quienes lo aconsejan, salvo alguna que otra honrosa excepción, tampoco. Su propuesta es una suma de ocurrencias que ni siquiera están bien explicadas o tienen una lógica institucional.

 

José Antonio Meade criticó duramente la propuesta de Morena, pero no ha dado otro paso que me imagino querrá guardar para más adelante: no hay una propuesta superadora a la actual. Ha dado sólo algunos atisbos, destacando que se pondrá mucho más el acento en la inteligencia y en seguir la pista del dinero de los criminales, pero eso falta plasmarlo aún en propuestas y estrategias concretas. Es muy temprano en la campaña para hacerlo con seriedad.

 

Ricardo Anaya no se involucró en este debate y en realidad es el que menos presencia ha tenido en los días de fin de año. Pareciera que allí todavía están tratando de terminar de configurar un Frente donde a cada rato afloran las contradicciones, más que lanzarse hacia la gente (en ese sentido el proselitismo de Meade ha superado con mucho al de sus adversarios en estos días). Anaya y sus aliados del Frente han mostrado como propuesta de seguridad su oposición a la nueva ley de Seguridad Interior, lo cual no sólo es un desatino, sino también una falta de coherencia con su propio pasado.

 

Otro que ha estado en buena medida ausente es Jaime Rodríguez El Bronco que no termina de aparecer, mientras que Margarita Zavala sigue en la brega para conseguir las firmas que le permitan participar, ya tiene la cantidad necesaria, pero aún no la distribución territorial que requieren las leyes, pero en su caso sí aprovechó para confrontarse con López Obrador y Anaya por el tema de la seguridad e incluso de la nueva ley de Seguridad Interior, con una participación, en redes sociales, importante del expresidente Calderón.

 

Son los primeros escarceos, los primeros movimientos que en el tema de seguridad se adelantaron porque López Obrador mostró cartas muy temprano en un tema que no domina. En estos días la atención deberá ponerse en los que acompañarán a esos aspirantes: en los candidatos a gobernador que competirán el primero de julio y también a los que buscarán diputaciones y senadurías. Ahí hay todo un mundo político por descubrir para saber qué tan bien o mal acompañados estarán los candidatos.

 

 

 

INJERENCIA RUSA

 

El consejero de seguridad nacional de EU, el general Herbert Raymond McMaster aseguró que ya hay señales de injerencia rusa en las elecciones en México, como la hubo en EU, en el Brexit de Gran Bretaña, en Francia y en el referéndum catalán. Se trata, dijo “de un esfuerzo muy sofisticado para polarizar sociedades democráticas, poner en contra las comunidades dentro de ellas, crear una crisis de confianza y así minar nuestra fuerza”.

 

Por: Jorge Fernández Menéndez/Razones

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En busca del petróleo perdido

2018-12-11 11:11:11 | El Pionero

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En el ya muy lejano 1973, Henry Kissinger sentenció que “controla los alimentos y controlarás a la gente, controla el petróleo y controlarás a las naciones, controla el dinero y controlarás el mundo”. Hoy, casi medio siglo después, el mundo es muy diferente, pero no tanto: los alimentos, el petróleo, las finanzas siguen marcando el rumbo global, aunque ya no están tan solos.


    

El presidente López Obrador, como todo gobernante nacionalista, tiene en mente la autosuficiencia energética y petrolera como un objetivo en sí mismo. Ha acusado a las anteriores administraciones de dejar caer la producción petrolera y ha calificado como un fracaso la Reforma Energética, por lo que ha presentado un plan energético en el que se invertirá en proyectos de extracción petrolera y en la construcción y reconfiguración de refinerías. En sí mismo, el programa no es reprochable, pero en términos de eficiencia económica quizás habría que verlo desde otra óptica.

