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    2017-07-02 23:14:04 | El Pionero

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    En ecos muy atrasados de la reunión priísta del sábado, en la que Omar Bazán, el enemigo íntimo de la senadora Lilia Merodio, vino a hacer por su causa en busca de la dirigencia estatal, tres prospectos a lo que salga tuvieron jugada


        

    Cabú Bejarano, al que se le tuestan la habas por la diputación federal, abrió la sesión con tono de pre candidato. Fernando Ramírez tomó el micro e hizo sentida y emotiva refelxión acerca del pasado, del presente y del futuro del partido. Y Roque Soltero, que no suelta oportunidad de alzar la mano, se sentó en la mesa principal. He ahí pues la primera tercia hacia 2018. Haber si no se derriten.

    Pleito en puerta. Será larga, muy larga la algarada ante la decisión del Gobierno del Estado de liquidar a Memo Dowell como notario público. El juarense, obvio, no se quedará sentado viendo llover, sino que apelará a lo que haya que apelar para defender su parcela. Una notaría no es cualquier cosa y, que nos acordemos, no existe antecedente de algo parecido, de ahí lo tortuoso que será el camino de los tribunales. Nos imaginamos que los cerebros jurídicos del Estado saben a lo que se atienen y habrán estudiado bien el caso, porque en caso de que les ganaran  el golpe político sería de órdago. 

    Ya perdimos la cuenta. Ni con sumadora sacamos las cuentas de cuántas derrotas lleva la selección mexicana de fútbol, que ayer cayó, como siempre, con el consabido empate de último minuto y el penalti fallado.Ah, pero si de chiripa ganan la ratonera Copa de Oro, volverán a engatusarnos para seguir explotando esa minota de oro que es la credulidad y la  esperanza de la fanaticada. Hay están sus tarugos.

    Ante la cantada renuncia del arqui Maky Baeza a la jefatura del gabinete municipal, el asunto se relaciona con Gustavo Madero, quien ocupa similar puesto en el Gobierno del Estado, pero que a pesar de que acaba de ser comisando en una tarea del CEN panista, se aferra a la quincena. De que le lloverán pedradas le lloverán. Que tenga la sapiencia y la congruencia de renunciar, como indica la lógica, es otra cosa.

    En otra de priístas, y con eso de la institucionalización de la igualdad de género, Gaby Franco y Sandra Quintana son dos damas más que puestas para buscar algo el año que entra. Ambas tienen plataforma de lanzamiento, una como Presidenta del Comité Municipal y la otra como dirigente del sector de las mujeres. Una tercera, con dilatada carrera partidista, es Ivonne Salazar, quien ha sido nombrada delegada a la Asamblea Nacional tricolor a celebrarse en agosto.Van brotando.

    En tres y dos. Así se encuentra desde hace un mes el doctor Jorge Issa, Director Médico de Pensiones Civiles del Estado, quien desde que llegó al puesto entró en colisión con el Director General. Y presentó la renuncia pero no le fue aceptada y continúa esperando que lo manden a otro puesto. Es de los activos  del PAN, así que seguramente no irá a la banca.

     Pues no irá solo. A Javier Corral ya le salió sallo. Aunque lo niegue, y hará bien, pues negar es ley, es más que obvio que le encantaría  encabezar el frente amplio que quieren formar varios partidos para la presidencial de 2018.Pues antier le saltó Mancera, quien quiere lo mismo. Ante este panorama, el que debe estar feliz como lombriz es López Obrador, pues sin meter la mano la izquierda se divide más de lo que está, dado que el PRD es el principal impulsor del tal frente. Haber quiénes son los que suenan amplio. 

    Lorena Meléndez y Mario Pérez, dos meoquenses recientemente reclutados por Morena, pueden ser la dupla que busque la Alcaldía y la Diputación. Si se ponen de acuerdo le pueden sacar un susto a cualquiera, pues la Muñeca es aguerrida y conocida y el empresario goza de buena fama.Si les gana la envidia y el celo, adiós, Nicanor, como decía el inolvidable Luis Antonio Esparza.

