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  • Los intachables

    2017-08-16 10:59:08 | El Pionero

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    Un pueblo no muy lejano —su localización en realidad no importa— está por elegir a su líder y la terna de posibilidades está compuesta por tres candidatos. Uno de ellos es un excelente negociador, otro es un gran estadista y el último, que en realidad es última, es una mujer profundamente culta, de esas que encantan con su conversación.


        

     
     
    Esas son las cualidades que a cada uno de ellos les destaca la prensa local. Aunque lo cierto es que ésta es una triada sumamente calificada. Cualquiera de ellos haría un gran papel, son gente preparada y lista para dirigir al pueblo y comandar su camino al progreso.
     
    El pero aquí es que los habitantes no saben a quién elegir. Porque si a uno se le aplaude su conocimiento en temas económicos, al otro su experiencia al mando de grupos que ejecutan programas sociales y a la tercera candidata se le reconoce su amplio conocimiento en temas de salud, género y urbanismo. En el único debate que se ha hecho durante esta campaña, los tres dieron muestra de su preparación; y en el par de ocasiones en que pudieron reprocharse algo entre ellos, el señalado respondió con la frente en alto, aceptando la culpa y el error, entendiendo que, como seres humanos, se es infalible a las fallas, pero acentuando que ninguna de ellas puso en riesgo o perjudicó al de junto y mucho menos a su comunidad.
     
    Difícil momento para un pueblo que debe elegir a quien será su líder los próximos seis años, elegir entre tres perfiles perfectamente capaces, los obligará a analizar a detalle a cada uno, porque, de otra forma, no tendrán la certeza de haber hecho la mejor elección, aunque sí tendrán la de saber que quienes no resulten elegidos aceptarán los resultados e incluso estarán dispuestos a trabajar junto al vencedor. Todo sea por el bien común, que para eso habrán de elegir a un líder.
     
    Desde luego, nada de lo anterior es real. Acaso una utopía con algunos detalles exagerados, porque cualquier democracia se enriquece de aciertos y errores. Pero el punto es que una campaña tan de los sueños como la que narramos, desde luego que obliga a los ciudadanos a leer mejor a los candidatos que buscan un puesto de elección popular, a estudiar mejor lo que tienen que decir. Una campaña así, alejada de propuestas que rayan en el lugar común, en las tortas como pago de asistencia, en las tarjetas que se entregan al por mayor, en las promesas de beneficios hechas por debajo de la mesa, sacaría de la jugada a más de una figura ya conocida.
     
    Por eso es importantísimo que, desde todas las esquinas posibles —los medios, las organizaciones civiles, los ciudadanos mismos—, se les pida a los partidos que operen una política distinta. Una en la que sean figuras intachables, a quienes no se les pueda contraargumentar con un escándalo ni se les conozca el silencio como estrategia de escape frente a cuestionamientos, quienes formen parte de su lista de opciones para convertirse en los líderes que este país necesita. Porque también, de esa forma, nos aseguran que dejaremos de ver los mismos rostros, las mismas caras, la misma mirada y sonrisa fingida, a las que se les pueden encontrar mil y un razones para ponerlas en entredicho. Y porque también ésta es la única manera de purgar a una clase política acostumbrada a salirse con la suya, que sabe que si algo no lo obtiene en tal grupo, se puede obtener yéndose al de junto; una clase política que hoy se siente respaldada por su compadre o su amigo para vivir en total impunidad.
     
    Aquéllos, los intachables, son los perfiles que México necesita, y no para estar exentos de errores, sino para asegurarnos que cuando estos lleguen, sean todos caminos de aprendizaje y no para la vergüenza; vergüenza que se repite una y otra vez, porque las opciones siguen siendo reducidas y muy repetidas. Ésa es también nuestra labor, la de no conformarnos con quienes hoy figuran y exigir una renovación que no llega y que sólo merma la maduración de nuestra democracia y, sí, a seguir repitiendo, una y otra vez, los mismos errores, las mismas tragedias.
     
    Yuriria Sierra/Nudo gordiano
     

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    Los italianos en Jalisco

    2018-06-16 16:17:05 | El Pionero

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    Según lo escrito en el expediente de los italianos, ¿nadie sabe quién es don Ángel? ¿Es imposible dar con su paradero? ¿No hay posibilidad de conocer sus movimientos?


