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  • Margarita: varios madrazos y un regalo

    2017-10-07 11:56:38 | El Pionero

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    La renuncia de Margarita Zavala al PAN es una madriza para el Frente Ciudadano por México porque lleva los reflectores a sus debilidades.


        

    Al escepticismo que ronda a ese bloque opositor, se añade la descalificación hacia su personaje más visible, Ricardo Anaya, dirigente de los panistas.

     

    Claro que la decisión de la precandidata presidencial con alto puntaje en las encuestas beneficia al PRI en tanto pulveriza a la oposición.

     

    Cálculos conservadores prevén que la ruptura con el grupo del expresidente Felipe Calderón podría quitarle al PAN las mismas cifras que, en el Frente, le aportarían Movimiento Ciudadano (MC) y PRD, cuyas intenciones de voto andan por el 5 y el 10%, respectivamente.

     

    Sin duda que la nueva ruta de la exprimera dama —su postulación sin partido— es música para los oídos de Andrés Manuel López Obrador.

     

    Nadie mejor que el fundador de Morena para valorar que no es lo mismo competir con una buena candidata acuerpada por un aparato partidista que con una que ya no lo está.

     

    Pero también es innegable que, justo por las dificultades materiales que conlleva la vía independiente, Margarita tiene más posibilidades que ningún otro para capitalizar esta figura.

     

    De manera que el registro de la expanista en el INE pondrá en aprietos a Pedro Ferriz, Armando Ríos Piter, Jaime Rodríguez Calderón (El Bronco) y a Marichuy del EZLN.

     

    Así, la jugada de Margarita Zavala cimbra el tablero de 2018 y obliga a los competidores a replantear estrategias.

     

    Lo que pocos señalan es que el madreado Frente Ciudadano por México también recibió ayer una buena noticia: ya no tendrá que inventar subterfugios para batear a la esposa del expresidente Felipe Calderón.

     

    Esa es la realidad. Dura. Injusta. Facciosa. Machista. Prejuiciada. Pero realidad al fin.

     

    Margarita es muy querida y respetada por la clase política.

     

    Pero su trayectoria y candidatura eran, son y serán vistas al interior del PRD y de MC como una extensión del expresidente Calderón, cuyo gobierno reprueban.

     

    Y para muchos panistas que hoy celebran la renuncia de Margarita, su candidatura era significada como una reelección disfrazada.

     

    Son valoraciones que rayan en la violencia política. Pero ahí están.

     

    Porque como sucedió con los Kirchner en Argentina, los Colom en Guatemala, los Zelaya en Honduras, y hasta los Clinton en Estados Unidos, hay parejas de poder a las que ni siquiera el divorcio les puede borrar las marcas políticas compartidas.

     

    Esa es la visión en las dirigencias del Frente: “Margarita es Felipe Calderón y con ellos no vamos”.

     

    Por eso los frentistas estaban preocupados en diseñar un método de selección del abanderado presidencial que les permitiera cerrarle el paso a la esposa del expresidente.

     

    Así que si bien la renuncia al PAN de Margarita deja hematomas al Frente porque lo expone como un espacio de decisiones cupulares, también lo libera de la penosa circunstancia de armar una elección interna a modo para rechazarla.

     

    Se sabe que en las consultas con intelectuales y analistas sobre cómo definir al presidenciable frentista, dirigentes perredistas ventilaron su temor de que el veto a la panista tuviera el efecto que en Morena desató la encuesta a favor de Claudia Sheinbaum.

     

    De manera que a partir de ayer, al abandonar la competencia por la candidatura del Frente, Margarita desinfló la presión de que ésta debía definirse en una elección abierta a los ciudadanos.

     

    Peor todavía: a partir de ayer, hay perredistas y panistas que se pronuncian por ese mecanismo, a sabiendas de que ya no participará la panista más popular.

     

    Así que Margarita leyó bien lo que estaban fraguando Anaya y los dirigentes del PRD, Alejandra Barrales, y de MC, Dante Delgado: buscar la manera menos costosa de vetarla.

     

    En tal sentido, la expanista se las puso fácil: les quitó piedras en el camino. Sí: desechó la oportunidad de complicarles los acuerdos cupulares.

     

    Margarita les regaló —¿a tiempo?— una señal de alarma: o abren ya el Frente a los aspirantes y a sus mejores cuadros, como Miguel Mancera, Rafael Moreno Valle, Enrique Alfaro, Xóchitl Gálvez, los gobernadores… O naufragarán con sus partidos, antes de que arranque la campaña. 

     

    Ernesto Derbez, Juan Carlos Romero Hicks y Ernesto Ruffo se lo dijeron ayer al dirigente del PAN: piso parejo ya o muerte política para todos.

     

    Ricardo Anaya tendrá que suturar heridas y preparar su relevo, si es que logra sobrevivir a octubre como un prospecto presidencial viable.

     

    Porque la renuncia de Margarita reparte madrazos a todos los protagonistas de 2018.

     

    Y en este inédito escenario, nadie puede cantar victorias ni derrotas anticipadas.

