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  • CASCAJO.BASTARDOS. EL MOLINO. PARCIAL. FIGURAS. POLLA. PLAN.

    2017-07-10 07:01:16 | El Pionero

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    El cascajo que faltaba. Lino Corrodi, el polémico y lioso personaje de la política nacional, en cierta forma relacionada con Delicias, pues cada año viene a pizcar en una huerta nogalera que no es suya, se ha incorporado a las fuerzas de Morena


        

    Urgidos deben de andar para haberlo aceptado, pues donde quiera que ha andado ha entregado pésimas cuantas.

     

     La figura de los síndicos, desde que fue desenterrada de los sarcófagos de la historia política de México, no ha  producido grandes resultados en materia de vigilancia en la aplicación de los dineros públicos, principio y fin de su resurección. No grandes, ni medianos, ni chicos, ni nada: puro gasto inútil. O díganos usted parea qué han servido, sino para inflar nóminas, acomodar amigos, familiares y cumplir compromisos políticos.Un sólo caso no ha habido en que algún síndico rinda algo positivo para la sociedad, para quienes pagamos sus  sueldos. Guardábamos  la esperanza, y aún la guardamos, pues dicen que es lo último que muere, que en la próxima reforma desaparecieran esta rémora, pero al parecer no será así. Demasiados intereses bastardos la blindan.

     

    Diez largos años tuvieron que pasar para que en El Molino, municipio de Rosales, vieran el éxito de una gestión para que les pavimentaran algunas calles.La espera llegó a su fin con la alcaldesa Aimée Sánchez, quien dio el banderazo de inicio a la anhelada y necesaria obra. Ok.  

     

    A dondequiera que se voltee, se lee o se escucha que fulano, que fulana ha sido metido al bote por tranza, por pasarse de lanza, como se dice ahora. Por rata cola mocha, pues. Como clientes frecuentes de las celdas o crujías, están los políticos y las políticas, que viendo el cajón abierto no resisten la tentación de meterle mano. Cosa más que sabida. Sin embargo, y aquí está el mérito del rollo anti corrupción que maneja el diputado Valenciano, pocos o ningún corruptor ha sido enchiquerado, sobre todo los empresarios que untan la mano.Como que ya es es hora que se fijen en ellos.Hay muchos y de todos los tamaños. En tanto, la justicia será selectiva y parcial.

     

    Con el éxito alcanzado el fin de semana en La Venta de Verano organizada por la CANACO local, su presidente, Ramón Loya, acabó de asomar la cabeza como uno de los posibles candidatos a la Presidencia Municipal, rumor que hace semanas recorre los mentideros grillos de la urbe. Bien posicionado en su sector, que cuenta y cuenta mucho, el dirigente de los comerciantes está atrayendo  miradas. Nos imaginamos que por apoyos cupulares no batallaría en caso de que se animara: su padre fue gran amigo y socio político de figuras que aún pesan.  

     

    Trágica, tirando a patética, así está la situación en la Dirección de Vialidad del Gobierno del Estado, empezando por el director, que tendrá todas las prendas que usted guste, pero de vialidad no sabe nada: así reza su currículum. Corrupta hasta la médula, y no de hoy sino de siempre, esa área vive sus peores días, con dos agentes fallecidas trágicamente y una mafia inocultable que victimiza, vulgo muerde, al que se la antoja,  a ciencia y paciencia de los altos mandos, receptores históricos de la infamante polla. Otra tarea mayúscula para el nuevo amanecer. 

     

    El plan A para el futuro inmediato del diputado Chuy Valenciano es la diputación federal, no la Alcaldía. Al menos así lo da a entender con el activismo que se trae acerca de numerosos temas, algunos con muy poca relación con los deberes de un gobierno municipal. Con evidente apoyo de donde se toman las decisiones, su placeo no es de a gratis, sobre todo con los tiempos encima.   

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    Los Blasones de Manuel

    2017-09-21 23:28:28 | Carlos Gallegos

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    Con la magia de la imaginación retrocedamos al Delicias de los años 60s del siglo pasado.


        

    Carlos Gallegos Pérez

    Cronista del Municipio de Delicias

     

    Vemos a un muchacho trigueño, flaco, pelo crespo, vestido con modesto uniforme escolar, zapatos sin bolear, de mirada vivaz y sonrisa fácil.

     

      Sale de su casa en el Sector Sur, cerca de la escuela 80.Por las calles sin pavimento, encharcadas por una lluvia reciente, se encamina hacia la secundaria Leyes de Reforma cargando sus libros y cuadernos. Se detiene en cualquier esquina, en el Restaurante de Chuy el de la Fuente que le queda de pasada, en el Mercado Juárez, en La Aurora. De su mochila de lona tosca saca un arrugado cuaderno Polito, humedece con saliva la punta de un lápiz amarillo que lleva en la mano y escribe algo.

