×
  • LOCAL
  • ESTATAL
  • EL GRILLERO
  • EL PAÍS
  • DEPORTES
  • LA OPINIÓN
  • TRIBUNA
  • INSÓLITO
  • ESPECTÁCULOS
  • POLÍTICA
  • MUNDO
  • CLASIFICADO
  • CONTACTO


  • El Frente: una cuarta silla y un tapado

    2017-11-04 09:01:25 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    Es una decisión tomada: el futuro candidato presidencial del Frente Ciudadano por México no se determinará en una elección abierta. Y será tapado hasta que el calendario del INE lo permita.


        

    El acuerdo entre las dirigencias del PAN, PRD y Movimiento Ciudadano parte de un temor compartido: si el presidenciable se define mediante un voto universal, “el PRI-gobierno” meterá las manos.

     

    De manera que el pacto asumido por Ricardo Anaya, Alejandra Barrales y Dante Delgado incluye el compromiso de no ceder a las presiones que les piden una competencia abierta a la votación de los ciudadanos.

     

    Así que mientras aspirantes, como el panista Rafael Moreno Valle y el perredista Silvano Aureoles, plantean que el presidenciable sea definido con los votos de cualquier portador de una credencial de elector que desee participar, los operadores de las cúpulas del PAN, PRD y MC ya trabajan en un método mixto. Será, comentan, un procedimiento con debates, alguna modalidad de participación en Facebook y Twitter, encuestas espejo y consulta entre las estructuras partidistas.

     

    Se trata de una decisión irreductible, dicen, y que no habrá de modificarse por los ríos de tinta que sugieren al Frente marcar una diferencia con la dedocracia del PRI y de Morena. Por lo tanto, la instrucción es ir bateando las presiones internas y externas de quienes hablan de que sólo una elección abierta podría ciudadanizar al bloque opositor. 

     

    Cabe aclarar que para la troika del Frente, el pronunciamiento de Miguel Mancera a favor de un método transparente es cosa aparte y nada tiene que ver con lo que consideran un chantaje azuzado por “el PRI-gobierno”.

     

    Al igual que el presidenciable jefe de gobierno se encuentran los aspirantes panistas Luis Ernesto Derbez, Ernesto Ruffo y Juan Carlos Romero Hicks, dispuestos a participar en un proceso interno de varios componentes.

     

    Alegan los frentistas que el método mixto sería contrario al dedazo, de cara a la opinión pública y con precampañas.  Y extienden su no rotundo a la propuesta de la dirigencia de Nueva Alianza, a cargo de Luis Castro, quien condicionó su interés de sumarse al Frente a una elección de candidatos más allá de los partidos.

     

    De manera que sigue en veremos la cuarta silla que la mesa frentista podría incorporar con el comensal del PANAL, quien insiste en la necesidad de un bloque democrático que rinda honor a su nombre ciudadano.

     

    Para los dirigentes del PAN, PRD y MC esas características estarán dadas cuando organizaciones de la sociedad civil tomen su lugar en el Frente.

     

    Este lunes habrá un foro con jóvenes. La intención es que ese encuentro dé paso a una plataforma de brigadistas que harían el vínculo entre partidos y ciudadanos.

     

    Vamos a ver si ahora sí. Porque los ensayos previos se limitaron a declaraciones y desplegados de personajes afines a organizaciones civiles: Jorge Castañeda, Sergio Aguayo, Denise Dresser, Ana Laura Magaloni, Carlos Cruz y Rubén Aguilar, entre otros.

     

    Pero ese “fichaje” de potenciales candidatos a cargos de elección no satisface a organizaciones que, como Ahora de Emilio Álvarez Icaza, además de lugares en las listas, reclaman un espacio en la mesa, a fin de ser protagonistas de la ruta de un futuro gobierno de coalición. Quieren una cuarta silla en el Frente.

     

    El reparto de los cientos de candidaturas —a senadores, diputados federales y locales, gubernaturas y alcaldías— que se iniciará en las 32 entidades a partir de la siguiente semana, dará la pauta de la capacidad del PAN, PRD y MC para coexistir a nivel estatal y, simultáneamente, ciudadanizarse. Esa es la prueba que conlleva riesgos de ruptura por rivalidades partidistas, acuerdos locales e injerencias de los gobernadores.

     

    Es el caso de Morelos, donde el PAN no quiere al PRD de Graco Ramírez; el de Chiapas, porque el perredismo prefiere respaldar al PVEM de Manuel Velasco, y el de Jalisco, donde el alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro de MC, teme perder apoyos hacia la gubernatura si carga con la partidocracia amarillo azul.

     

    Así que los peligros para la sobrevivencia del Frente están ahí, en ese reparto de las fichas estatales con las que se abre el juego electoral de noviembre.

