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  • La candidata

    2017-08-26 18:07:41 | El Pionero

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    La encuesta de Morena fue para resolver quién será su candidata, como ahora ya sabemos, para la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, fue un claro ejemplo de la utilidad de las encuestas y la apertura de sus mesas para la opción de sus militantes (y hasta de quienes no lo son).


        

    Porque de otra manera, no habría sido posible que midieran la rentabilidad de los aspirantes. Ningún partido en su sano juicio, se daría un balazo en el pie decidiéndose por quien les resta más de lo que les suma.

     

    Claudia Sheinbaum, ahora coordinadora de la Organización para la Ciudad de México (dicho así en lo que empieza formalmente la campaña) será quien aparezca en la boleta electoral. Según lo que se difundió en las cuentas de Twitter de Martí Batres y Mario Delgado el jueves por la tarde-noche, quienes fueron encuestados optaron por la delegada en Tlalpan, como la mejor opción para arrebatarle al PRD el Palacio del Ayuntamiento. En textos previos, he escrito aquí que sobre las cualidades que la hacen a ella la indicada: es una mujer sumamente inteligente, que conoce la ciudad desde varias perspectivas y que, además, cuenta con el respaldo de figuras académicas, políticas, de defensa de derechos humanos, científicos y un largo etcétera, que pocas veces se percibe para un político.

     

    Sheinbaum es una mujer respetada dentro y fuera de nuestras fronteras, no de gratis fue parte de un equipo de investigadores merecedores del Nobel. Si de por sí, y según lo que marcan las encuestas, Morena tiene esta elección en la bolsa, la figura de Sheinbaum les abona la seguridad de una campaña mucho más tersa de la que habrían conseguido con otro personaje. Y la encuesta les sirvió para ello, para medir qué tan mercadeables eran sus cuatro candidatos. Ni el empeño que le puso Monreal para crearse un falso apoyo (se decía ganador en prácticamente todas las encuestas que, según, estaban en su poder) lograron mermar las posibilidades de que Morena saliera avante de este episodio. Y es que, para tragedia del delegado en Cuauhtémoc, no sólo no fue el ganador, sino que incluso en los resultados oficiales fue rebasado por Martí Batres, el dirigente capitalino del partido. Monreal logró un decoroso tercer lugar, que no habría querido, pero que resultó ante la simpatía de quienes fueron encuestados.

     

    De ahí que Monreal, por mucho que haya dicho la noche del jueves, previo a conocer los resultados, que Morena se mantendría unido, ni siquiera apareció en la conferencia que ayer por la mañana ofreció Claudia Sheinbaum junto a los otros contendientes. Y si Morena quiere diferenciarse del resto de las organizaciones políticas, debe enviar un mensaje contundente de que saben perder hasta en las decisiones internas, hasta en las que resultan por encuestas. Tal como lo hizo Mario Delgado quien, a pesar de que le avisaron muy tarde de la fecha de la encuesta, no sólo participó de todas formas, sino que con toda madurez democrática acompañó a Sheinbaum y fue el primero en conceder el triunfo a la delegada de Tlalpan, así como hablar de lo necesario que es mantenerse como un grupo donde caminan todos en la misma dirección. Y es que, con la candidatura definida, se colocan en una posición de ventaja que, si no saben aprovecharla, irá en su perjuicio. Y es que hoy, Claudia será el blanco de tiro de los otros partidos que aún están lejos de definir a sus abanderados, aunque eso no es algo que desconozca la delegada.

     

    Por eso están obligados en Morena a dejar a un lado las rabietas y comenzar a trabajar en el proyecto que los lleve fuertes a la elección. Mal haría Monreal en irse, mal haría cualquier otra organización política en recibirlo. La de la Ciudad de México, es una elección que tienen casi en la bolsa, sería un despropósito fracturar lo que hoy se pronostica en las encuestas. Sobre todo si tienen a una candidata con las credenciales necesarias para la batalla.

     

    Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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    Otro 19 de septiembre

    2017-09-20 11:17:09 | El Pionero

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    Los jóvenes de hoy tendrán para siempre este recuerdo amargo vivo, ya no en imágenes inmóviles que forman parte de la hemeroteca.


