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  • Demonios sucesorios

    2017-06-20 17:33:20 | El Pionero

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    Las elecciones del pasado 4 de junio fueron el banderazo de la sucesión presidencial.Todavía no se secaba la tinta en las actas de escrutinio cuando, en diferentes partidos, se desataron las ambiciones.


        

    La única fuerza política exenta de escaramuzas para designar a su candidato presidencial es Morena. Ahí no hay debate interno y, por lo tanto, no habrá sorpresa. Quien aparecerá en su respectivo cuadro en las boletas será Andrés Manuel López Obrador.

     

    En cambio, en los otros tres partidos grandes –PAN, PRI y PRD, por orden de registro–, los demonios andan sueltos.

     

    El que los ha conocido por más tiempo es Acción Nacional. Hace ya dos años que comenzó la conflagración interna, de la que son principales protagonistas Margarita Zavala y Ricardo Anaya.

     

    Pero, desde entonces, otros cuatro aspirantes a la nominación se han anotado en la lista. Los cito por orden de aparición: Rafael Moreno Valle, Ernesto Ruffo, Juan Carlos Romero Hicks y Luis Ernesto Derbez. Y es probable que se sume un séptimo jugador: Miguel Márquez, gobernador de Guanajuato.

     

    En el PRD caminó en solitario durante mucho tiempo el jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera.

     

    Sin embargo, éste ya tiene compañía: los gobernadores Graco Ramírez y Silvano Aureoles. Este último llevó a cabo una gira en medios, la semana pasada, para dar a conocer sus intenciones.

     

    Y no ha faltado quien mencione como potencial aspirante al telegénico excandidato a la gubernatura del Estado de México, Juan Zepeda.

     

    En el PRI, la cosa estaba aparentemente tranquila hasta el pasado fin de semana.

     

    Por supuesto, ha habido, casi desde inicio de sexenio, toda clase de versiones en los medios sobre quién podría ser el candidato presidencial de ese partido en 2018.

     

    Muy temprano aparecieron como punteros del juego sucesorio los secretarios Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray. Seguramente usted recordará aquella foto que acompañaba el reportaje de la revista estadunidense Time, de febrero de 2014, en la que aparecía el presidente Enrique Peña Nieto flanqueado por ambos.

     

    Luego, por distintas razones y en diferentes coyunturas, se han ido agregando otros nombres a la lista de los tapados del PRI: Aurelio Nuño, José Antonio Meade, Claudia Ruiz Massieu, José Calzada Rovirosa, José Narro, Enrique de la Madrid y Eruviel Ávila.

     

    Lo que se dio a conocer este fin de semana fue la integración de un grupo de políticos priistas que reclama –muy al estilo de lo que sucedió hace 30 años con la aparición de la Corriente Democrática– la apertura del proceso para elegir al candidato.

     

    Como lo contó ayer en estas páginas mi compañera Leticia Robles de la Rosa, el grupo de 89 liderazgos del tricolor, y que es conocido por el nombre de Alianza Generacional, tuvo una reunión el viernes pasado, en la que se habló de lograr la democracia interna y empujar la elección de un candidato presidencial con el consenso de las bases.

     

    De acuerdo con el borrador de sus documentos internos, publicados ayer por Excélsior, el grupo se propone impulsar la reflexión, la autocrítica y la propuesta dentro del PRI, y condena la corrupción de “quienes han llegado al gobierno para servirse y no para servir a la gente que los eligió”.

     

    El mismo texto agrega: “Es pertinente recordar que sólo la capacidad de inclusión mayoritaria de un sistema puede garantizar su sobrevivencia, y que el grado de exclusión mayoritaria que padezca es igual a su decadencia”.

     

    En el grupo destaca la participación de la exgobernadora de Yucatán y exsecretaria general del partido, Ivonne Ortega, pero no sería raro que los 89 firmantes sean la infantería de un colectivo del que también forman parte distintos generales, quienes se mantienen aún en la retaguardia esperando las reacciones a esta primera cargada.

     

    Digo que no sería raro porque la última vez que la base priista aceptó sin chistar el dedazo presidencial en la selección del candidato del partido fue en el lejano 1982, cuando José López Portillo escogió, por sí y ante sí, a Miguel de la Madrid como sucesor.