     

      No va haciendo la tarea. Va anotando cierta palabra, una frase que se le viene a la mente, capturando al aire alguna idea. Palabra, frase e idea que serán el inicio de un guión teatrístico: al que estamos siguiendo es a Manuel Talavera Trejo, embrión de un dramaturgo al estilo de los viejos maestros griegos, que caminando y escribiendo esculpían sus grandes obras.

     

    Es un poco distraído y a causa de su afición por la escritura callejera frecuentemente llega a la escuela después de que ha tocado el timbre. Pero la lleva bien con don Pepito, el amable conserje, quien conquistado por sus modos gentiles le abre la puerta haciéndose el desentendido, volteando hacia otro lado.A través del largo pasillo saluda y sonríe a la profesora Bertha Casas, a Abel Franco,  quien  le  recomienda que se faje la camisa, a Darío Payán, que algo le dice acerca de la clase de Historia, al director Miguel Mendoza, el Tariácuri, que lo mira con cierto gesto de fingida reconvención por su retardo: es otra víctima de sus dotes de sencillez y afabilidad.  

     

     Eso mismo, escribir sobre la marcha y llegar tarde, hará tres años después camino a la Prepa 20/30, nada más que ahora sobre la avenida Río Florido hasta llegar a la salida a Saucillo, donde está el plantel. Por la acera de enfrente de su casa lo ven pasar las muchachas Bejarano García,Beba,Rosa, Julia Alicia y Rebeca, lo mismo que Rogelio, reticente siempre a  ir a clases. También su papá, Presidente del Patronato de la que es nuestra máxima casa de estudios.

     

     Su cuaderno Polito ha mutado en una ordenada carpeta donde guarda sus apuntes, lo mismo que una libreta de taquigrafía en la que sigue plasma sus inspiraciones, sus sueños juveniles que habrán de convertirse en sus primeras obras teatrales.Va embebido, místico, venciendo el miedo natural de los autores ante la vista de la terrorífica hoja en blanco, reto diario a vencer, a llenar, en su caso con sus garabatos apresurados trazados a la cadencia de su paso.Ya de regreso en casa, sentado en una silla , enfrente de una mesa que hace las veces de escritorio, pulirá renglones, suprimirá otros, borrará frases, ocupando en ello largas horas, felices horas que se le escurren sin sentir, no pocas veces a costa las las tareas cotidianas, retando el  seguro regaño de sus profesores: Fernando Baeza, Moisés Pérez, Pedro Trejo, Filiberto Talavera, Alfredo Arvizu, Filemón Cervantes.Macario Guillén se ha dado por vencido aceptando que al futuro dramaturgo no le atrae su clase de Educación Física. Pocos son sus cómplices, entre ellos Alfredo Espinosa, que pergueña los textos que le abrirán la puerta del deleite de vivir para crear.

     

     También soportará las burlas y bromas pesadas de sus condiscípulos al verlo regañado y castigado, pues poco saben de la tarea de vida en la que se ha empeñado: subir al olimpo de la creación. Estoico aguantará el castigo. Al fin y al cabo, una vez más  ha vencido el supremo reto de la creación y pasará por alto que Bertha Rosete, Elsa Márquez, Rosita Casas, Julio García, Torino Osollo, Chory Ruiz Velázquez y otros sarcásticos similares lo hagan blanco de sus burlas al solazarse ante sus apuros. Él vive encantado en el mundo que se ha creado, dichoso en alguna banca de la Plaza de Lilas en que lo ha alcanzado el arrebato de la inspiración que le bulle en el cerebro y en la sangre de sus venas. Eso hará en las aulas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, en su nido de la Facultad de Filosofía y Letras, donde anidará cerca de cuarenta años, en las horas perdidas y robadas al estudio y a la cátedra, para ascender al universo ideal en que sus personajes ficticios cobrarán vida y serán carne y sangre como él.

     

       Conforme transcurrían los años afinaba un estilo que sería su identidad, su sello como dramaturgo, actor y director. Pasará por el crisol de las enseñanzas de sus grandes maestros, de sus lecturas sin fin, de sus horas y horas de escritura, de pasar la noche en vela pensando en un renglón o en una coma, en una palabra que le hace ruido y que estorba al cincel de su trabajo fino y cuidadoso. 

     

       En sus inicios, en el ímpetu de su adolescencia y temprana juventud, aterrorizaba a sus compañeros de pandilla, que en cuanto lo veían haciéndoles una seña para que se acercaran, sabían que se había arruinado un sábado de cine, de paseo nocturno por la Plaza de Armas, de una escapada a la nevería de moda. Sabían que, con habilidad pero con firmeza, los convocaría a que le ayudaran a  montar un escenario para la presentación de su más reciente trabajo teatrístico. “Muchachos”, les decía, “fíjense que van a tener que ayudarme a armar un tapanco de madera porque va a  haber teatro en la Sección 4”.