    El rector de la UACH vino a nada. Vino sólo a formar quién sabe qué y se fue, no sin asestar el duro golpe de anunciar que no habrá rebaja de colegiaturas, leve esperanza que mantenían miles de padres de alumnos, que ante la realidad pintada por Fierro muchos tendrán que pensarla mejor antes de inscribir a sus  hijos y otros de plano olvidarse de hacerlo. Como si  la UACH viviera aún sus días de esplendor, cuando estaba clasificada como una de las mejores del país, hito que fue borrado por el rector anterior y por el actual. Tiempos idos. 

    Máximo Durán podrá ser muchas cosas, no todas gratas, pero de que es movido y tozudo, lo es y de sobra. Se le puso traer a Delicias el Campeonato Nacional de Beisbol 9-10, y lo ha conseguido, hazaña  no menor. Loor al Gladiador.  

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    Los Blasones de Manuel

    2017-09-21 23:28:28 | Carlos Gallegos

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    Con la magia de la imaginación retrocedamos al Delicias de los años 60s del siglo pasado.


        

    Carlos Gallegos Pérez

    Cronista del Municipio de Delicias

     

    Vemos a un muchacho trigueño, flaco, pelo crespo, vestido con modesto uniforme escolar, zapatos sin bolear, de mirada vivaz y sonrisa fácil.

     

      Sale de su casa en el Sector Sur, cerca de la escuela 80.Por las calles sin pavimento, encharcadas por una lluvia reciente, se encamina hacia la secundaria Leyes de Reforma cargando sus libros y cuadernos. Se detiene en cualquier esquina, en el Restaurante de Chuy el de la Fuente que le queda de pasada, en el Mercado Juárez, en La Aurora. De su mochila de lona tosca saca un arrugado cuaderno Polito, humedece con saliva la punta de un lápiz amarillo que lleva en la mano y escribe algo.

     

      No va haciendo la tarea. Va anotando cierta palabra, una frase que se le viene a la mente, capturando al aire alguna idea. Palabra, frase e idea que serán el inicio de un guión teatrístico: al que estamos siguiendo es a Manuel Talavera Trejo, embrión de un dramaturgo al estilo de los viejos maestros griegos, que caminando y escribiendo esculpían sus grandes obras.

     

    Es un poco distraído y a causa de su afición por la escritura callejera frecuentemente llega a la escuela después de que ha tocado el timbre. Pero la lleva bien con don Pepito, el amable conserje, quien conquistado por sus modos gentiles le abre la puerta haciéndose el desentendido, volteando hacia otro lado.A través del largo pasillo saluda y sonríe a la profesora Bertha Casas, a Abel Franco,  quien  le  recomienda que se faje la camisa, a Darío Payán, que algo le dice acerca de la clase de Historia, al director Miguel Mendoza, el Tariácuri, que lo mira con cierto gesto de fingida reconvención por su retardo: es otra víctima de sus dotes de sencillez y afabilidad.  

     

     Eso mismo, escribir sobre la marcha y llegar tarde, hará tres años después camino a la Prepa 20/30, nada más que ahora sobre la avenida Río Florido hasta llegar a la salida a Saucillo, donde está el plantel. Por la acera de enfrente de su casa lo ven pasar las muchachas Bejarano García,Beba,Rosa, Julia Alicia y Rebeca, lo mismo que Rogelio, reticente siempre a  ir a clases. También su papá, Presidente del Patronato de la que es nuestra máxima casa de estudios.