Lo cierto es que la caída de la producción petrolera, más allá de que hayan existido casos de corrupción e ineficiencia como dice el Presidente, se produjo porque se fue secando ese extraordinario yacimiento que fue Cantarell y sencillamente no había forma de reemplazarlo. La Reforma Energética es y ha sido positiva. El propio Alfonso Romo nos dijo en entrevista, durante el periodo de transición, que los contratos de la Reforma Energética eran sencillamente impecables y que no se modificarían. El presidente López Obrador no parece pensar lo mismo y ha anunciado que congelará las rondas y licitaciones de la Reforma y descalificó la misma en su discurso de inicio de mandato diciendo que con la misma sólo se habían invertido 700 millones de dólares. Es una verdad muy a medias: las inversiones por la Reforma serán de miles de millones de dólares, pero la enorme mayoría de esos grandes proyectos es de aguas profundas y tardan en madurar años, es absurdo que en meses tengan resultados.

También es verdad que México está importando gasolinas y crudo. Pero el problema es que nuestro petróleo es, casi en su totalidad, crudo pesado, difícil de refinar. Por esa razón, se envía buena parte de él a una refinería en Houston, de la que es copropietaria Pemex, para desde allí generar gasolinas que el país necesita. Nuestras refinerías, que fueron construidas en su mayoría para trabajar con crudo ligero, necesitan ser reconfiguradas para trabajar con petróleo pesado, o esperar a que los yacimientos de aguas profundas comiencen a rendir frutos. Cabe destacar que la autosuficiencia en petróleo o gasolinas no tendría por qué ser un objetivo en sí mismo en un mundo globalizado.

Estados Unidos ha avanzado en forma notable en el tema energético explotando simultáneamente todas las formas de producción de energía y cada vez con mayor intensidad sus yacimientos de gas. Para eso ha sido fundamental la tecnología del fracking o fracturación hidráulica, que ha permitido explotar yacimientos que de otra forma no hubieran sido productivos. México tiene enormes yacimientos de gas en la Cuenca de Burgos, en Tamaulipas, y en otras regiones, pero el presidente López Obrador ya ha desechado el fracking como tecnología para explotarlos, lo que nos torna dependientes de Estados Unidos, que se abastece y exporta gas, gracias a esa técnica ampliamente difundida a nivel global.

A pesar de que el nuevo director de la CFE, Manuel Bartlett, aseguró que el desarrollo del sistema de ductos de gas está paralizado y que para reemplazar las compras de gas en el exterior se lo compraremos a Pemex, la realidad indica exactamente lo contrario: el sistema de ductos ha crecido en forma geométrica en los últimos años y ha permitido abastecer de gas a zonas del Pacífico que carecían de él. El gran desafío en la actualidad es extenderlo hacia el sur del país para abastecer los grandes proyectos, como el del corredor del Istmo de Tehuantepec. Se dejó de comprar gas a Pemex porque esa empresa no tiene el gas suficiente siquiera para su propia producción. Se podría aumentar dramáticamente la fabricación de gas recurriendo al fracking, pero eso ya ha sido desechado por las autoridades. En otras palabras, estamos condenados a seguir importando gas para la CFE, para Pemex y para la industria.

La refinería de Dos Bocas y la remodelación de las refinerías existentes son inversiones enormes que, por supuesto, entusiasman a los gobiernos locales por la derrama económica que implicarán, pero son proyectos de largo plazo que para ser funcionales requieren que los demás engranajes de la industria energética también funcionen, que haya, entre muchas otras cosas, petróleo y gas suficiente como para trabajar con ellas. ¿Es buen negocio construir una refinería? Desde el punto de vista keynesiano, sí; desde la rentabilidad económica, no. Para generar trabajo e inversión, sí; para abaratar costos, no. Es mucho más barato enviar crudo a refinar a otros países, sobre todo a Estados Unidos, para que desde allí nos manden los productos refinados. Se hablará entonces de la independencia energética, pero la verdad, ése es un principio cada día más ilusorio. Por cierto, en el programa energético no se habla en absoluto de energías alternativas, ésas de las que tanto goza y puede explotar México.

Por Jorge Fernández Menéndez/Razones

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