     

       Y había que ir a cargar tablones, a martillar clavos, a darle formar a un plató artesanal que mágicamente iba surgiendo de acuerdo a sus instrucciones. Para mejorar la acústica, según explicaba, era necesario construir una concha   de tablas sin desbastar, que las más de las veces, pues no había dinero para comprarlas, escamoteaban de  cualquier carpintería, sobre todo en la de Guerrero Jurado quien, cómplice en la vagancia, los dejaba hacer. Al terminar, sudados y cansados, les sobraba energía para asombrarse ante lo que habían creado: una concha de mar que expandía el sonido. 

     

       La Sección 4 era un local sindicalista donde se celebraban bailes de rompe y rasga, una especie de Salón México aún más bravo y peligroso, oloroso a cigarro y a pisto barato, a perfume y colorete. En cuanto terminaba la función había que desmontar todo y salir corriendo, pues los bailadores no entendían, como ellos, de artes escénicas, y a lo que  iban iban.

     

       Un peso, uno cincuenta, dos, era el precio de la entrada, caudal que les cabía en una mano y que generalmente era destinado a pequeños trabajos de reparación de alguna escuela que necesitaba la aportación de la sociedad civil, en este caso de los teatreros de Manuel.

     

      Estas andanzas, más las que emprendía en incipientes, en nacientes organizaciones afines con su vocación, fueron los pininos de Manuel en el mundo que le heredaron Esquilo, Sófocles, Eurípides, Lope de Vega, Moliére, Cervantes, Usigli, Seki Sano, Carballido, Luisa Josefina Hernández, Leñero, Víctor Hugo Rascón Banda, Perla de la Rosa, Edilberto Galindo,  Fernando Saavedra. También Filiberto Talavera, el guía artístico de los preparatorianos delicienses de sus tiempos mozos los que, diría después, añoraba con fiereza y llanto, con feliz recuerdo, con inmensas ganas de que se hiciera realidad aquella frase de La Barca sin Pescador, unas de las primeras  puestas en escena que estelarizó :”Hay, quién pudiera vivir dos veces”.

     

    Ahora que al Teatro de la Ciudad, el teatro de sus sueños, se le adicionará su nombre, es ocasión ideal para recordar que ahí se estrenó la mayoría de sus creaciones, ya que siempre, por sobre todo, privilegió ese recinto ante otros de mayor renombre: los de la capital del Estado, de ciudad Juárez, de Guanajuato, de la ciudad de México, de Buenos Aires y, ya es decir mucho, de Valdivia, la capital continental de la cultura. Los premios que recibió en Puebla, Nuevo León, Estados Unidos, España,Cuba y Puerto Rico, por mencionar los principales, quedan en la alforja del rico botín que obtuvo a lo largo de su vida terrenal y que lo ha inmortalizado al trascender a eternidades destinadas a almas buenas como la de él, nuestro querido Manuel.  

     

    Sus obras, directas, llanas, cortas, intensas, plenas de magia e imaginación, están el directorio perenne de la teatrísctica mexicana. Donde Canta la Gallina, Novenario, Mano Dura, Amores de Lejos, Voces en el Umbral, La Silueta en el Cristal y la Fundación, en la que rinde homenaje  puntual y magistral a los hombres y la mujeres que soñaron y crearon Delicias, son botones de muestra de su vasta producción, que abarca la dirección de actores de talla y, lo que le causaba más orgullo, su actuación en el cine experimental de Urrutia, el pionero del séptimo arte regional que aún es extrañado en Rosales, donde su obra es objeto de culto.  

     

    Su amigable figura, la excelsitud de su arte, la savia de su creación, se leen para siempre en las páginas de oro de Delicias, a la que dedicó gran parte de su talento e inspiración, de ahí que al agregar su nombre a nuestro máximo recinto cultural, que fue construido por todos y para todos, en un esfuerzo ciudadano épico y hasta hoy irrepetido, sea un acto de justicia, de reconocimiento y de admiración hacia uno de sus hijos preclaros que supo, quiso y pudo llevar su maestría a los los escenarios más modestos y a los más renombrados.

     

    Manuel, yo firmo este artículo, pero bien lo pudo hacer cualquiera de tus condiscípulos y amigos de la secundaria y la preparatoria, para los que fuiste un faro cuya luz invitaba a seguirte. Si alguno no conoció ni aquilató tu aportación a la cultura de Delicias, seguramente fue porque en los avatares de la vida no conoció tu estela de éxitos en el mágico mundo de la actuación, la dirección y la creación teatrística.

     

    Teatro de la Ciudad Manuel Talavera Trejo, blasón del Delicias de ayer, de hoy y de mañana. 

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