     

     Su cuaderno Polito ha mutado en una ordenada carpeta donde guarda sus apuntes, lo mismo que una libreta de taquigrafía en la que sigue plasma sus inspiraciones, sus sueños juveniles que habrán de convertirse en sus primeras obras teatrales.Va embebido, místico, venciendo el miedo natural de los autores ante la vista de la terrorífica hoja en blanco, reto diario a vencer, a llenar, en su caso con sus garabatos apresurados trazados a la cadencia de su paso.Ya de regreso en casa, sentado en una silla , enfrente de una mesa que hace las veces de escritorio, pulirá renglones, suprimirá otros, borrará frases, ocupando en ello largas horas, felices horas que se le escurren sin sentir, no pocas veces a costa las las tareas cotidianas, retando el  seguro regaño de sus profesores: Fernando Baeza, Moisés Pérez, Pedro Trejo, Filiberto Talavera, Alfredo Arvizu, Filemón Cervantes.Macario Guillén se ha dado por vencido aceptando que al futuro dramaturgo no le atrae su clase de Educación Física. Pocos son sus cómplices, entre ellos Alfredo Espinosa, que pergueña los textos que le abrirán la puerta del deleite de vivir para crear.

     

     También soportará las burlas y bromas pesadas de sus condiscípulos al verlo regañado y castigado, pues poco saben de la tarea de vida en la que se ha empeñado: subir al olimpo de la creación. Estoico aguantará el castigo. Al fin y al cabo, una vez más  ha vencido el supremo reto de la creación y pasará por alto que Bertha Rosete, Elsa Márquez, Rosita Casas, Julio García, Torino Osollo, Chory Ruiz Velázquez y otros sarcásticos similares lo hagan blanco de sus burlas al solazarse ante sus apuros. Él vive encantado en el mundo que se ha creado, dichoso en alguna banca de la Plaza de Lilas en que lo ha alcanzado el arrebato de la inspiración que le bulle en el cerebro y en la sangre de sus venas. Eso hará en las aulas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, en su nido de la Facultad de Filosofía y Letras, donde anidará cerca de cuarenta años, en las horas perdidas y robadas al estudio y a la cátedra, para ascender al universo ideal en que sus personajes ficticios cobrarán vida y serán carne y sangre como él.

     

       Conforme transcurrían los años afinaba un estilo que sería su identidad, su sello como dramaturgo, actor y director. Pasará por el crisol de las enseñanzas de sus grandes maestros, de sus lecturas sin fin, de sus horas y horas de escritura, de pasar la noche en vela pensando en un renglón o en una coma, en una palabra que le hace ruido y que estorba al cincel de su trabajo fino y cuidadoso. 

     

       En sus inicios, en el ímpetu de su adolescencia y temprana juventud, aterrorizaba a sus compañeros de pandilla, que en cuanto lo veían haciéndoles una seña para que se acercaran, sabían que se había arruinado un sábado de cine, de paseo nocturno por la Plaza de Armas, de una escapada a la nevería de moda. Sabían que, con habilidad pero con firmeza, los convocaría a que le ayudaran a  montar un escenario para la presentación de su más reciente trabajo teatrístico. “Muchachos”, les decía, “fíjense que van a tener que ayudarme a armar un tapanco de madera porque va a  haber teatro en la Sección 4”.

     

       Y había que ir a cargar tablones, a martillar clavos, a darle formar a un plató artesanal que mágicamente iba surgiendo de acuerdo a sus instrucciones. Para mejorar la acústica, según explicaba, era necesario construir una concha   de tablas sin desbastar, que las más de las veces, pues no había dinero para comprarlas, escamoteaban de  cualquier carpintería, sobre todo en la de Guerrero Jurado quien, cómplice en la vagancia, los dejaba hacer. Al terminar, sudados y cansados, les sobraba energía para asombrarse ante lo que habían creado: una concha de mar que expandía el sonido. 

     

       La Sección 4 era un local sindicalista donde se celebraban bailes de rompe y rasga, una especie de Salón México aún más bravo y peligroso, oloroso a cigarro y a pisto barato, a perfume y colorete. En cuanto terminaba la función había que desmontar todo y salir corriendo, pues los bailadores no entendían, como ellos, de artes escénicas, y a lo que  iban iban.

