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  • LIGAS. VILLASANA. AVE. DISTANCIA.PRELUDIO.EJEMPLO. OJO. DESPACIO.

    2017-07-07 06:56:27 | El Pionero

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    De acuerdo a los que saben o creen saber, Meade, el de Hacienda, va en caballo de ídem hacia la candidatura del PRI a la presidencia de la República.De acuerdo a esta tesis, ha dejado atrás a Nuño, el favorito del preciso y a Chong, el amigo de Reyes


        

    Con el hacendario estaría trabajando el grupo compacto de Salinas, ése que ni en los dos sexenios del PAN dejó de meter su cuchara. Serra Puche, Aspe, Gil Díaz  y demás aliados apalancarían  las aspiraciones de Meade, a la vez que encabezan las renegociaciones del TLC. Las grandes ligas.

     

    Con el fallecimiento del abogado Héctor Villasana Rosales se va toda una época de la abogacía chihuahuense. Especialista en los juicios de amparo, considerado el alumno más aventajado del maestro Ignacio Burgoa Orihuela, el jimenense dejó huella de su sapiencia jurídica en Delicias, cuando en el lejano trienio de Rogelio Bejarano le ganó al Gobierno del Estado la disputa por el Registro Civil, entonces bajo el mando del colega Manuel Gándara Samaniego. Ante el revés, el gobernador Barrio recurrió a la mayoría que ostentaba el PAN en el Congreso para hacerse de esa oficina. Hombre de fuerte carácter, de convicciones firmes, priísta hasta la médula, atesoró una larga serie de experiencias tanto dentro como fuera de los juzgados, donde pasó gran aporte de su vida, lo mismo que en la Facultad de Derecho de la UACH. También fue dueño de un agudo ingenio y acuñó numerosas frases que con el tiempo se volvieron célebres en el ámbito político y jurídico. “Las mujeres de Jiménez”, decía, “prefieren morir célibes antes que parir pendejos”. Otra: “En Parral mataron a Villa, pero en Jiménez lo hicimos llorar”, en alusión al susto que le metieron  al Centauro cuando lo iba a fusilar Huerta. Otra más, que si bien no la contaba él, se la atribuían, y nunca la desmentía, pues también poseía gran sentido del humor.Cierta noche ya muy noche habría llegado a su casa algo alegre, siendo recibido por su esposa rifle en mano. Ante lo delicado de la situación, echó mano de su agilidad mental y conociendo la religiosidad de su señora, se hincó, abrió los brazos y le dijo:”No puedes hacerme nada, estoy en cruz y soy sagrado”. Con el respeto a la memoria de un amigo, contamos estás anécdotas, como luego se dice, acordándonos  de su vida y no de su muerte. Le deseamos el descanso eterno al afamado Nene Villasana, como también era conocido.

     

    Bastó una entrevista periodística para que resurgiera el fantasma de Manlio Fabio Beltrones, quien ha vuelto a las primeras planas de la política nacional con miras a la sucesión. Dijo que en la próxima Asamblea Nacional del PRI no debe haber modificaciones estatutarias, lo que el entrevistador interpretó como un tache al supuesto delfín del Presidente, que no cumpliría con alguna letra chiquita. Ave de las tempestades siempre. 

     

    Desde que los altos mandos del Ejército recibieron la orden de convivir más con los civiles, ha sido práctica común que guarden menor distancia con los presidentes municipales y con otras autoridades, algo que antes era casi tabú. Algo así se dio ayer en un concurrido restaurante grillo, donde desayunaron juntos el alcalde Compeán y el Comandante de Santa Gertrudis. Desde cualquier punto de vista, ésa es una sana relación, sobre todo en los tiempos que corren, cuando la colaboración interinstitucional es indispensable.

     

    Apenas hace días comentamos que el terrible gladiador Máximo Durán daba señas de que volvería a las andanzas de la grilla, y parece que lo invocamos: fiel a su estilo, clausuró la Junta Municipal de Agua, porque según él no está trabajando como debe. Clausura simbólica, obvio, pero es el preludio demás ruido.Carrilero que es.

