×
  • LOCAL
  • ESTATAL
  • EL GRILLERO
  • EL PAÍS
  • DEPORTES
  • LA OPINIÓN
  • TRIBUNA
  • INSÓLITO
  • ESPECTÁCULOS
  • POLÍTICA
  • MUNDO
  • CLASIFICADO
  • CONTACTO


  • Otro 19 de septiembre

    2017-09-20 11:17:09 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    Los jóvenes de hoy tendrán para siempre este recuerdo amargo vivo, ya no en imágenes inmóviles que forman parte de la hemeroteca.


        

    La fecha fue idéntica, 19 de septiembre. Las escenas de destrucción parecen haber sido calcadas –si bien en una dimensión menor– de las que enlutaron al país en 1985,  una experiencia que no vivieron quienes tienen menos de 30 años de edad.

     

    Pero algo sí cambió. Mucho, me atrevo a decir. Un par de horas antes del movimiento telúrico que nos hizo evocar la pesadilla del otro 19 de septiembre, los ciudadanos de la capital del país participaron en uno de los simulacros que rutinariamente se efectúan justo como parte de la conmemoración de aquella tragedia.

     

    Aunque hay, por supuesto, quienes no toman muy en serio estos ejercicios, no cabe duda que han interiorizado una cultura de la protección entre los habitantes de la Ciudad de México.

     

    Máxime cuando esta urbe no ha dejado de moverse, y en varias ocasiones hemos experimentado sismos que por momentos nos hicieron temer que el horror pudiera repetirse. Como lamentablemente ocurrió ayer.

     

    Miles de ciudadanos lograron abandonar a tiempo inmuebles que colapsaron. Aunque no faltaron las comprensibles reacciones de desesperación e histeria, la serenidad de cientos de miles de personas fue vital.

     

    El pánico pudo haber provocado estampidas en recintos cerrados o en el transporte público que habrían incrementado el peligro y, con ello, el número de víctimas. No es lo mismo controlar a un pequeño grupo de personas que a millones.  Un comportamiento ejemplar así es muestra de que una educación consistente rinde frutos, y hay que valorarlo.

     

    Otro escenario distinto al de hace tres décadas lo marca la existencia de redes sociales y de tecnologías que nos hacen permanecer en contacto instantáneamente.

     

    Cuando no estuvieron disponibles las líneas telefónicas, hubo servicios de mensajería que permitieron reportar y conocer de inmediato el estado de nuestros seres queridos. También sirvieron para dar a conocer en qué partes de la ciudad se necesitaba ayuda. Cierto, no faltaron las bromas inoportunas y las noticias falsas. Pero esta vez, la acción colectiva permitió que emergiera la información útil.

     

    Ver derrumbarse edificios casi en tiempo real gracias a la posibilidad de grabarlos en video y difundirlos urbi et orbi cambia definitivamente la percepción, incluso, de quienes atestiguamos el colapso del 85.

     

    Los jóvenes de hoy tendrán para siempre este recuerdo amargo vivo, ya no en imágenes inmóviles que forman parte de la hemeroteca. Corresponde a esta generación tomar nota de lo que lograron sus predecesoras y profundizar en la cultura de que es mejor estar unidos frente a fuerzas que escapan de nuestro control.

     

    Falta mucho para hacer el corte de caja definitivo del terremoto vivido ayer. Pero, por ahora, no quiero dejar de subrayar dos circunstancias que remiten al episodio más traumático de nuestra historia reciente.

     

    El primero es que momentos como éste hacen aflorar los rasgos más nobles del mexicano. Ya vivíamos este sentimiento de solidaridad con las víctimas de Oaxaca y Chiapas del sismo del 7 de septiembre y, como era de esperarse, se exacerbó ayer en la capital del país.

     

    Aunque el centralismo tiende a privilegiar lo que ocurre en la CDMX por sobre el resto del país, es preciso recordar que la solidaridad debe tener también bajo su manto a Morelos y Puebla, donde los estragos amenazan ser mayores.

     

    La segunda circunstancia que viene a la memoria es la emergencia de una movilización ciudadana espontánea, que rebasó al gobierno de entonces y que fue la semilla del cambio democrático que terminó con la hegemonía de un solo partido.