        

    La fecha fue idéntica, 19 de septiembre. Las escenas de destrucción parecen haber sido calcadas –si bien en una dimensión menor– de las que enlutaron al país en 1985,  una experiencia que no vivieron quienes tienen menos de 30 años de edad.

     

    Pero algo sí cambió. Mucho, me atrevo a decir. Un par de horas antes del movimiento telúrico que nos hizo evocar la pesadilla del otro 19 de septiembre, los ciudadanos de la capital del país participaron en uno de los simulacros que rutinariamente se efectúan justo como parte de la conmemoración de aquella tragedia.

     

    Aunque hay, por supuesto, quienes no toman muy en serio estos ejercicios, no cabe duda que han interiorizado una cultura de la protección entre los habitantes de la Ciudad de México.

     

    Máxime cuando esta urbe no ha dejado de moverse, y en varias ocasiones hemos experimentado sismos que por momentos nos hicieron temer que el horror pudiera repetirse. Como lamentablemente ocurrió ayer.

     

    Miles de ciudadanos lograron abandonar a tiempo inmuebles que colapsaron. Aunque no faltaron las comprensibles reacciones de desesperación e histeria, la serenidad de cientos de miles de personas fue vital.

     

    El pánico pudo haber provocado estampidas en recintos cerrados o en el transporte público que habrían incrementado el peligro y, con ello, el número de víctimas. No es lo mismo controlar a un pequeño grupo de personas que a millones.  Un comportamiento ejemplar así es muestra de que una educación consistente rinde frutos, y hay que valorarlo.

     

    Otro escenario distinto al de hace tres décadas lo marca la existencia de redes sociales y de tecnologías que nos hacen permanecer en contacto instantáneamente.

     

    Cuando no estuvieron disponibles las líneas telefónicas, hubo servicios de mensajería que permitieron reportar y conocer de inmediato el estado de nuestros seres queridos. También sirvieron para dar a conocer en qué partes de la ciudad se necesitaba ayuda. Cierto, no faltaron las bromas inoportunas y las noticias falsas. Pero esta vez, la acción colectiva permitió que emergiera la información útil.

     

    Ver derrumbarse edificios casi en tiempo real gracias a la posibilidad de grabarlos en video y difundirlos urbi et orbi cambia definitivamente la percepción, incluso, de quienes atestiguamos el colapso del 85.

     

    Los jóvenes de hoy tendrán para siempre este recuerdo amargo vivo, ya no en imágenes inmóviles que forman parte de la hemeroteca. Corresponde a esta generación tomar nota de lo que lograron sus predecesoras y profundizar en la cultura de que es mejor estar unidos frente a fuerzas que escapan de nuestro control.

     

    Falta mucho para hacer el corte de caja definitivo del terremoto vivido ayer. Pero, por ahora, no quiero dejar de subrayar dos circunstancias que remiten al episodio más traumático de nuestra historia reciente.

     

    El primero es que momentos como éste hacen aflorar los rasgos más nobles del mexicano. Ya vivíamos este sentimiento de solidaridad con las víctimas de Oaxaca y Chiapas del sismo del 7 de septiembre y, como era de esperarse, se exacerbó ayer en la capital del país.

     

    Aunque el centralismo tiende a privilegiar lo que ocurre en la CDMX por sobre el resto del país, es preciso recordar que la solidaridad debe tener también bajo su manto a Morelos y Puebla, donde los estragos amenazan ser mayores.

     

    La segunda circunstancia que viene a la memoria es la emergencia de una movilización ciudadana espontánea, que rebasó al gobierno de entonces y que fue la semilla del cambio democrático que terminó con la hegemonía de un solo partido.

     

    A aquel momento se le conoció como el despertar de la sociedad civil, un concepto que a lo largo de las décadas ha estado expuesto al manoteo de cuanto demagogo dice representarla. Pero hoy conviene evocar el espíritu que desató en una sociedad harta del autoritarismo y la inmovilidad.

     

    Habrá que ver si de este trágico episodio emerge una nueva energía renovadora.

     

    Por: Pascal Beltrán del Río

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