     

    En otro comentario reciente de este su espacio, ahora en relación a lo caro de la educación superior, sobre todo en la decaída UACH, el alcalde de Meoqui dio toque de bola y logró una extensión del Tec de Delicias para la comunidad de colonia Cárdenas y poblaciones aledañas.El toque se convirtió en jonrón, pues sin fijarse en que tal acción no corresponde a la obligaciones habituales de un Presidente Municipal, simplemente lo hizo, para beneficio de muchos jóvenes que hasta por la falta de dinero para el pasaje a otros planteles fuera de su región, tienen que truncar sus estudios. Ejemplo a imitar, sin duda.

     

    María de los Angels de la Garza de Ortega, la popular y activa Tita, la guera de oro Araceli Villalobos y un ameritado profesor en reposo, han sido incorporados a la plantilla de la Comisión de Estudios Históricos, en cuya vice presidencia ha quedado la profesora Bertha Alicia Tarango. Disciplina, formalidad y vocación, signos distintivos de este grupo liderado por Arge Silva, quien anda con un ojo morado, víctima un pequeño accidente doméstico, según la versión oficial. Falta la otra, la extra oficial, que generalmente es más interesante. 

    Agobiados por el calor que no amaina, tenemos que decirle hasta luego, hasta el lunes , cuando si Dios es servido nuevamente sea tiempo de grillar. En tanto, tómeselas despacio y sin espuma, porque se le pica el hígado, según  diagnóstico de un hechicero de la Loma de Pérez. 

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    Los Blasones de Manuel

    2017-09-21 23:28:28 | Carlos Gallegos

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    Con la magia de la imaginación retrocedamos al Delicias de los años 60s del siglo pasado.


        

    Carlos Gallegos Pérez

    Cronista del Municipio de Delicias

     

    Vemos a un muchacho trigueño, flaco, pelo crespo, vestido con modesto uniforme escolar, zapatos sin bolear, de mirada vivaz y sonrisa fácil.

     

      Sale de su casa en el Sector Sur, cerca de la escuela 80.Por las calles sin pavimento, encharcadas por una lluvia reciente, se encamina hacia la secundaria Leyes de Reforma cargando sus libros y cuadernos. Se detiene en cualquier esquina, en el Restaurante de Chuy el de la Fuente que le queda de pasada, en el Mercado Juárez, en La Aurora. De su mochila de lona tosca saca un arrugado cuaderno Polito, humedece con saliva la punta de un lápiz amarillo que lleva en la mano y escribe algo.

     

      No va haciendo la tarea. Va anotando cierta palabra, una frase que se le viene a la mente, capturando al aire alguna idea. Palabra, frase e idea que serán el inicio de un guión teatrístico: al que estamos siguiendo es a Manuel Talavera Trejo, embrión de un dramaturgo al estilo de los viejos maestros griegos, que caminando y escribiendo esculpían sus grandes obras.

     

    Es un poco distraído y a causa de su afición por la escritura callejera frecuentemente llega a la escuela después de que ha tocado el timbre. Pero la lleva bien con don Pepito, el amable conserje, quien conquistado por sus modos gentiles le abre la puerta haciéndose el desentendido, volteando hacia otro lado.A través del largo pasillo saluda y sonríe a la profesora Bertha Casas, a Abel Franco,  quien  le  recomienda que se faje la camisa, a Darío Payán, que algo le dice acerca de la clase de Historia, al director Miguel Mendoza, el Tariácuri, que lo mira con cierto gesto de fingida reconvención por su retardo: es otra víctima de sus dotes de sencillez y afabilidad.  

     

     Eso mismo, escribir sobre la marcha y llegar tarde, hará tres años después camino a la Prepa 20/30, nada más que ahora sobre la avenida Río Florido hasta llegar a la salida a Saucillo, donde está el plantel. Por la acera de enfrente de su casa lo ven pasar las muchachas Bejarano García,Beba,Rosa, Julia Alicia y Rebeca, lo mismo que Rogelio, reticente siempre a  ir a clases. También su papá, Presidente del Patronato de la que es nuestra máxima casa de estudios.