     

    A aquel momento se le conoció como el despertar de la sociedad civil, un concepto que a lo largo de las décadas ha estado expuesto al manoteo de cuanto demagogo dice representarla. Pero hoy conviene evocar el espíritu que desató en una sociedad harta del autoritarismo y la inmovilidad.

     

    Habrá que ver si de este trágico episodio emerge una nueva energía renovadora.

     

    Por: Pascal Beltrán del Río

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    El agua y el aceite sí se mezclan

    2017-12-10 09:13:18 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    El Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.


        

    Y para sorpresa de propios y extraños se concretó oficialmente la coalición electoral entre el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. El antes Frente Ciudadano por México, desde ayer tiene otro nombre. Le quitaron lo ciudadano y lo dejaron como: “Por México al Frente”, que fácilmente puede confundirse con “Al Frente por México”, “México al Frente”, “El Frente de México”, “Todo de Frente” o “Voy de Frente y no me quito”.

     

    No se puede regatear que tras mucha sospecha, escepticismo y dudas razonables, estos partidos rompieron la regla de la física de que el agua y el aceite no se mezclan. Por el contrario, dieron una prueba irrefutable que los polos opuestos se atraen, que el pragmatismo venció una vez más a la ideología, que más vale decir aquí pactó, que aquí quedó en tercer lugar y que el interés tiene pies partidistas.

     

    ¿Qué puede surgir de este matrimonio por interés? La respuesta es de pronóstico reservado, pero las apuestas serán más cautelosas porque el Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.

     

    Eso sí, para que la coalición fuera posible, el PRD tuvo que renunciar a que de sus filas saliera el candidato presidencial. No podía ser de otra manera, las cifras no le daban. Si bien Miguel Ángel Mancera ha demostrado que puede ser un buen candidato, no se puede decir lo mismo de su gestión como jefe de Gobierno. ¿Cómo podía ser el abanderado del Frente cuando en la propia ciudad que gobierna tiene tan baja aprobación? ¿Cómo abanderar un esfuerzo político si en la CDMX Morena ha ido creciendo, aprovechándose de su mal desempeño como gobernante?

     

    También hay que reconocer el trabajo del presidente de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, quien, como fiel Sancho, salió a defender a su Quijote Anaya cuando Mancera hizo un movimiento inesperado diciendo que quería ir por la grande. Además, debe agradecérsele a Alejandra Barrales, quien fungió como punching bag de las tribus perredistas que estaban decididas a dinamitar al Frente.

     

    Pero entonces queda Ricardo Anaya, de quien se da por un hecho que será el candidato panista. Pero, ¿qué tiene el queretano? No basta ser inteligencia para ganar. Carlos Castillo Peraza fue un panista brillante, pero llevó al PAN al sótano de las preferencias en las elecciones de 1997 para jefe de Gobierno del Distrito Federal. Tampoco es suficiente haber vencido a sus enemigos políticos internos. Cuando Arturo Montiel ganó la candidatura del PRI en 2005, sus “amigos” de partido no se lo perdonaron y filtraron a los medios las numerosas propiedades de Montiel y los negocios millonarios de sus hijos. Lo que pasó después es historia, pero deja claro que dejar heridos en el camino tiene un costo.

     

    Anaya tiene todavía en la espalda el escándalo de enriquecimiento personal y de su familia. Aunque el panista se ha dedicado a señalar que todo es parte de una campaña orquestada desde el gobierno, también ha quedado claro que es tan vulnerable como cualquier otro político. Además, Anaya no se caracteriza por su carisma, y ése no se puede desarrollar ni adquirir de la noche a la mañana.

     

    ¿Qué pasará entonces? La oficialización de la candidatura presidencial de Anaya al frente del Frente; los pleitos de las tribus al interior del PRD para repartirse las candidaturas que les tocan, pero, sobre todo, la Jefatura de la Ciudad de México y la última última última definición sobre el futuro de Miguel Ángel Mancera, porque aunque ayer dijo que se quedaba en el gobierno capitalino, esto apenas comienza y todo puede suceder.

     

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn