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  • ¿Problemas de sobrepeso? Hierba tóxica podría ser la cura

    2017-04-18 08:19:54 | El Pionero

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    Investigadores chinos explican que químico celastrol, de la planta La Vid del Dios Trueno, podría usar sin riesgo; regula el metabolismo de células para reducir el peso


        

    CIUDAD DE MÉXICO

    Una solución para curar el sobrepeso podría ser la hierba tóxica llamada La Vid del Dios Trueno, descubrió un grupo de científicos chinos de la Universidad de Xiamen.

    El responsable de la investigación del equipo del Instituto de Investigación Biomédica de esa unidad, Zhang Xiaokun, explicó al diario China Daily que el celastrol, compuesto químico que se extrae de la hierba, se puede regular el metabolismo celular para ayudar a las personas a perder peso.

    Aseguró que esto se podría lograr con la eliminación de las mitocondrias inflamadas (generadoras de energía) de las células gracias al celastrol, el cual, de acuerdo con la revista Célular Molecular, es uno de los cinco compuestos herbales que tienen un gran potencial para tratar enfermedades incurables.

    El celastrol podría ser una poderosa herramienta para tratar a pacientes que sufren de obesidad y dolencias asociadas, como diabetes, hígado graso o enfermedades cardíacas”, afirmó Xiaokun.

    “Éste es un gran paso para convertir el celastrol en una medicina segura para los seres humanos”, agregó.

     

    La Vid del Dios Trueno es una hierba china que durante siglos ha sido usada para tratar la artritis y otras enfermerdades; sin embargo, el celastrol extraído para ello es mínimo ya que puede ocasionar graves problemas salud.

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    La sociedad del cansancio

    2017-04-09 11:50:24 | El Pionero

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    ¿No será que el principal problema son los estímulos desordenados? Es buen momento para reflexionar.


        

    Estamos por comenzar la Semana Santa. Se trata de la primera “pausa oficial” del año, con los respectivos días de descanso. Hemos vivido tres meses sumamente intensos en México y en el mundo: amenazas de Trump a nuestro país, sobrerreacción de los medios y de las redes ante el mismo fenómeno, ataques terroristas, predicciones de distinta índole sobre el tipo de cambio y los muy recientes bombardeos a Siria, por mencionar sólo algunos ejemplos.

    Apenas estamos comenzando abril, y ya se percibe un cierto “cansancio social”, como si estuviéramos en el mes diez u once del año.

    Me viene a la memoria una interesante reflexión de Byung-Chul Han, un importante filósofo contemporáneo. Según él, hace algún tiempo el occidente estaba fundado en una “sociedad disciplinaria”, protagonizada por “sujetos de obediencia”, lo que ha sufrido una paulatina transformación hacia lo que denomina “sociedad del rendimiento”, cuyos actores principales son “sujetos de control”.

    En la sociedad del rendimiento existen pocos o nulos límites; el sujeto tiene capacidad de alcanzar infinitas posibilidades. Sin embargo, irónicamente, está sometido a una “libre obligación de maximizar el rendimiento”.

    La sociedad del rendimiento, llevada al extremo, sin los límites adecuados, conduce hacia lo que el propio autor denomina la “sociedad del cansancio”.

    Esta prisa, ese afán desequilibrado de rendimiento, parecería suceder en distintos órdenes: en el personal, en primer lugar, pero también en el mundo de la educación y, más frecuentemente, en el ámbito empresarial o económico. No necesariamente existe eficacia, pero sí actividad. Se echa de menos un mayor orden y un correcto equilibrio.

    Al mismo tiempo, la “sociedad cansada” pasa al otro extremo en periodos vacacionales o en fines de semana, a “tumbarse”, a no hacer absolutamente nada, para tratar de recuperar fuerzas.

    Con un fin claro y noble en mente, el esfuerzo vale la pena. Seguramente, una persona que sale a correr a la calle por hora y media, sin saber a dónde va, se cansará más que un sujeto que está corriendo un maratón y sabe que su fin es llegar a la meta. Un activismo desenfrenado, sin rumbo claro, cansa más. Quienes persiguen fines meramente económicos o de poder, y a ellos dedican esfuerzos desmedidos, quizá terminen con mucho dinero o poder, pero cansados y sin un sentido claro de vida.

    Los jóvenes universitarios, por ejemplo, fracasan por defecto o por exceso. A veces, en la línea del defecto, por carecer de una voluntad fuerte o de una capacidad de compromiso mayor. En otras ocasiones, por exceso, esto es, por un afán desproporcionado de tener éxito a costa de su propio equilibrio de vida o de su felicidad.

    La sociedad del rendimiento está expuesta a múltiples estímulos; sin embargo, ¿no será que el principal problema son los estímulos desordenados que nos autoimponemos? Este fenómeno, al generalizarse, deriva en esa sociedad del cansancio.

    Ahora que comenzaremos un breve periodo vacacional, es buen momento para hacer un alto y reflexionar. La sociedad actual, potenciada por las tecnologías de información, redes sociales, la inmediatez de la información, el multitasking, etc. está sobrecargando a las personas y las fatiga, dando lugar a la sociedad del cansancio. En ese marco, es frecuente que nos encontremos absolutamente volcados al exterior, llenando nuestros sentidos de múltiples estímulos, sin trabajar ni volver la mirada hacia el interior.

    Ojalá encontremos un esquema de estímulos ordenados, con fines y medios claros. Las personas y la sociedad deben encontrar la velocidad correcta: ir demasiado rápido cansa, pero ir muy lento impide llegar a tiempo al destino. Las pausas y los cambios de ritmo son necesarios. Ni el exceso ni el defecto nos convienen.

    La sociedad actual es más libre que las anteriores. Pero a veces parece que se vuelve esclava de otras cosas. Sus propios esquemas –rendimiento, crítica, actividad- le vuelven paradójicamente cerrada, volcada en sí misma, poco trascendente. Esto puede generar personas “automatizadas” para fines extraños como la maximización del rendimiento. Basta observar a la gente un día caminar por las principales calles de Nueva York, Londres, o la propia Ciudad de México, completamente metidas en sus dispositivos móviles, caminando a gran velocidad y muy nerviosas, para entender esta caricatura. Pienso que esta temporada de descanso nos puede servir para cuestionarnos si no estamos incurriendo en esta sociedad del rendimiento, y si nuestra ciudad no se está convirtiendo en una sociedad cansada. Y así replantear nuestros propios fines y medios.

     

    Por: Santiago García Alvarez/Rector del campus México de la Universidad Panamericana.

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