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  • El agua y el aceite sí se mezclan

    2017-12-10 09:13:18 | El Pionero

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    El Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.


        

    Y para sorpresa de propios y extraños se concretó oficialmente la coalición electoral entre el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. El antes Frente Ciudadano por México, desde ayer tiene otro nombre. Le quitaron lo ciudadano y lo dejaron como: “Por México al Frente”, que fácilmente puede confundirse con “Al Frente por México”, “México al Frente”, “El Frente de México”, “Todo de Frente” o “Voy de Frente y no me quito”.

     

    No se puede regatear que tras mucha sospecha, escepticismo y dudas razonables, estos partidos rompieron la regla de la física de que el agua y el aceite no se mezclan. Por el contrario, dieron una prueba irrefutable que los polos opuestos se atraen, que el pragmatismo venció una vez más a la ideología, que más vale decir aquí pactó, que aquí quedó en tercer lugar y que el interés tiene pies partidistas.

     

    ¿Qué puede surgir de este matrimonio por interés? La respuesta es de pronóstico reservado, pero las apuestas serán más cautelosas porque el Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.

     

    Eso sí, para que la coalición fuera posible, el PRD tuvo que renunciar a que de sus filas saliera el candidato presidencial. No podía ser de otra manera, las cifras no le daban. Si bien Miguel Ángel Mancera ha demostrado que puede ser un buen candidato, no se puede decir lo mismo de su gestión como jefe de Gobierno. ¿Cómo podía ser el abanderado del Frente cuando en la propia ciudad que gobierna tiene tan baja aprobación? ¿Cómo abanderar un esfuerzo político si en la CDMX Morena ha ido creciendo, aprovechándose de su mal desempeño como gobernante?

     

    También hay que reconocer el trabajo del presidente de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, quien, como fiel Sancho, salió a defender a su Quijote Anaya cuando Mancera hizo un movimiento inesperado diciendo que quería ir por la grande. Además, debe agradecérsele a Alejandra Barrales, quien fungió como punching bag de las tribus perredistas que estaban decididas a dinamitar al Frente.

     

    Pero entonces queda Ricardo Anaya, de quien se da por un hecho que será el candidato panista. Pero, ¿qué tiene el queretano? No basta ser inteligencia para ganar. Carlos Castillo Peraza fue un panista brillante, pero llevó al PAN al sótano de las preferencias en las elecciones de 1997 para jefe de Gobierno del Distrito Federal. Tampoco es suficiente haber vencido a sus enemigos políticos internos. Cuando Arturo Montiel ganó la candidatura del PRI en 2005, sus “amigos” de partido no se lo perdonaron y filtraron a los medios las numerosas propiedades de Montiel y los negocios millonarios de sus hijos. Lo que pasó después es historia, pero deja claro que dejar heridos en el camino tiene un costo.

     

    Anaya tiene todavía en la espalda el escándalo de enriquecimiento personal y de su familia. Aunque el panista se ha dedicado a señalar que todo es parte de una campaña orquestada desde el gobierno, también ha quedado claro que es tan vulnerable como cualquier otro político. Además, Anaya no se caracteriza por su carisma, y ése no se puede desarrollar ni adquirir de la noche a la mañana.

     

    ¿Qué pasará entonces? La oficialización de la candidatura presidencial de Anaya al frente del Frente; los pleitos de las tribus al interior del PRD para repartirse las candidaturas que les tocan, pero, sobre todo, la Jefatura de la Ciudad de México y la última última última definición sobre el futuro de Miguel Ángel Mancera, porque aunque ayer dijo que se quedaba en el gobierno capitalino, esto apenas comienza y todo puede suceder.

     

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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    Estupidovich

    2018-01-21 11:08:39 | El Pionero

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    Parece que los precandidatos y sus equipos están empeñados tanto en fomentar el humor mexicano y llevarlo a su máxima expresión como en sorprender al ciudadano de a pie con cosas que nunca pensó que vería.


        

    Las mal llamadas precampañas de los aspirantes presidenciales siguen dando de que hablar por sus ocurrencias. Parece que los precandidatos y sus equipos están empeñados tanto en fomentar el humor mexicano y llevarlo a su máxima expresión como en sorprender al ciudadano de a pie con cosas que nunca pensó que vería.

     

    ¿Un panista vestido de perredista y un partido en campaña pidiéndole a los medios no preguntar? Pues sí, en 2018 esto y más sucede en lo que es apenas el comienzo. Lo que antes parecía un sueño guajiro, Ricardo Anaya, el abanderado de Por México al Frente, lo hizo realidad. Un miembro de la derecha disfrazado de izquierda. Perredistas aplaudiendo rabiosamente a un panista vestido de amarillo, ahora es posible. 

     

    Y qué decir de Dante Delgado, líder del partido Movimiento Ciudadano, que queriendo “ayudar” a su abanderado, le dijo a los medios que no habría más entrevistas banqueteras para que no preguntaran ocurrencias. La nota, por supuesto, la dio esa “ocurrencia” del exgobernador de Veracruz. Seguramente, en el momento en que estaba hablando, Anaya pensó “¿por qué en lugar de Dante no está Yuawi dando esta conferencia conmigo?”.

     

    Eso no es todo, ahora resulta que el nuevo peligro de México no es la terminación unilateral del Tratado de Libre Comercio, la corrupción de los gobernadores o funcionarios, tampoco la inseguridad, el crimen organizado o el narcotráfico.

     

    Esas amenazas ya son cosa del pasado. Ahora, el mayor riesgo es el diabólico, perverso y malintencionado ¡gobierno ruso!, ese que hizo que ganara Donald Trump, ahora está en México. El extraño enemigo del que hablaba el Himno Nacional ha osado profanar con su planta su suelo y lo ha hecho de la mano del morenista Andrés Manuel López Obrador.

     

    A juicio de sus detractores, el tabasqueño un día es chavista; otro, putinista, y uno más, amigo cuasi-hermano de Trump. Los lunes tiene el código postal en Venezuela y los miércoles y viernes recibe instrucciones desde el mismísimo Kremlin.

     

    Morena ahora ya se llama Morenanovich, su candidato Andrea Manuelovich Vladimir López y por supuesto están impulsando una especie de política chavista y la perestroika. Seguramente, en los distintos partidos políticos están pensando que si ya funcionó una vez que López Obrador era un peligro para México ¿por qué no va a funcionar que se trate de crear la idea que El Peje realmente es un esturión?

     

    Por el momento, López Obradorovich ha tomado con sentido del humor las ocurrencias, ahora habrá que ver qué tan lejos quieren llevar esta teoría los estupidovich y si realmente le va a pegar, o de plano sale contraproducente y la gente piensa que es mejor tener a un Putin que a un Peña.

     

    Pero al menos ha quedado claro cuál es el nivel de debate que se verá en los siguientes meses. Así que no hay que dudar que se diga que Anaya es realmente es un extraterrestre y tiene superpoderes como hablar idiomas o tocar instrumento y José Antonio Meade es Carlos Salinas de Gortari disfrazado.

     

    Ahora, los precandidatos presidenciales no han sido los único que han estado involucrados en escándalos. Las palmas se las han llevado los aspirantes a candidatos independientes que quisieron sorprender a las autoridades electorales haciendo trampa en la recolección de firmas. Seguramente van a alegar ignorancia, van a decir que “fue sin querer queriendo” o que simplemente confiaron en su equipo y éste no actuó de mala fe. Lo que es un hecho es que la cultura de la transa se da en todos los niveles y parecería que se está aprovechando de la mínima oportunidad para demostrar de que están hechos.

     

     Vianey Esquinca/La inmaculada percepción

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