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  • Los errores de padres malvavisco, aquellos que no ponen límites

    2017-05-16 17:07:01 | El Pionero

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    Tienen entre 30 y 45 años, son incapaces de decir no a sus hijos, son permisivos y no tienen jerarquía en su casa


        

    Por ser permisivos y condescendientes en la educación de sus hijos, a quienes no les ponen límites, los especialistas los definen como padres malvavisco.

    En entrevista con Excélsior, la directora del Centro de Especialización en Estudios Psicológicos de la Infancia (CEEPI), Claudia Sotelo Arias, señaló: “Un padre malvavisco, ya sea la mamá, el papá o ambos, es un padre que es suave como un bombón, dulzón con los hijos, porque no tiene claros los límites.

    No representa una figura de autoridad para el niño o la niña y se le dificulta poner hábitos o incluso hacer que los hábitos se cumplan”.

    La investigadora explica que se trata de padres que tienen entre 30 y 45 años y que generalmente fueron educados dentro de esquemas muy rigurosos que no desean aplicar a sus hijos.

    “Estamos hablando de padres que están tratando de modificar estos moldes cuadrados con los que fueron educados, como cuando con una sola mirada tu papá te regañaba. El problema es que se está cayendo en extremos, porque le tienen miedo al sufrimiento del niño y todo lo negocian siendo permisivos”.

    La sicóloga señala que este tipo de padres son profesionistas y trabajan, por lo que buscan compensar a los hijos complaciéndolos, sin establecer una disciplina.

    Si el niño no quiere comer lo que hay en casa, le compran lo que pide. Si no se quiere dormir a la hora que le corresponde, se lo permiten. No le fomentan hábitos”, señaló la directora del CEEPI.

    Añade que otro error que se comete es el hecho de ponerse al nivel del niño, porque los hijos deben aprender que dentro de las familias existen jerarquías y que los padres son los responsables y son quienes cuidan y protegen a los infantes.

    “Como no toleran el sufrimiento de sus hijos, siempre les dan la posibilidad de algo más. Si tienen mal comportamiento, responsabilizan a los maestros, a los abuelos o a quienes los cuidan.

    Les temen a sus hijos porque le temen al enojo, al berrinche o a la reacción si les dicen que no, y esto es un error. En el niño se debe fomentar el sentimiento de frustración para poder enfrentar la vida”, indicó.

    Claudia Sotelo Arias señala que los padres malvavisco no tienen la conciencia de que sin disciplina y sin reglas no están educando al niño para enfrentar al mundo.

    “El problema no sólo se sufrirá en el hogar, sino en la convivencia con otras personas. No se trata de ser autoritarios ni de imponer, se trata de ser una figura de autoridad siendo padres comprensivos y flexibles, sin afectar al niño”, explicó la sicóloga.

    SIN TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

    De acuerdo con la maestra Susana Salazar Gómora, coordinadora del CEEPI, los hijos de padres malvavisco son niños que no logran desarrollar una tolerancia a la frustración y rivalizan en la escuela o en la familia porque no están acostumbrados a recibir una negativa como respuesta.

    “Son niños que van a hacer berrinche ante un no, son niños que siempre van a buscar que los padres puedan complacerlos en todo y donde estén.

    Son niños que dentro de la escuela no siguen normas y sin importar el grado escolar no logran trabajar con sus compañeros de clase”, detalla.

    La especialista en estudios de desarrollo infantil comenta que debido a la falta de reglas y de hábitos los niños también presentan trastornos alimenticios y del sueño.

    Salazar Gómora, señala que los hijos de padres malvavisco también corren el riesgo de ser rechazados por su comportamiento en su entorno de convivencia habitual.

    “Hay que poner atención: si de los tres a los ocho años el berrinche es su forma de comunicación, ya estamos hablando de un foco rojo”.

    Explica que si no se detiene este tipo de comportamiento, los hijos de padres malvavisco tendrán una adolescencia y una etapa adulta complicada.

    “Cuando un niño sin capacidad de frustración llega a la adolescencia, se vuelve más agresivo y pueden hasta agredir a los maestros.

     

    “Además, son jóvenes que no tienen buen rendimiento escolar constante y que son proclives a las adicciones”.

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    Luis Miguel, nos nos dejes así

    2018-07-16 08:49:55 | El Pionero

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    Netflix se despide de uno de los grandes éxitos del año: la primera temporada de la serie sobre la vida del cantante. Así ha sido el último capítulo y el culebrón que ha mantenido en vilo a México cada domingo


        

    Hacía demasiados años que Luis Miguel no estaba tan presente en la vida mexicana como en estos últimos cuatro meses. La serie sobre la vida del cantante ha sobrevivido a domingos de debates electorales en prime time, unas elecciones presidenciales y hasta un Mundial. Ha marcado los temas de conversación de cualquier sobremesa y ha conseguido que en las discotecas pinchen, después de un tema de Daddy Yankee, su himno: Culpable o no, una balada de 1988. Este domingo se ha terminado la primera temporada de la serie y con ella se escapa —de momento— uno de los culebrones que ha mantenido en vilo a México y parte de Iberoamérica cada domingo.