     

     Su cuaderno Polito ha mutado en una ordenada carpeta donde guarda sus apuntes, lo mismo que una libreta de taquigrafía en la que sigue plasma sus inspiraciones, sus sueños juveniles que habrán de convertirse en sus primeras obras teatrales.Va embebido, místico, venciendo el miedo natural de los autores ante la vista de la terrorífica hoja en blanco, reto diario a vencer, a llenar, en su caso con sus garabatos apresurados trazados a la cadencia de su paso.Ya de regreso en casa, sentado en una silla , enfrente de una mesa que hace las veces de escritorio, pulirá renglones, suprimirá otros, borrará frases, ocupando en ello largas horas, felices horas que se le escurren sin sentir, no pocas veces a costa las las tareas cotidianas, retando el  seguro regaño de sus profesores: Fernando Baeza, Moisés Pérez, Pedro Trejo, Filiberto Talavera, Alfredo Arvizu, Filemón Cervantes.Macario Guillén se ha dado por vencido aceptando que al futuro dramaturgo no le atrae su clase de Educación Física. Pocos son sus cómplices, entre ellos Alfredo Espinosa, que pergueña los textos que le abrirán la puerta del deleite de vivir para crear.

     

     También soportará las burlas y bromas pesadas de sus condiscípulos al verlo regañado y castigado, pues poco saben de la tarea de vida en la que se ha empeñado: subir al olimpo de la creación. Estoico aguantará el castigo. Al fin y al cabo, una vez más  ha vencido el supremo reto de la creación y pasará por alto que Bertha Rosete, Elsa Márquez, Rosita Casas, Julio García, Torino Osollo, Chory Ruiz Velázquez y otros sarcásticos similares lo hagan blanco de sus burlas al solazarse ante sus apuros. Él vive encantado en el mundo que se ha creado, dichoso en alguna banca de la Plaza de Lilas en que lo ha alcanzado el arrebato de la inspiración que le bulle en el cerebro y en la sangre de sus venas. Eso hará en las aulas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, en su nido de la Facultad de Filosofía y Letras, donde anidará cerca de cuarenta años, en las horas perdidas y robadas al estudio y a la cátedra, para ascender al universo ideal en que sus personajes ficticios cobrarán vida y serán carne y sangre como él.

     

       Conforme transcurrían los años afinaba un estilo que sería su identidad, su sello como dramaturgo, actor y director. Pasará por el crisol de las enseñanzas de sus grandes maestros, de sus lecturas sin fin, de sus horas y horas de escritura, de pasar la noche en vela pensando en un renglón o en una coma, en una palabra que le hace ruido y que estorba al cincel de su trabajo fino y cuidadoso. 

     

       En sus inicios, en el ímpetu de su adolescencia y temprana juventud, aterrorizaba a sus compañeros de pandilla, que en cuanto lo veían haciéndoles una seña para que se acercaran, sabían que se había arruinado un sábado de cine, de paseo nocturno por la Plaza de Armas, de una escapada a la nevería de moda. Sabían que, con habilidad pero con firmeza, los convocaría a que le ayudaran a  montar un escenario para la presentación de su más reciente trabajo teatrístico. “Muchachos”, les decía, “fíjense que van a tener que ayudarme a armar un tapanco de madera porque va a  haber teatro en la Sección 4”.

     

       Y había que ir a cargar tablones, a martillar clavos, a darle formar a un plató artesanal que mágicamente iba surgiendo de acuerdo a sus instrucciones. Para mejorar la acústica, según explicaba, era necesario construir una concha   de tablas sin desbastar, que las más de las veces, pues no había dinero para comprarlas, escamoteaban de  cualquier carpintería, sobre todo en la de Guerrero Jurado quien, cómplice en la vagancia, los dejaba hacer. Al terminar, sudados y cansados, les sobraba energía para asombrarse ante lo que habían creado: una concha de mar que expandía el sonido. 