     

    Y aquel era un tiempo en el que ser designado candidato era equivalente a llegar a Los Pinos. De 1988 a la fecha, cuando ha habido Presidente de la República surgido del PRI, se ha generado turbulencia a la hora de nombrar al candidato.

     

    Hasta dónde llegue este grupo de inconformes está aún por verse. Pero quien pensaba que Enrique Peña Nieto podría tomar la decisión de quién será el candidato tricolor, sin barullo de por medio, por lo visto estaba equivocado.

     

    Pascal Beltrán del Río/Excelsior

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    El agua y el aceite sí se mezclan

    2017-12-10 09:13:18 | El Pionero

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    El Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.


        

    Y para sorpresa de propios y extraños se concretó oficialmente la coalición electoral entre el PAN, PRD y Movimiento Ciudadano. El antes Frente Ciudadano por México, desde ayer tiene otro nombre. Le quitaron lo ciudadano y lo dejaron como: “Por México al Frente”, que fácilmente puede confundirse con “Al Frente por México”, “México al Frente”, “El Frente de México”, “Todo de Frente” o “Voy de Frente y no me quito”.

     

    No se puede regatear que tras mucha sospecha, escepticismo y dudas razonables, estos partidos rompieron la regla de la física de que el agua y el aceite no se mezclan. Por el contrario, dieron una prueba irrefutable que los polos opuestos se atraen, que el pragmatismo venció una vez más a la ideología, que más vale decir aquí pactó, que aquí quedó en tercer lugar y que el interés tiene pies partidistas.

     

    ¿Qué puede surgir de este matrimonio por interés? La respuesta es de pronóstico reservado, pero las apuestas serán más cautelosas porque el Frente demostró que haberse repartido los bienes de forma anticipada y haber afinado los detalles del contrato prenupcial fueron suficientes para que ese arroz se cociera.

     

    Eso sí, para que la coalición fuera posible, el PRD tuvo que renunciar a que de sus filas saliera el candidato presidencial. No podía ser de otra manera, las cifras no le daban. Si bien Miguel Ángel Mancera ha demostrado que puede ser un buen candidato, no se puede decir lo mismo de su gestión como jefe de Gobierno. ¿Cómo podía ser el abanderado del Frente cuando en la propia ciudad que gobierna tiene tan baja aprobación? ¿Cómo abanderar un esfuerzo político si en la CDMX Morena ha ido creciendo, aprovechándose de su mal desempeño como gobernante?

     

    También hay que reconocer el trabajo del presidente de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, quien, como fiel Sancho, salió a defender a su Quijote Anaya cuando Mancera hizo un movimiento inesperado diciendo que quería ir por la grande. Además, debe agradecérsele a Alejandra Barrales, quien fungió como punching bag de las tribus perredistas que estaban decididas a dinamitar al Frente.

     

    Pero entonces queda Ricardo Anaya, de quien se da por un hecho que será el candidato panista. Pero, ¿qué tiene el queretano? No basta ser inteligencia para ganar. Carlos Castillo Peraza fue un panista brillante, pero llevó al PAN al sótano de las preferencias en las elecciones de 1997 para jefe de Gobierno del Distrito Federal. Tampoco es suficiente haber vencido a sus enemigos políticos internos. Cuando Arturo Montiel ganó la candidatura del PRI en 2005, sus “amigos” de partido no se lo perdonaron y filtraron a los medios las numerosas propiedades de Montiel y los negocios millonarios de sus hijos. Lo que pasó después es historia, pero deja claro que dejar heridos en el camino tiene un costo.

     

    Anaya tiene todavía en la espalda el escándalo de enriquecimiento personal y de su familia. Aunque el panista se ha dedicado a señalar que todo es parte de una campaña orquestada desde el gobierno, también ha quedado claro que es tan vulnerable como cualquier otro político. Además, Anaya no se caracteriza por su carisma, y ése no se puede desarrollar ni adquirir de la noche a la mañana.

     

    ¿Qué pasará entonces? La oficialización de la candidatura presidencial de Anaya al frente del Frente; los pleitos de las tribus al interior del PRD para repartirse las candidaturas que les tocan, pero, sobre todo, la Jefatura de la Ciudad de México y la última última última definición sobre el futuro de Miguel Ángel Mancera, porque aunque ayer dijo que se quedaba en el gobierno capitalino, esto apenas comienza y todo puede suceder.

     

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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