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  • Analgésicos comunes están relacionados con mayor riesgo de ataques cardiacos, según estudio

    2017-05-19 08:20:32 | El Pionero

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    Aunque sean de venta libre, los analgésicos comunes (o medicinas antiinflamatorias no esteroideas) están relacionados con un mayor riesgo de sufrir ataques cardiacos, según un nuevo estudio.


        

    La probabilidad de experimentar un ataque cardiaco aumentó en promedio entre un 20% y un 50% comparado con alguien que no toma esos medicamentos, independientemente de la dosis y del tiempo durante el cual se tomen los medicamentos, afirma la investigación.

    Los resultados son observacionales y están basados en una asociación con medicinas que, sin embargo, no han probado ser causa directa de los infartos.

    Ese grupo de medicamentos incluyen el ibuprofeno, diclofenaco, celecoxib y naproxeno, que se venden sin o con fórmula médica en altas dosis, para aliviar el dolor o la fiebre causada por varios factores, como un resfriado, un dolor de cabeza, dolor de espalda o cólicos menstruales. Esa amplitud de usos implica que también son tomados cada vez que se necesita, por cortos periodos de tiempo.

    De acuerdo con la investigación, el nivel de riesgo aumentó solo una semana después de comenzar a usar cualquiera de las drogas en esa categoría y en cualquier dosis, y el riesgo asociado con tomar dosis más altas fue mayor en el primer mes.

    “Encontramos que todos los medicamentos antiinflamatorias no esteroideos comparten un riesgo más alto de sufrir ataques cardiacos”, dijo Michèle Bally, epidemióloga del Centro de Investigaciones del Hospital de la Universidad de Montreal, quien lideró el estudio. “Se cree que el naproxeno tiene el riesgo cardiovascular más bajo (entre todos esos medicamentos), pero no es cierto”.

    La conclusión general de los investigadores fue que tomar cualquier dosis de esos medicamentos por una semana, un mes o más tiempo está relacionado con un mayor riesgo de sufrir ataques cardiacos.

    El riesgo parece disminuir cuando los analgésicos dejan de tomarse, con un ligero descenso en el siguiente mes a su uso y un gran descenso, cayendo por debajo del 11%, entre 30 días y 1 año después de su uso.

    Con base en la investigación, publicada este martes en la revista BMJ, el equipo de Bally sugirió que los médicos y los pacientes consideren los potenciales daños y beneficios antes de recurrir a esos medicamentos para tratar enfermedades.

    “La gente minimiza los riesgos porque los analgésicos son de venta libre y no leen las etiquetas”, dice Bally. ¿Por qué no considerar todas las posibilidades de tratamiento? Cada decisión terapéutica es un balance de beneficios y riesgos”.

    La mayor causa global de muertes

    Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa global de muertes, según la Organización Mundial de la Salud, con el 80% de todos los fallecimientos en esa categoría debidos a ataques cardiacos y accidentes cerebrovasculares o derrames cerebrales.

    Se calcula que cada año, 735.000 personas tienen un ataque cardiaco en Estados Unidos. En el Reino Unido, más de 200.000 de las visitas que cada año se hacen al hospital tienen que ver con un ataque cardiaco.

    Estudios previos mostraban que ese tipo de analgésicos comunes podrían incrementar el riesgo de sufrir un ataque cardiaco, conocido como infarto de miocardio.

    En el 2015, la Administración de Productos Alimentarios y Farmacéuticos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), pidió a las compañías farmacéuticas que actualizaran las advertencias en las etiquetas de sus productos para identificar el mayor riesgo de ataque cardiaco o derrame cerebral.

    Sin embargo, hay menos claridad sobre cuestiones específicas relacionadas con el momento en que se toman los medicamentos, las dosis y la duración del tratamiento.

    Bally y su equipo revisaron todos los estudios disponibles sobre ese tema en bases de datos de Canadá y de Europa y analizaron los casos de 446.763 personas, de las cuales 61.460 habían sufrido un ataque cardiaco.

    El equipo se fijó en el uso por muy poco tiempo y en cualquier dosis. “En la vida real, la gente usa drogas en dosis bajas y las usa y deja de usar todo el tiempo”, dice la experta. Según ella, eso no se refleja en muchos estudios clínicos en los que, por ejemplo, las personas suelen ser monitoreadas por un uso prolongado de esos medicamentos.