        

    La historia es atroz. La contamos ayer en Imagen Noticias, gracias al trabajo de Marinellys Tremamunno, corresponsal de Grupo Imagen en Italia. Habla Claudio Falletti, abogado de la familia de Antonio y Raffaele Russo y Vincenzo Cimmino, los tres italianos desaparecidos en el estado de Jalisco el 31 de enero pasado: “A través de los oficios de la investigación y de los interrogatorios de las audiencias que se llevaron a cabo en México, en febrero, un nombre quedó en evidencia y este nombre es un tal don Ángel (...) don Ángel siempre fue presentado como una figura abstracta, se podría creer que fuese un nombre para dar la culpa a alguien, pero en realidad no es así, porque del expediente de la investigación se evidencia que don Ángel existe realmente…”. ¿Y quién es don Ángel? “Un señor moreno, chaparro, fornido, de una edad aproximada de 45 a 50 años...”, así lo describe uno de los imputados en la carpeta de investigación 12320/2018 de la Fiscalía de Jalisco. “La Fiscalía mexicana jamás ha conectado las desapariciones de las tres personas, es decir, siempre ha separado la posición de Antonio Russo y Vincenzo Cimmino de aquella de Raffaele Russo. En realidad, los imputados que han sido interrogados han declarado que los tres fueron entregados a la misma persona y que los tres se encuentran, se encontrarían en el mismo lugar…”, según lo investigado por la corresponsal de Imagen.

     

    ¿Y qué fue lo qué pasó? “Uno de los policías narra que su comandante les dio la orden, a las 19 horas, de acudir a la calle Juárez, cerca de una gasolinera que se encuentra a la entrada del pueblo. Ahí les dio una segunda orden, dirigirse a la gasolinera y comprobar si había una camioneta blanca con dos personas de nacionalidad italiana a bordo. Según el relato del policía, tardaron diez minutos en localizar el vehículo saliendo de la gasolinera. Confirmaron a su comandante que se trataba de los italianos. Una nueva orden: escoltarlos a donde empieza la carretera Tecalitlán a Jilotlán, a la altura de un contenedor de basura a la salida de Jilotlán. Salió la caravana, dos policías al frente, el vehículo de los italianos y detrás de ellos la camioneta del comandante y un policía más. Cuando llegaron ahí ya los esperaba una camioneta cerrada de color vino marca Mazda, ahí el oficial escuchó a su comandante llamar a un señor por el nombre de don Ángel...”, según se anotó en el expediente. A partir de ahí, don Ángel se convirtió en personaje esencial en la investigación. Él, la figura central en el paradero de los italianos. ¿Cómo es posible que la familia no sepa nada más que lo difundido en redes? “Tenemos el derecho de saber. Yo tengo un niño de cuatro años y medio, como ya he dicho en tantas entrevistas, el niño me pide hacer una videollamada al papá (...) les ruego se hiciera en este gobierno, ahora se ha confirmado y nos deben ayudar. Tenemos el derecho de ser ayudados...”, habla Silvana Esposito, esposa de Raffaele Russo y madre de Antonio Russo en una de las varias entrevistas que ha dado a los medios de comunicación.

     

    Lo que ocurre, perdón, pero me recuerda mucho a lo que sabemos del caso Ayotzinapa, ciudadanos entregados al crimen organizado por las autoridades rebasadas en sus capacidades. Según lo escrito en el expediente de los italianos, ¿nadie sabe quién es don Ángel? ¿Es imposible dar con su paradero? ¿No hay posibilidad de conocer sus movimientos? Tres ciudadanos italianos le fueron entregados; han pasado casi cinco meses sin que sepamos nada de ellos, ¿en verdad las autoridades están imposibilitadas para conocer las operaciones de grupos criminales de ciertas regiones del país? Tanto en el caso de los 43 estudiantes, por su magnitud, como en el caso de los italianos, por los recursos que su familia ha invertido en su búsqueda, podemos darnos una idea de la manera en que actúa el crimen organizado. ¿Cuántos casos como estos desconocemos? Hace unos días vimos a un alcalde huir, literalmente, antes de la elección. El de Nadadores, Coahuila, encontrado en Tijuana. Antes de él, hemos contado a más de 114 políticos asesinados desde septiembre. ¿Qué dice eso de nuestro país? ¿Cómo podemos simular tranquilidad? ¿Cómo podemos estar en una campaña electoral que dista mucho de hablar, de plantear respuestas a estos problemas?

     

    Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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