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  • Llévelo, llévelo

    2017-11-19 18:47:57 | El Pionero

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    Es el Buen Fin y todo México habla de ello. De acuerdo con los organizadores, “se busca reactivar la economía fomentando el consumo a través de ofrecer descuentos extraordinarios”. Es tan grande la emoción de estos días que las promociones, descuentos y ofertas aplican no sólo en las tiendas departamentales, sino también en la política nacional.


        

    Funcionarios de los gobiernos federal, estatal y municipal se pusieron magnánimos y ofrecen en todas sus políticas no sólo 12 meses sin intereses, sino años y ¡hasta sexenios! No tienen interés en llegar a acuerdos, tampoco le ponen interés a nombrar al fiscal Anticorrupción que les amarre las manos, ni a los fiscales general y electoral independientes. No le ponen interés a nada.

     

    Los políticos mexicanos quieren aprovechar el compre ahora y pague (los platos rotos) hasta 2018. Nadie quiere tomar decisiones que tengan un costo político sin descuentos. 

     

    Algunos aspirantes a candidatos independientes a la Presidencia quisieron aprovecharse también del fin de semana más barato y le pidieron al Instituto Nacional Electoral un descuento de 30% en las firmas que deben entregar para lograr la tan anhelada candidatura. Otros les pidieron que sus firmas valieran el doble porque nada más no las estaban juntando. El INE entró al Buen Fin y les concedió una semana más para liquidar sus apoyos.

     

    En algunos restaurantes como El Balmoral de Polanco tienen promociones en su hora feliz y si consumen una margarita, una sidra de Zacatlán y unas medias de seda dan gratis como botana a Ricardo Anaya, líder nacional del PAN.

     

    El Frente Ciudadano por México está al 3X2. Por el voto de dos partidos ¡se llevan a un tercer partido de menor precio! Así, si alguien elige al PAN y al PRD, se le anexa a Movimiento Ciudadano y, si sabe regatear, hasta otro partido le pueden regalar. Eso sí, como en ropa interior, no se aceptan devoluciones.

     

    En la Cámara de Diputados tampoco se quisieron quedar atrás y se pusieron de promoción desde una semana antes, así, si se adquiere un video de las diputadas priistas gritando “¡ehhh pu…!”, se llevan gratis la foto autografiada de un diputado bruto que las defiende.

     

    El SAT también está de promoción y a todos aquellos mexicanos cuyos nombres aparezcan en los Paradise Papers les hace muy importantes descuentos si regresan el dinero al país y pagan sus impuestos. Como regalo adicional, ¡no los ventila en medios!

     

    Para aprovechar este Buen Fin, se necesita tener un talento especial para la negociación. Por ello, el PRD y Morena en la Asamblea Legislativa de la CDMX ofrecen gratis cursos de regateo político. Inician gritando como si estuvieran en el mercado y empiezan a regatear pesos y centavos en cualquier política que se pretenda discutir, sea de apoyos a los damnificados del sismo del 19 de septiembre, la creación de una planta de termovalorización o el presupuesto para la ciudad. Los gritos y sombrerazos se venden por separado.

     

    Finalmente, el Senado de la República dio una cátedra magistral de cómo hacer marketing para vender un producto. Tuvieron la “brillante” idea de incluir a la actriz Kate del Castillo como candidata a recibir la medalla Belisario Domínguez, que es la máxima condecoración que se otorga a los ciudadanos más eminentes. Ahora, la medalla y el Senado están en boca de todos, aunque sea para criticarlos.

     

    Lamentablemente, el Buen Fin comercial se termina mañana. Las promociones políticas, sin embargo, llegaron para quedarse.

     

    Vianney Esquinca/ La inmaculada percepción

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    El agua y el aceite sí se mezclan

    2017-12-10 09:13:18 | El Pionero

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    El Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.


        

    Y para sorpresa de propios y extraños se concretó oficialmente la coalición electoral entre el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. El antes Frente Ciudadano por México, desde ayer tiene otro nombre. Le quitaron lo ciudadano y lo dejaron como: “Por México al Frente”, que fácilmente puede confundirse con “Al Frente por México”, “México al Frente”, “El Frente de México”, “Todo de Frente” o “Voy de Frente y no me quito”.

     

    No se puede regatear que tras mucha sospecha, escepticismo y dudas razonables, estos partidos rompieron la regla de la física de que el agua y el aceite no se mezclan. Por el contrario, dieron una prueba irrefutable que los polos opuestos se atraen, que el pragmatismo venció una vez más a la ideología, que más vale decir aquí pactó, que aquí quedó en tercer lugar y que el interés tiene pies partidistas.

     

    ¿Qué puede surgir de este matrimonio por interés? La respuesta es de pronóstico reservado, pero las apuestas serán más cautelosas porque el Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.

     

    Eso sí, para que la coalición fuera posible, el PRD tuvo que renunciar a que de sus filas saliera el candidato presidencial. No podía ser de otra manera, las cifras no le daban. Si bien Miguel Ángel Mancera ha demostrado que puede ser un buen candidato, no se puede decir lo mismo de su gestión como jefe de Gobierno. ¿Cómo podía ser el abanderado del Frente cuando en la propia ciudad que gobierna tiene tan baja aprobación? ¿Cómo abanderar un esfuerzo político si en la CDMX Morena ha ido creciendo, aprovechándose de su mal desempeño como gobernante?

     

    También hay que reconocer el trabajo del presidente de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, quien, como fiel Sancho, salió a defender a su Quijote Anaya cuando Mancera hizo un movimiento inesperado diciendo que quería ir por la grande. Además, debe agradecérsele a Alejandra Barrales, quien fungió como punching bag de las tribus perredistas que estaban decididas a dinamitar al Frente.

     

    Pero entonces queda Ricardo Anaya, de quien se da por un hecho que será el candidato panista. Pero, ¿qué tiene el queretano? No basta ser inteligencia para ganar. Carlos Castillo Peraza fue un panista brillante, pero llevó al PAN al sótano de las preferencias en las elecciones de 1997 para jefe de Gobierno del Distrito Federal. Tampoco es suficiente haber vencido a sus enemigos políticos internos. Cuando Arturo Montiel ganó la candidatura del PRI en 2005, sus “amigos” de partido no se lo perdonaron y filtraron a los medios las numerosas propiedades de Montiel y los negocios millonarios de sus hijos. Lo que pasó después es historia, pero deja claro que dejar heridos en el camino tiene un costo.

     

    Anaya tiene todavía en la espalda el escándalo de enriquecimiento personal y de su familia. Aunque el panista se ha dedicado a señalar que todo es parte de una campaña orquestada desde el gobierno, también ha quedado claro que es tan vulnerable como cualquier otro político. Además, Anaya no se caracteriza por su carisma, y ése no se puede desarrollar ni adquirir de la noche a la mañana.

     

    ¿Qué pasará entonces? La oficialización de la candidatura presidencial de Anaya al frente del Frente; los pleitos de las tribus al interior del PRD para repartirse las candidaturas que les tocan, pero, sobre todo, la Jefatura de la Ciudad de México y la última última última definición sobre el futuro de Miguel Ángel Mancera, porque aunque ayer dijo que se quedaba en el gobierno capitalino, esto apenas comienza y todo puede suceder.

     

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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