    Al usarlos por una semana, el mayor riesgo estuvo asociado con el rofecoxib, seguido del diclofenaco, el ibuprofeno y el celecoxib. Todos, menos el celecoxib, tuvieron niveles similares de riesgo, con cerca de un 50% más de posibilidades de sufrir un infarto, sin importar la dosis.

    En dosis altas, que por lo general requieren prescripción médica, algunas drogas pueden tener incluso un riesgo mayor si se usan entre una semana y un mes. Por ejemplo, el naproxeno mostró un 75% más de posibilidades en el primer mes de tratamiento, con dosis iguales o mayores a 1.200 miligramos por día, y mostró un 83% más de posibilidades con dosis mayores de 750 miligramos por día, cuando se toma por un periodo de tiempo que va entre una semana y un mes.

    Sin embargo, el riesgo disminuyó cuando los analgésicos se tomaron por más de un mes.

    Cada año se venden millones de pastillas de esos medicamentos, recuerda Bally.

    Asociación, no causalidad

    Los investigadores reiteran que los hallazgos son puramente observacionales, pues solo usaron información disponible sobre ciertas poblaciones. Según ellos, no todos los factores que potencialmente influyen deben ser tenidos en cuenta.

    Stephen Evans, profesor de farmacoepidemiología de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, comenta que algunos factores relacionados con el estilo de vida, como fumar o el índice de masa corporal, no están disponibles en la información que se tomó de los participantes en el estudio. “Eso genera incertidumbre”, dice.

    El uso del tabaco, una dieta poco saludable, el abuso del alcohol y la hipertensión son solo algunos de los muchos factores que pueden causar un ataque cardiaco.

    Esa incertidumbre, mezclada con la naturaleza observacional de los hallazgos generales, significa que no puede explicarse la causa del aumento del riesgo, así como tampoco se puede relacionar de manera directa a esas drogas como la causa de ataques cardiacos.

    Riesgo relativo, no absoluto

    "La investigación tiene buena evidencia de que hay existe algún riesgo de ataque cardiaco por usar todos los analgésicos comunes y sugiere que el riesgo comienza tan pronto empiezan a ser tomados, pero solo se expresa en términos relativos”, dice Evans, quien no participó en el estudio. “No hay una descripción clara sobre el riesgo absoluto”.

    Los hallazgos están basados en las posibilidades de sufrir un ataque cardiaco en las personas que toman esos medicamentos, comparado con aquellas que no los toman. Si el riesgo ya era bajo en alguien, un aumento de entre 20% y 50% no es causa de gran preocupación.

    “Los riesgos son relativamente pequeños y para la mayoría de las personas que no tienen un alto riesgo de ataque cardiaco, esos hallazgos tienen implicaciones mínimas”, asegura Evans.

    También es posible que las personas que tomen esos medicamentos tengan desde antes mayores riesgos que las que no los toman, explica. Por ejemplo, la razón por la que a alguien le prescriben analgésicos comunes, como un dolor severo, puede ser también la razón por la que poco después tenga un ataque cardiaco. Así que aunque el estudio muestra el aumento del riesgo tan pronto se comienzan a tomar, las relaciones no son tan claras como se sugiere, dice Evans.

    “Todas las medicinas efectivas tienen efectos no deseados y estas drogas analgésicas comunes, aunque se consiguen muy fácilmente, no están exentas de algunos riesgos, pero este estudio no debe ser una razón para provocar ansiedad en la mayoría de usuarios de estos medicamentos”, afirma.

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    Científicos transfieren recuerdos entre seres vivos

    2018-05-24 17:24:27 | El Pionero

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    Biólogos de la Universidad de California-Los Ángeles transfirieron por primera vez un recuerdo entre dos seres vivos creando una memoria artificial inyectando ARN de uno a otro


        

    CIUDAD DE MÉXICO.

    Biólogos de la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA) transfirieron por primera vez un recuerdo entre dos seres vivos, en concreto, de un caracol marino a otro, creando una memoria artificial inyectando ARN de uno a otro. La investigación se publicó en 'eNeuro', la revista en línea de la Society for Neuroscience.

    El ARN, o ácido ribonucleico, fue ampliamente conocido como el 'mensajero' celular que fabrica proteínas y lleva a cabo las instrucciones del AND a otras partes de la célula. Ahora se entiende que tiene otras funciones importantes además de la codificación de proteínas, incluida la regulación de una variedad de procesos celulares implicados en el desarrollo y la enfermedad.