     

       Un peso, uno cincuenta, dos, era el precio de la entrada, caudal que les cabía en una mano y que generalmente era destinado a pequeños trabajos de reparación de alguna escuela que necesitaba la aportación de la sociedad civil, en este caso de los teatreros de Manuel.

     

      Estas andanzas, más las que emprendía en incipientes, en nacientes organizaciones afines con su vocación, fueron los pininos de Manuel en el mundo que le heredaron Esquilo, Sófocles, Eurípides, Lope de Vega, Moliére, Cervantes, Usigli, Seki Sano, Carballido, Luisa Josefina Hernández, Leñero, Víctor Hugo Rascón Banda, Perla de la Rosa, Edilberto Galindo,  Fernando Saavedra. También Filiberto Talavera, el guía artístico de los preparatorianos delicienses de sus tiempos mozos los que, diría después, añoraba con fiereza y llanto, con feliz recuerdo, con inmensas ganas de que se hiciera realidad aquella frase de La Barca sin Pescador, unas de las primeras  puestas en escena que estelarizó :”Hay, quién pudiera vivir dos veces”.

     

    Ahora que al Teatro de la Ciudad, el teatro de sus sueños, se le adicionará su nombre, es ocasión ideal para recordar que ahí se estrenó la mayoría de sus creaciones, ya que siempre, por sobre todo, privilegió ese recinto ante otros de mayor renombre: los de la capital del Estado, de ciudad Juárez, de Guanajuato, de la ciudad de México, de Buenos Aires y, ya es decir mucho, de Valdivia, la capital continental de la cultura. Los premios que recibió en Puebla, Nuevo León, Estados Unidos, España,Cuba y Puerto Rico, por mencionar los principales, quedan en la alforja del rico botín que obtuvo a lo largo de su vida terrenal y que lo ha inmortalizado al trascender a eternidades destinadas a almas buenas como la de él, nuestro querido Manuel.  

     

    Sus obras, directas, llanas, cortas, intensas, plenas de magia e imaginación, están el directorio perenne de la teatrísctica mexicana. Donde Canta la Gallina, Novenario, Mano Dura, Amores de Lejos, Voces en el Umbral, La Silueta en el Cristal y la Fundación, en la que rinde homenaje  puntual y magistral a los hombres y la mujeres que soñaron y crearon Delicias, son botones de muestra de su vasta producción, que abarca la dirección de actores de talla y, lo que le causaba más orgullo, su actuación en el cine experimental de Urrutia, el pionero del séptimo arte regional que aún es extrañado en Rosales, donde su obra es objeto de culto.  

     

    Su amigable figura, la excelsitud de su arte, la savia de su creación, se leen para siempre en las páginas de oro de Delicias, a la que dedicó gran parte de su talento e inspiración, de ahí que al agregar su nombre a nuestro máximo recinto cultural, que fue construido por todos y para todos, en un esfuerzo ciudadano épico y hasta hoy irrepetido, sea un acto de justicia, de reconocimiento y de admiración hacia uno de sus hijos preclaros que supo, quiso y pudo llevar su maestría a los los escenarios más modestos y a los más renombrados.

     

    Manuel, yo firmo este artículo, pero bien lo pudo hacer cualquiera de tus condiscípulos y amigos de la secundaria y la preparatoria, para los que fuiste un faro cuya luz invitaba a seguirte. Si alguno no conoció ni aquilató tu aportación a la cultura de Delicias, seguramente fue porque en los avatares de la vida no conoció tu estela de éxitos en el mágico mundo de la actuación, la dirección y la creación teatrística.

     

    Teatro de la Ciudad Manuel Talavera Trejo, blasón del Delicias de ayer, de hoy y de mañana. 

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