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Experimentos 2018: AMLO, Meade, Anaya…

2017-12-23 09:13:59 | El Pionero

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Se auto engañan quienes esperan que las estrategias electorales probadas como exitosas podrán repetirse tal cual en 2018.


    

Desde cualquier punto del cuadrilátero político, las cosas cambiaron en 2017 para cada uno de los prospectos presidenciables y sus coaliciones partidistas.

 

En estricto sentido, los potenciales candidatos a Los Pinos se encuentran protagonizando un experimento. Y en cada caso veremos ensayos de una nueva manera de disputar el poder y de competir por el voto.

 

Los afines a la antipolítica dirán que se trata de la misma clase gobernante de siempre con nuevos disfraces.

 

Pero en los hechos, las rutas y las apuestas tomadas por PRI, PAN, PRD y Morena —y sus aliados— los obligan a recorrer caminos desconocidos.

 

Porque para desgracia de los charlatanes y de los pretendidos operadores electorales, la incertidumbre democrática hoy es un hecho entre nosotros.

 

Y a 189 días del superdomingo electoral del primero de julio del 2018, las incógnitas marcan la actual etapa de precampaña de una competencia de pronóstico reservado.

 

Andrés Manuel López Obrador no es más el purista que iba contra “la mafia del poder”. Porque hoy integrantes de ese supuesto clan tienen las puertas abiertas en Morena.

 

¿Será la amnistía que AMLO ya ofrece a políticos controvertidos y que promete a sicarios y jefes de bandas delictivas un mensaje que el votante valorará como una señal de paz, en una sociedad porosa con la corrupción y el crimen organizado?

 

José Antonio Meade fue el elegido para la continuidad de un PRI que, al menos en el discurso, ha tenido que aceptar que es mejor un candidato ajeno que uno propio porque la marca del partido ya no vende bien.

 

¿Tendrán los priistas la disciplina de cerrar filas con el abanderado “ciudadano” bajo la expectativa de ampliar su impacto en un electorado voluble e indeciso, aun cuando esto signifique renegar del logo partidista?

 

Ricardo Anaya encabeza, por primera vez en la historia nacional, una coalición electoral que suma al Partido Acción Nacional y el de la Revolución Democrática, con el discurso de cambiar al régimen presidencialista y construir un gobierno compartido, renunciando así a las banderas ideológicas propias.

 

¿Podrán los impulsores de Por México al Frente poner en marcha una campaña capaz de explicar al ciudadano de a pie cómo se comen esas banderas y desmontar la percepción azuzada por el gobierno federal de que “agua y aceite” sólo se suman para echar montón?

 

Por primera vez, además, tendremos presidenciables independientes, quienes en ningún caso, hasta ahora, consiguieron generar la percepción de un posible triunfo.

 

Sin embargo, es previsible que Margarita Zavala y Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, estarán en la boleta, y sus votos se traducirán en restas para la oposición.

 

Si bien los independientes garantizan la fragmentación del voto antigubernamental y esto favorece al PRI en tanto puede mantenerse como minoría mayor, resulta iluso creer que el laboratorio mexiquense de hace medio año podrá replicarse en 2018.

 

Es iluso porque la República mexicana es diversa y 16 entidades son gobernadas por PAN y PRD, al tiempo que varias de sus metrópolis también están en manos de la oposición: CDMX, Guadalajara, Querétaro, Morelia, SLP, Cuernavaca, Puebla.

 

Por lo pronto, 2017 termina con unas precampañas muy diferentes a lo que apenas hace un mes preveían quienes aún sueñan con pronosticar el futuro electoral.

 

AMLO estira la liga de la confianza en sí mismo e insiste en una amnistía para el crimen organizado, al tiempo que suma a su coalición al Partido Encuentro Social (PES), una fuerza confesional contraria a la diversidad sexual y al feminismo, entre otras causas inseparables del Estado laico y las sociedades democráticas y modernas.

 

En el caso de Meade no ocurrió todavía el crecimiento esperado en la intención de voto y, en la mejor de las mediciones a su favor, a casi un mes de su destape comparte el segundo lugar con el abanderado del Frente.

 

Y aunque en términos escénicos fuimos testigos de una “cargada”, las anécdotas de los comederos políticos y de los políticos de café, reportan tensiones entre la gente del candidato priista y el coordinador de la campaña, Aurelio Nuño, al tiempo que se advierte que la operación cicatriz aún no ocurrió con el secretario de Gobernación, Miguel Osorio.

 

Por el contrario, siguen sin concretarse los augurios de canibalismo y muerte en el experimento de un bloque nunca visto entre centro derecha y centro izquierda, a cargo de las dirigencias del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano.

 

Y aunque se antoja casi imposible que Ricardo Anaya logre remontar los negativos que lo proyectan como un político ambicioso que se salió con la suya, ya esta semana Miguel Mancera dejó constancia de que es parte del proyecto frentista.

 

De manera que ahora más que nunca aplica la frase del emblemático Meme Garza, enlace entre el PRI y los periodistas en tiempos en que la operación electoral era la clave del éxito: “En política, lo ganado, sólo son vacas”.