     

    El desafío está ahí y no en la deliberada decisión frentista de seguir el protocolo del tapado.

     

    Por el contrario, mientras más retrasan la definición del presidenciable, mayor es el control de la expectativa en torno al Frente  como una marca de cambio contra el PRI y contra AMLO.

     

    Esa indefinición tiene en ascuas a Morena en la CDMX ante la posibilidad de que Ricardo Monreal sea candidato frentista.

     

    Es una indefinición que desgasta a los panistas aglutinados en torno a la candidata independiente Margarita Zavala y que, ante el temor de no alcanzar las firmas requeridas, oscilan entre lanzarla a la interna frentista y trabajar para el alguna vez funcionario panista José Antonio Meade, su plan B en el PRI.

     

    Es una indefinición a la que no pueden ser indiferentes ni siquiera en Los Pinos, donde el control del partido en el poder cuenta a favor de la disciplina.

     

    Porque si al final Ricardo Anaya se hace de la candidatura del Frente, el presidente Enrique Peña deberá resolver un gran dilema: ¿puede la boleta del 2018 tener dos y hasta tres panistas?

     

     Por Ivonne Melgar/Retrovisor

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    El agua y el aceite sí se mezclan

    2017-12-10 09:13:18 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    El Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.


        

    Y para sorpresa de propios y extraños se concretó oficialmente la coalición electoral entre el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. El antes Frente Ciudadano por México, desde ayer tiene otro nombre. Le quitaron lo ciudadano y lo dejaron como: “Por México al Frente”, que fácilmente puede confundirse con “Al Frente por México”, “México al Frente”, “El Frente de México”, “Todo de Frente” o “Voy de Frente y no me quito”.

     

    No se puede regatear que tras mucha sospecha, escepticismo y dudas razonables, estos partidos rompieron la regla de la física de que el agua y el aceite no se mezclan. Por el contrario, dieron una prueba irrefutable que los polos opuestos se atraen, que el pragmatismo venció una vez más a la ideología, que más vale decir aquí pactó, que aquí quedó en tercer lugar y que el interés tiene pies partidistas.

     

    ¿Qué puede surgir de este matrimonio por interés? La respuesta es de pronóstico reservado, pero las apuestas serán más cautelosas porque el Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.

     

    Eso sí, para que la coalición fuera posible, el PRD tuvo que renunciar a que de sus filas saliera el candidato presidencial. No podía ser de otra manera, las cifras no le daban. Si bien Miguel Ángel Mancera ha demostrado que puede ser un buen candidato, no se puede decir lo mismo de su gestión como jefe de Gobierno. ¿Cómo podía ser el abanderado del Frente cuando en la propia ciudad que gobierna tiene tan baja aprobación? ¿Cómo abanderar un esfuerzo político si en la CDMX Morena ha ido creciendo, aprovechándose de su mal desempeño como gobernante?

     

    También hay que reconocer el trabajo del presidente de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, quien, como fiel Sancho, salió a defender a su Quijote Anaya cuando Mancera hizo un movimiento inesperado diciendo que quería ir por la grande. Además, debe agradecérsele a Alejandra Barrales, quien fungió como punching bag de las tribus perredistas que estaban decididas a dinamitar al Frente.

     

    Pero entonces queda Ricardo Anaya, de quien se da por un hecho que será el candidato panista. Pero, ¿qué tiene el queretano? No basta ser inteligencia para ganar. Carlos Castillo Peraza fue un panista brillante, pero llevó al PAN al sótano de las preferencias en las elecciones de 1997 para jefe de Gobierno del Distrito Federal. Tampoco es suficiente haber vencido a sus enemigos políticos internos. Cuando Arturo Montiel ganó la candidatura del PRI en 2005, sus “amigos” de partido no se lo perdonaron y filtraron a los medios las numerosas propiedades de Montiel y los negocios millonarios de sus hijos. Lo que pasó después es historia, pero deja claro que dejar heridos en el camino tiene un costo.

     

    Anaya tiene todavía en la espalda el escándalo de enriquecimiento personal y de su familia. Aunque el panista se ha dedicado a señalar que todo es parte de una campaña orquestada desde el gobierno, también ha quedado claro que es tan vulnerable como cualquier otro político. Además, Anaya no se caracteriza por su carisma, y ése no se puede desarrollar ni adquirir de la noche a la mañana.

     

    ¿Qué pasará entonces? La oficialización de la candidatura presidencial de Anaya al frente del Frente; los pleitos de las tribus al interior del PRD para repartirse las candidaturas que les tocan, pero, sobre todo, la Jefatura de la Ciudad de México y la última última última definición sobre el futuro de Miguel Ángel Mancera, porque aunque ayer dijo que se quedaba en el gobierno capitalino, esto apenas comienza y todo puede suceder.

     

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn