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Pastorela por México

2017-12-17 15:33:47 | El Pionero

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Cuenta la historia que los primeros días de diciembre llega un grupo de asesores a la residencia oficial de Los Pinos: “Señor Presidente, si ya todos los partidos hicieron lo impensable y lograron aliarse con sus opuestos, es el momento de que también usted demuestre que será el primer Presidente en organizar la tan anhelada pastorela política”.


    

“Tienen razón”, dijo Enrique Peña Nieto, “aunque había dicho que no lo intentaría más, he volvido a pensarlo y si Morena se juntó con el PES y el PAN con el PRD, nosotros podemos lograrlo”.

 

Entonces convocan a todos los políticos del momento. “Muchas gracias por acompañarnos. Los convoco a hacer una gran pastorela. Lo primero que tenemos que hacer es distribuir los personajes”, dijo un asesor.

 

“Nosotros, miembros de ‘Por la Navidad al Frente’ queremos declinar nuestra intención de ser el niño Dios a favor de Miguel Ángel Mancera”, dicen al unísono los gobernadores perredistas de Morelos, Michoacán y Tabasco. “Yo considero que el niño Dios debe ser baby Anaya, y propongo que Mancera sea el borreguito, es más, aprovechando su experiencia, podría ser el líder de los borreguitos”, señala el líder de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado.

 

“Muchas gracias, Dante”, responde molesto Mancera, “yo creo que tú serías un buen buey, por aquéllo de que conoces cómo arar la tierra en todo el país”.

 

Ante la tensión que se vivía en el lugar, el mandatario federal interviene: “No se preocupen por el tema de los animalitos. Miren, la producción ya trajo borregos, asnos, bueyes”. “No, señor Presidente, esos son los acarreados de los sectores del PRI que vienen a apoyar a José Antonio Meade”, le corrige un asesor.

 

“Háganme suyo, yo puedo ser el niño Dios, represento a la coalición ‘Meade Niño por Dios por México’, dijo el exsecretario de Hacienda. Moviendo la cabeza en señal negativa, López Obrador responde: “¿Qué PES contigo Meade?, definitivamente hubiera quedado mejor que tu partido propusiera a Miguel Ángel Osorio Chong. Jesús no puede ser un blanquito, un señoritingo, un pirrurris”.

 

“Nosotros no estamos de acuerdo en que se celebre esta pastorela porque el niño Dios es fruto del pecado, pues vino de una mujer y una paloma y no de un hombre y una mujer unidos en santo matrimonio”, responde el líder nacional del PES, Hugo Eric Flores.

 

“Señores y señoras, miren, faltan muchos personajes. Están los Reyes Magos, ahí podrían estar Armando Ahued, Alejandra Barrales y Salomón Chertorivski”, dice uno de los organizadores.

 

“Momento, yo no soy un candidato de relleno o de bulto, le entré a esta pastorela porque aspiro a ser, por lo menos, el ángel, no estoy mal de mi cabeza, no estoy loco, no estoy locoooo”, señala Ahued.

 

“Yo me puedo sacrificar y ser un Rey Mago”, dice Mikel Arriola, “Muchas gracias por la intención, Mikel, pero a ti ya te sacrificamos al mandarte a contender en la Ciudad de México”, le responde el líder nacional del PRI, Enrique Ochoa. “Pero puedes ser un arbolito”, añade.

 

“Tenemos el tiempo encima y no estamos llegando a nada”, dice el vocero presidencial, Enrique Sánchez, “¿Cuánto falta para que sea Navidad?”. “Falta 1 semana, no menos, como tres”, responde el presidente Peña Nieto.

 

Aunque trataron de detener el reloj legislativo, los políticos fueron incapaces de ponerse de acuerdo y tampoco este año se va a realizar la pastorela mexicana.

 

MUY FELICES FIESTAS

 

La autora de esta Inmaculada, que se tomará unos días para regresar con la columna el 7 de enero, le desea a sus lectores unas muy felices fiestas y que en 2018 la sonrisa no se les borre a pesar de los políticos, las elecciones y la espotiza que le depara al país.

 

VIANEY ESQUINCA/La inmaculada percepción

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Un pueblo que huele a gasolina

2019-01-21 15:18:12 | El Pionero

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SAN PRIMITIVO, Hgo.- A la vera del camino que comunica las cabeceras municipales de Tlahuelilpan y Tlaxcoapan, justo donde comienza un sembradío de alfalfa, la familia Estrada encontró un dedo y unos mechones de cabello.