 

IVONNE MELGAR/Retrovisor

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En busca del petróleo perdido

2018-12-11 11:11:11 | El Pionero

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En el ya muy lejano 1973, Henry Kissinger sentenció que “controla los alimentos y controlarás a la gente, controla el petróleo y controlarás a las naciones, controla el dinero y controlarás el mundo”. Hoy, casi medio siglo después, el mundo es muy diferente, pero no tanto: los alimentos, el petróleo, las finanzas siguen marcando el rumbo global, aunque ya no están tan solos.


    

El presidente López Obrador, como todo gobernante nacionalista, tiene en mente la autosuficiencia energética y petrolera como un objetivo en sí mismo. Ha acusado a las anteriores administraciones de dejar caer la producción petrolera y ha calificado como un fracaso la Reforma Energética, por lo que ha presentado un plan energético en el que se invertirá en proyectos de extracción petrolera y en la construcción y reconfiguración de refinerías. En sí mismo, el programa no es reprochable, pero en términos de eficiencia económica quizás habría que verlo desde otra óptica.

Lo cierto es que la caída de la producción petrolera, más allá de que hayan existido casos de corrupción e ineficiencia como dice el Presidente, se produjo porque se fue secando ese extraordinario yacimiento que fue Cantarell y sencillamente no había forma de reemplazarlo. La Reforma Energética es y ha sido positiva. El propio Alfonso Romo nos dijo en entrevista, durante el periodo de transición, que los contratos de la Reforma Energética eran sencillamente impecables y que no se modificarían. El presidente López Obrador no parece pensar lo mismo y ha anunciado que congelará las rondas y licitaciones de la Reforma y descalificó la misma en su discurso de inicio de mandato diciendo que con la misma sólo se habían invertido 700 millones de dólares. Es una verdad muy a medias: las inversiones por la Reforma serán de miles de millones de dólares, pero la enorme mayoría de esos grandes proyectos es de aguas profundas y tardan en madurar años, es absurdo que en meses tengan resultados.

También es verdad que México está importando gasolinas y crudo. Pero el problema es que nuestro petróleo es, casi en su totalidad, crudo pesado, difícil de refinar. Por esa razón, se envía buena parte de él a una refinería en Houston, de la que es copropietaria Pemex, para desde allí generar gasolinas que el país necesita. Nuestras refinerías, que fueron construidas en su mayoría para trabajar con crudo ligero, necesitan ser reconfiguradas para trabajar con petróleo pesado, o esperar a que los yacimientos de aguas profundas comiencen a rendir frutos. Cabe destacar que la autosuficiencia en petróleo o gasolinas no tendría por qué ser un objetivo en sí mismo en un mundo globalizado.

Estados Unidos ha avanzado en forma notable en el tema energético explotando simultáneamente todas las formas de producción de energía y cada vez con mayor intensidad sus yacimientos de gas. Para eso ha sido fundamental la tecnología del fracking o fracturación hidráulica, que ha permitido explotar yacimientos que de otra forma no hubieran sido productivos. México tiene enormes yacimientos de gas en la Cuenca de Burgos, en Tamaulipas, y en otras regiones, pero el presidente López Obrador ya ha desechado el fracking como tecnología para explotarlos, lo que nos torna dependientes de Estados Unidos, que se abastece y exporta gas, gracias a esa técnica ampliamente difundida a nivel global.

A pesar de que el nuevo director de la CFE, Manuel Bartlett, aseguró que el desarrollo del sistema de ductos de gas está paralizado y que para reemplazar las compras de gas en el exterior se lo compraremos a Pemex, la realidad indica exactamente lo contrario: el sistema de ductos ha crecido en forma geométrica en los últimos años y ha permitido abastecer de gas a zonas del Pacífico que carecían de él. El gran desafío en la actualidad es extenderlo hacia el sur del país para abastecer los grandes proyectos, como el del corredor del Istmo de Tehuantepec. Se dejó de comprar gas a Pemex porque esa empresa no tiene el gas suficiente siquiera para su propia producción. Se podría aumentar dramáticamente la fabricación de gas recurriendo al fracking, pero eso ya ha sido desechado por las autoridades. En otras palabras, estamos condenados a seguir importando gas para la CFE, para Pemex y para la industria.

La refinería de Dos Bocas y la remodelación de las refinerías existentes son inversiones enormes que, por supuesto, entusiasman a los gobiernos locales por la derrama económica que implicarán, pero son proyectos de largo plazo que para ser funcionales requieren que los demás engranajes de la industria energética también funcionen, que haya, entre muchas otras cosas, petróleo y gas suficiente como para trabajar con ellas. ¿Es buen negocio construir una refinería? Desde el punto de vista keynesiano, sí; desde la rentabilidad económica, no. Para generar trabajo e inversión, sí; para abaratar costos, no. Es mucho más barato enviar crudo a refinar a otros países, sobre todo a Estados Unidos, para que desde allí nos manden los productos refinados. Se hablará entonces de la independencia energética, pero la verdad, ése es un principio cada día más ilusorio. Por cierto, en el programa energético no se habla en absoluto de energías alternativas, ésas de las que tanto goza y puede explotar México.

Por Jorge Fernández Menéndez/Razones

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