    Así como Luis Rey se ha convertido en El villano de México, Marcela Basteri (su madre) y su desaparición han sido desde el pasado 22 de abril el dolor de cabeza de millones de espectadores. El artista había prometido contar "la única verdad" sobre su vida privada y puede que no hubiera un episodio más siniestro que la explicación de por qué su madre lo abandonó y cuál fue su destino. Los capítulos pasaban y la paciencia del público se iba agotando. Hasta ahora.

    En 1986 Marcela viaja a la casa que tenía el matrimonio en Madrid para ver a su hijo. Luis Rey le había prometido que se encontraría con él después de meses sin verse. Pero lo que su marido quería realmente era solo una cosa: una firma para conseguir un contrato millonario con una discográfica. Luis Miguel no está ahí y pronto se da cuenta de que su expareja, un manipulador, machista y violento, le había vuelto a mentir. Rey cierra la puerta con llave. Marcela no volvió a salir de ahí.

    En este capítulo 13, Luis Miguel, contra todo pronóstico, viaja a un hospital de Madrid para ver a su padre en 1992. Y el último episodio se une así con el primero: se está muriendo. Mencionan que la enfermedad que consume a Luis Rey "tiene mala fama", es probable que fuera sida. Y su hijo abandona la gira más importante de su carrera, cruza el Atlántico, y se aferra a la cama de hospital no por el amor a su padre, no porque le haya perdonado: sabe que él es el único que conoce la verdad sobre lo que le sucedió a su madre. Esta escena es la más impactante de toda la serie. 

    —¿Por qué me niegas algo que yo sé que tú sabes?, ¿sabes el daño que me hace esto a mí?

    Le suplica destrozado Luis Miguel a su padre. Luis Rey está a pocos minutos de morirse. El personaje más odiado, pero también el más respetado por una interpretación única del actor español Óscar Jaenada, se despide en este episodio y con él se esfuma también uno de los pilares de la serie. Un papel que había conseguido seducir a los espectadores hasta tal punto de que en cada rincón de México imitaran su acento gaditano y su "coño, Mickey". Con los pómulos afilados por la extrema delgadez, ojeras malva y voz de ultratumba se dirige por última vez a su hijo. Cualquier espectador cree haber llegado al momento culmen, al segundo exacto donde quería que le llevara la serie 12 capítulos atrás. Rey se quita la mascarilla de oxígeno y le responde, por fin.

    —Tú ya sabes dónde está.

    Muere. Luis Rey se ha muerto. Al capítulo le quedan cinco minutos y todavía no se sabe nada de la madre de Luis Miguel. Su hijo escupe lo que opinan en ese momento muchos espectadores: "¡Hijo de puta!". 

    Hugo López, su máganer y hombre más cercano al cantante, intenta calmarlo. Saca de su maletín una carpeta y, de repente, ese gesto levanta la trama que parecía haberse hecho añicos un minuto antes: "Pensé que te lo diría tu padre". Es un informe del Mossad, la agencia de investigación israelí que habían contratado para la búsqueda

    —Encontraron a tu madre.

    Luis Miguel, interpretado por Diego Boneta, llora incrédulo. Nunca abren la carpeta. No desvelan si está viva o muerta, si se volverán a ver. Tendrán que emitir una segunda temporada —Netflix no lo ha confirmado— para desvelar de una vez el misterio ante una parte del público que se ha sentido decepcionada por este final. Y la banda sonora del episodio los acompaña: No me puedes dejar así.

    De la pantalla a los escenarios

    La ficción ha llegado a su fin este domingo. Pero mientras Luis Miguel: la serieconseguía todo; el cantante real estaba cosechando también los mayores beneficios de taquilla que había tenido en los últimos años, con una gira por México, España y Estados Unidos. Un trampolín perfecto, han llegado a comentar muchos críticos, para un artista en la cuerda floja —demandas millonarias, años sin sacar un solo éxito, cancelaciones de conciertos—.

    Incluso las nuevas generaciones, alérgicas a los boleros, se acercan ahora a él como el Elvis latino al que todavía pueden ver sobre un escenario. Habrá que esperar a que se diluya el furor de la serie para comprobar si el artista es capaz de no volver a defraudar a un público entregado como en su mejor época. 

    ISSABELA CAMIL Y MICHELLE SALAS

    El episodio final de esta primera temporada también toca dos puntos importantes en la vida del cantante. Uno es su reconciliación con quien fuera su primera pareja estable —después de una relación adolescente con la fotógrafa Mariana Yazbek—, Issabela Camil. Y otro, la hija que tuvo cuando era muy joven con la modelo Stephanie Salas, Michelle Sallas, que ahora tiene 28 años.

    La serie, producida y supervisada por el cantante, muestra en una escena del final cómo Luis Miguel le pide a Camil matrimonio. No se lo dice tal cual, pero le da a entender que quisiera que formaran una familia. Ella decide pensárselo. Acaba de conocer la noticia de que tiene una hija secreta y él está a punto de enterrar a su padre.

    Aunque la serie muestra que Luis Miguel reconoce a Michelle como su hija en 1992, cuando ella apenas tenía dos años, siempre lo negó públicamente hasta que cumplió la mayoría de edad, en 2008. 

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