    

“Venga”, me llaman. “Es increíble lo mal que hacen su trabajo”, me dice Fernando Estrada, tío de Iván, un joven que convalece, inconsciente, en el Hospital Regional del IMSS en Pachuca, luego de sufrir graves quemaduras por la explosión de un ducto de Petróleos Mexicanos, el viernes por la noche.

“Ese dedo y ese pelo deberían estarlos analizando ahora mismo para poder identificar a las personas que murieron o están en coma en los hospitales”, me dice con una mueca de desesperación. Fernando aún busca a otro sobrino, Hugo Olvera Bautista, un muchacho de 13 años, de quien no se sabe nada desde el viernes y que había llegado con su primo Iván, desde Presas, comunidad del municipio de Tezontepec, a seis kilómetros de distancia. En toda la región se había corrido la voz de que “estaban regalando gasolina”.

Hubo casi cuatro horas para evitar la muerte de decenas de personas. De acuerdo con el secretario de Seguridad federal, Alfonso Durazo, la Sedena dio aviso de la fuga a las 14:30 horas. Los testimonios recogidos indican que los soldados y policías enviados aquí advirtieron a los pobladores sobre los riesgos que corrían al acercarse a la zona de la fuga de combustible, pero nunca se los prohibieron. “Eso, la gente lo entendió como un permiso para pasar”, me dice una mujer, quien ese día se retiró del lugar antes de la explosión.

A 150 metros al poniente, cruzando el sembradío, está la zona cero de la tragedia que, hasta el momento de escribir estas líneas, ha dejado 85 fallecidos y más de 50 heridos.

El punto exacto por donde brotó un géiser de combustible está ahora cubierto por tierra, luego de que bomberos y personal de Pemex lograran apagar el incendio, cerca de la media noche de ese día. Se trata de una zanja que divide los municipios de Tlahuelilpan y Tlaxcoapan. De uno y otro lado hay campos de cultivo. Me llama la atención que un tramo del ducto Tuxpan-Tula corra justo debajo de esa zanja, que ha sido habilitada como canal de riego. Le pregunto por qué a un grupo de pobladores que, como yo, observa los vestigios del infierno: yerba y árboles calcinados, cubetas derretidas, celulares reventados por el calor, ropa y zapatos chamuscados…

“Primero colocaron el ducto y ya luego apareció la zanja”, me dice uno de ellos. “Señor —interviene otro—, andan diciendo que ese ducto recién lo picaron, pero no es verdad. Nosotros, que vivimos acá, lo sabemos. Tiene de menos cinco años que lo estaban ordeñando”.

Bajo al fondo de la zanja, donde a simple vista se percibe un burbujeo, no lejos de donde el ducto expuesto fue cubierto en tierra. Los pies se hunden. Al tocar el suelo, éste despide el inconfundible olor de la gasolina. La fuga de combustible continúa. Un tercer interlocutor refiere que dos o tres veces por semana llegaba un camión con pacas y se estacionaba justo en el punto donde ocurrió la explosión. El conductor y sus acompañantes hacían como que revisaban el sembradío. Oculto por el camión, uno de ellos llenaba bidones con gasolina, usando una manguera conectada al ducto.

Le pregunto qué pasó el viernes. “Yo creo que se les reventó la válvula, no sé… Y empezó a salir un chorro de gasolina a presión. Eso fue poco antes de las tres de la tarde. Para las cinco, ya había llegado mucha gente con cubetas y garrafones. Y no sólo de aquí, sino de muchos pueblos de los alrededores”.

Camino cruzando el sembradío de alfalfa. El cultivo estaba listo para recolectarse, pero lo que no se quemó quedó aplastado por la estampida humana. Personas con las ropas en llamas dejaron ahí regadas sus pertenencias.

A 36 horas de la explosión del ducto, los peritos estatales y federales organizan una nueva búsqueda de evidencias. Me queda la impresión de que la zona del siniestro no ha sido debidamente protegida, como muestra el hallazgo espontáneo del dedo.

La explosión del viernes tendría que ser oportunidad para procesar a quienes, durante años, ordeñaron el ducto en San Primitivo y así enviar un mensaje de cero tolerancia a este delito.

Asimismo, debiera aprovecharse para abandonar el discurso victimista de que la ordeña es producto de la pobreza y eso se resuelve con transferencias de dinero. El no decir con claridad que esta práctica es un delito no ayudará a crear conciencia de su peligro.

Creer que éste será un antes y después automático es fácilmente desmentido por las reiteradas explosiones provocadas por el manejo de la pólvora por parte de los artesanos de pirotecnia en Tultepec, Estado de México, donde se han dado 50 estallidos en los últimos 20 años.

Pascal Beltrán del Río/Excelsior

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