     

       La Sección 4 era un local sindicalista donde se celebraban bailes de rompe y rasga, una especie de Salón México aún más bravo y peligroso, oloroso a cigarro y a pisto barato, a perfume y colorete. En cuanto terminaba la función había que desmontar todo y salir corriendo, pues los bailadores no entendían, como ellos, de artes escénicas, y a lo que  iban iban.

     

       Un peso, uno cincuenta, dos, era el precio de la entrada, caudal que les cabía en una mano y que generalmente era destinado a pequeños trabajos de reparación de alguna escuela que necesitaba la aportación de la sociedad civil, en este caso de los teatreros de Manuel.

     

      Estas andanzas, más las que emprendía en incipientes, en nacientes organizaciones afines con su vocación, fueron los pininos de Manuel en el mundo que le heredaron Esquilo, Sófocles, Eurípides, Lope de Vega, Moliére, Cervantes, Usigli, Seki Sano, Carballido, Luisa Josefina Hernández, Leñero, Víctor Hugo Rascón Banda, Perla de la Rosa, Edilberto Galindo,  Fernando Saavedra. También Filiberto Talavera, el guía artístico de los preparatorianos delicienses de sus tiempos mozos los que, diría después, añoraba con fiereza y llanto, con feliz recuerdo, con inmensas ganas de que se hiciera realidad aquella frase de La Barca sin Pescador, unas de las primeras  puestas en escena que estelarizó :”Hay, quién pudiera vivir dos veces”.

     

    Ahora que al Teatro de la Ciudad, el teatro de sus sueños, se le adicionará su nombre, es ocasión ideal para recordar que ahí se estrenó la mayoría de sus creaciones, ya que siempre, por sobre todo, privilegió ese recinto ante otros de mayor renombre: los de la capital del Estado, de ciudad Juárez, de Guanajuato, de la ciudad de México, de Buenos Aires y, ya es decir mucho, de Valdivia, la capital continental de la cultura. Los premios que recibió en Puebla, Nuevo León, Estados Unidos, España,Cuba y Puerto Rico, por mencionar los principales, quedan en la alforja del rico botín que obtuvo a lo largo de su vida terrenal y que lo ha inmortalizado al trascender a eternidades destinadas a almas buenas como la de él, nuestro querido Manuel.  

     

    Sus obras, directas, llanas, cortas, intensas, plenas de magia e imaginación, están el directorio perenne de la teatrísctica mexicana. Donde Canta la Gallina, Novenario, Mano Dura, Amores de Lejos, Voces en el Umbral, La Silueta en el Cristal y la Fundación, en la que rinde homenaje  puntual y magistral a los hombres y la mujeres que soñaron y crearon Delicias, son botones de muestra de su vasta producción, que abarca la dirección de actores de talla y, lo que le causaba más orgullo, su actuación en el cine experimental de Urrutia, el pionero del séptimo arte regional que aún es extrañado en Rosales, donde su obra es objeto de culto.  

     

    Su amigable figura, la excelsitud de su arte, la savia de su creación, se leen para siempre en las páginas de oro de Delicias, a la que dedicó gran parte de su talento e inspiración, de ahí que al agregar su nombre a nuestro máximo recinto cultural, que fue construido por todos y para todos, en un esfuerzo ciudadano épico y hasta hoy irrepetido, sea un acto de justicia, de reconocimiento y de admiración hacia uno de sus hijos preclaros que supo, quiso y pudo llevar su maestría a los los escenarios más modestos y a los más renombrados.

     

    Manuel, yo firmo este artículo, pero bien lo pudo hacer cualquiera de tus condiscípulos y amigos de la secundaria y la preparatoria, para los que fuiste un faro cuya luz invitaba a seguirte. Si alguno no conoció ni aquilató tu aportación a la cultura de Delicias, seguramente fue porque en los avatares de la vida no conoció tu estela de éxitos en el mágico mundo de la actuación, la dirección y la creación teatrística.

     

    Teatro de la Ciudad Manuel Talavera Trejo, blasón del Delicias de ayer, de hoy y de mañana. 

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