     

    Ni los priistas que se frotan las manos augurando que los panistas defraudados se irían con José Antonio Meade.

     

    Tampoco los frentistas que tendrán que competir con Margarita en la boleta electoral.

     

    Y mucho menos AMLO que ahora comparte con Ricardo Anaya la evidente preocupación del gobierno por demostrar que es “un canalla”, sí, el otro “peligro para México”.

     

    Ivonne Melgar/Retrovisor

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    ¿Y el PAN?

    2018-07-21 08:06:20 | El Pionero

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    Los panistas que durante la campaña veían con recelo el andar de Ricardo Anaya, muy difícilmente lo dejarán maniobrar como lo hizo los últimos dos años. Menos aún con los resultados de la elección en la mano


        

    Morena está tratando de procesar la victoria y empezar a organizar lo que será su próximo gobierno (y gobiernos locales), bancadas y hasta su primer escándalo (bueno, multa) poselectoral. El Revolucionario Institucional ya cambió a su dirigencia y anuncia que pronto tendrán asamblea. El PES y Nueva Alianza ya están en proceso de liquidación tras perder el registro. El tiempo avanza y la vida de los partidos de reestructura toma nuevo rumbo. Otros desaparecen. Pero, ¿y Acción Nacional? ¿Qué pasa con el partido que sacó por primera vez al PRI de Los Pinos? ¿Qué sucede al interior de aquella organización política que ocupó por dos sexenios la Presidencia? ¿Cuál es el futuro del blanquiazul tras la elección de un 1 de julio que los dejó, sino en la lona, sí sumamente lastimados?

     

    Ya hay manos levantadas rumbo a la renovación de la dirigencia nacional, ahora que Damián Zepeda ocupará un curul. Marko Cortés ya dijo que va. Jorge Luis Preciado, también. Roberto Gil Zuarth se encuentra “analizando” si su futuro está como líder del partido en el que ha militado toda su vida. No faltarán más voluntarios. Sin embargo, la incógnita a resolver antes de que se decida la nueva presidencia es, ¿cuál será el papel de Ricardo Anaya en el proceso?

     

    El candidato de Por México al Frente, obtuvo 22.27% de los votos. Si se analiza por estado, sólo ganó en Guanajuato. Ni en Querétaro, de donde es originario. Vamos, ni en la casilla donde votó.

     

    La expectativa era demasiado alta, o al menos eso se encargo de decirnos durante su campaña.

     

    El discurso enfocado en el futuro y los avances tecnológicos no bastaron para dar batalla a un López Obrador que, sabemos, se llevó más del 50% del pastel. Y tal vez a esto se debe su silencio. Tras aceptar su derrota aquel domingo 1 de julio por la noche, reapareció sólo en una fotografía junto a su hija en sus redes sociales. Tiempos de estar en familia, dijo. Más allá de eso, no ha dado señales sobre su futuro.

     

    De José Antonio Meade, sabemos, hay trascendidos sobre su posible nominación para dirigir el Banco de México; pero de Anaya no hay nada. Ni una pista. Acaso sólo la culpa que reparten panistas sobre la derrota, culpa que recae en el excandidato.

     

    El próximo 4 de agosto se realizará el Comité Ejecutivo Nacional. Según adelantaron los panistas, ahí delinearán el proceso para designar a su nuevo dirigente.

     

    Tal como lo hizo el PRI, anuncian que van a “reflexionar” los resultados en las urnas y sus causas. El próximo líder blanquiazul saldrá de las urnas, como en otras tantas ocasiones, excepto, tal vez, cuando Anaya llegó.

     

    La tradición panista dicta que son los militantes con al menos 12 meses de antigüedad quienes deben votar; pero recordemos que cuando Anaya llegó a la presidencia de partido, primero lo logró cuando Gustavo Madero pidió licencia para encabezar la lista de diputados plurinominales en 2015; después “ganó” con el 81% de los votos. Y cuando se hizo candidato presidencial... bueno, sabemos esa historia.

     

    El saldo de estos procesos llegó con las urnas. La derrota de Anaya es irrefutable. El joven político reaparecerá el 4 de agosto. Entonces sabremos cuánto y sobre qué reflexionó.

     

    Lo que es seguro, es que los panistas que durante la campaña veían con recelo el andar de Anaya, muy difícilmente lo dejarán maniobrar como lo hizo los últimos dos años. Menos aún con los resultados de la elección en la mano. Porque no sólo se trata de la dirigencia, sino también de su papel como oposición.

     

    Serán segunda fuerza en el Congreso y están obligados a reestructurarse como un contrapeso suficiente para no opacarse por la mayoría de Morena y sus aliados.

     

    Después de unas horas de conocer las tendencias en la votación del 1 de julio, uno de estos panistas que podrían contender por la dirigencia del partido, escribía en Twitter que no habían entendido que el electorado lo que quería era creer. Después de la “reflexión” de sus miembros, veremos si, ahora sí, ya lo entendieron.

    Por Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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