    Para lograr esta hazaña, los investigadores aplicaron leves descargas eléctricas a las colas de una especie de caracol marino llamado 'Aplysia'. Los caracoles recibieron cinco descargas de cola, una cada 20 minutos, y luego cinco más 24 horas después.

    Los impactos mejoraron el reflejo defensivo de retirada del caracol, una respuesta que muestra para protegerse de posibles daños. Cuando los investigadores tocaron los caracoles, encontraron que aquellos a los que se les había administrado los amortiguadores mostraban una contracción defensiva que duraba un promedio de 50 segundos, un tipo simple de aprendizaje conocido como "sensibilización". Aquellos a los que no se les había administrado los amortiguadores se contrajeron durante solo un segundo.

    Esto es lo que pasa en tu cerebro si vives en depresión constante 

    Los científicos extrajeron el ARN del sistema nervioso de los caracoles marinos que recibieron los choques de la cola el día después de la segunda serie de choques, y también de los caracoles marinos que no recibieron ningún impacto. Luego, el ARN del primer grupo (sensibilizado) se inyectó en siete caracoles marinos que no habían recibido ningún choque, y el ARN del segundo grupo se inyectó en un grupo control de otros siete caracoles que tampoco habían recibido ningún choque.

    Sorprendentemente, los científicos descubrieron que los siete que recibieron el ARN de los caracoles a los que se aplicaron los amortiguadores se comportaron como si ellos mismos hubieran recibido los golpes de cola: exhibieron una contracción defensiva que duró un promedio de aproximadamente 40 segundos. Como se esperaba, el grupo de control de caracoles no mostró la contracción prolongada. "Es como si transfiriéramos la memoria", señala el profesor de Biología y Fisiología Integradas y de Neurobiología de la UCLA David Glanzman, también autor principal del estudio y miembro del Instituto de Investigación Cerebral de la Universidad.

    A continuación, los investigadores agregaron ARN a placas de Petri que contienen neuronas extraídas de diferentes caracoles que no recibieron descargas. Algunos platos tenían ARN de caracoles marinos a los que se les había aplicado descargas eléctricas en la cola, y algunos platos contenían ARN de caracoles a los que no se les había administrado descargas. Algunos de los platos contenían neuronas sensoriales y otros contenían neuronas motoras, que en el caracol son responsables del reflejo.

    Cuando a un caracol marino se le aplican descargas eléctricas en la cola, sus neuronas sensoriales se vuelven más excitables. Curiosamente, los investigadores descubrieron que agregar ARN de los caracoles a los que se les había administrado descargas también producía una mayor excitabilidad en las neuronas sensoriales de una placa de Petri; no lo hizo en las neuronas motoras. Agregar ARN de un caracol marino al que no se le administraron descargas de cola no produjo esta mayor excitabilidad en las neuronas sensoriales. 

    APLICACIONES EN HUMANOS: ALZHEIMER O TRAUMAS

    En el campo de la neurociencia, durante mucho tiempo se ha pensado que los recuerdos se almacenan en sinapsis (cada neurona tiene varios miles de sinapsis). Pero Glanzman tiene una visión diferente, ya que cree que los recuerdos se almacenan en el núcleo de las neuronas.

    Si los recuerdos se almacenan en las sinapsis, no hay forma de que nuestro experimento haya funcionado", cuestiona Glanzman, que considera que el caracol marino es un modelo excelente para estudiar el cerebro y la memoria.

    Para Glanzman, los científicos saben más sobre la biología celular de esta forma simple de aprendizaje en este animal que cualquier otra forma de aprendizaje en cualquier otro organismo. Los procesos celulares y moleculares parecen ser muy similares entre el caracol marino y los humanos, a pesar de que el caracol tiene alrededor de 20.000 neuronas en su sistema nervioso central y se cree que los humanos tienen alrededor de 100.000 millones.

    Según indica Glanzman, es posible que en el futuro el ARN se pueda utilizar para despertar y restablecer recuerdos que han estado inactivos en las primeras etapas de la enfermedad del Alzheimer o por trastornos de estrés postraumático.

    Tanto él como sus colegas publicaron investigaciones en la revista 'eLife' en 2014, indicando que se pueden restaurar los recuerdos perdidos. A pesar de que existen muchos tipos de ARN, Glanzman pretende identificar los tipos de ARN que pueden usarse para transferir recuerdos en investigaciones futuras.

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