×
  • LOCAL
  • ESTATAL
  • EL GRILLERO
  • EL PAÍS
  • DEPORTES
  • LA OPINIÓN
  • TRIBUNA
  • INSÓLITO
  • ESPECTÁCULOS
  • POLÍTICA
  • MUNDO
  • CLASIFICADO
  • CONTACTO


  • ¿Periodistas y activistas?

    2017-04-17 15:06:16 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    ¿Se vale ser periodista y activista de una causa, ambas cosas al mismo tiempo? Siempre hay alguien que me lo pregunta, cuando doy un curso en la universidad o un taller sobre periodismo. Hace alrededor de un lustro me había convencido de que sí. El convencimiento me duró poco; hoy digo que no. No se vale.


        

    También he repetido muchísimas veces que la escritura de una noticia, una crónica o un reportaje no puede ser objetiva, porque no está hecha por objetos ni por una divinidad, sino por sujetos. En esto me sostengo.

     

    Si la objetividad existiera, sería idéntica la forma en que describen un hecho todos los diarios, estaciones de radio, noticiarios de televisión y hasta canales de opinión de YouTube, como lo ha dicho Miguel Ángel Bastenier, el director de la escuela del diario español El País. En resumen, el mundo mediático sería chato y aburrido.

     

    Los sujetos que redactamos o transmitimos un acontecimiento real (nos dicen reporteros, fotógrafos, camarógrafos…) seleccionamos unas partes —y excluimos otras— de esa masa amorfa e inabarcable llamada realidad, según lo que nuestra propia historia, gustos e ideas nos dicen que es importante contar. A unos nos parece indispensable destacar ciertos hechos que otros tirarían al inodoro y al revés.

     

    De esa tentación natural y humana que también los periodistas tenemos de pertenecer a unos y expulsar a otros de nuestras historias, lo único que nos puede salvar, para hablar en el lenguaje de la Semana Santa, es el armado cuidadoso y lo más completo posible de un rompecabezas, cuyas partes son voces diferentes que nos completan una escena o acontecimiento. En el periodismo esas piezas se llaman fuentes de información.

     

    La inexistencia de la objetividad —también lo he escrito antes— no significa lo mismo que la mentira. Mentir es pintar en un muro una mancha de sangre que jamás existió, pero también ocultarle a los otros que hay una mancha de sangre en la pared, cuando la vimos ahí.

     

    Ahí va un ejemplo de la vida real: en marzo de 2011, cuando decenas de delegados del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) acudieron al Congreso Nacional Indígena, en Nurio, Michoacán, había, entre los asistentes, algunos grupos que no estaban de acuerdo con los zapatistas. Así nos fue a los que decidimos darle voz a los inconformes: nos acusaron de traidores y serviles con el gobierno opresor. Yo era simpatizante del EZLN, igual que muchos de mis amigos, que dejaron de hablarme, por lo menos por un tiempo.

     

    Mi amigo desde entonces, el periodista Agustín del Castillo, me recordó un par de cosas: que el buen periodista no queda bien con nadie —porque su oficio no es quedar bien, sino informar— y que no se puede ser periodista y activista.

     

    Después de 16 años estoy más convencida que antes. Que un periodista trabaje para un grupo, asociación o movimiento, por más nobles que parezcan sus propósitos, es tan mala práctica como hacerlo para un gobierno u organismo que ya tiene el poder y lo usa mal.

     

    Es tan malo porque ese periodista, que casi siempre publica sobre el mismo tema del que hace activismo, no puede ver los matices que existen en un hecho y, por eso, tampoco ayuda a que cambien de fondo las situaciones violentas, injustas y poco democráticas como las que hay en México.

     

    Argentina es un ejemplo de esta situación. Durante el mandato de los Kirchner —que acabó hace menos de dos años— los medios estaban divididos en dos versiones únicas sobre la gestión pública: los aliados al grupo de medios Clarín decían que todo lo que oliera a Cristina Fernández de Kirchner olía a podrido. Otros medios menos poderosos, alrededor del diario Página 12, afirmaban que apestaban todos los que estuvieran en contra de la entonces presidenta. A los primeros medios los consultaban casi sólo quienes odiaban el sistema. A los segundos, casi sólo los que lo amaban y defendían. Ambos contaban verdades a medias y, al no decir la verdad completa, le mentían a sus seguidores, quienes jamás pudieron tener una visión panorámica de su país.

     

    Es un hecho que todos los periodistas tenemos una ideología, simpatías y una versión de cómo deberían ser las cosas. A mí me duele la pobreza, las condiciones que impiden que la mayoría de los mexicanos tengan acceso a nada, los atentados contra el medio ambiente, los desaparecidos, la negligencia, la corrupción. Y para hacer mi trabajo, los activistas son una fuente válida y valiosa… Pero, eso es, son una fuente. El resto del rompecabezas, esa es mi obligación.

     

    Por: Vanesa Robles/Okupo+

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    La negación

    2017-05-21 18:20:32 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    De acuerdo con los expertos, la negación “es el mecanismo de defensa en el que el individuo ignora o rechaza aquella realidad que le resulta indigerible, y que de reconocerla le obligaría a tener conciencia de sus emociones y en ocasiones a tomar alguna acción al respecto”.


        

    Este mecanismo es el modus vivendi de los políticos mexicanos, pues sienten que cerrando los ojos a la realidad es como van a resolver las adversidades que se presentan.

     

    Una oda a la negación debe adjudicársele a la secretaria de Medio Ambiente de la Ciudad de México, Tanya Müller, quien demostró que, como muchos de sus colegas, vive una realidad paralela que tiene lugar en la dimensión desconocida. La CDMX rompió récord en duración de la Fase I de Contingencia Ambiental, para muchos, esto sería alarmante, una situación que requiere acciones inmediatas; no para Müller, quien vive en una ciudad con cielos azules, despejados y desde donde se pueden ver los volcanes.

     

    O al menos éstas fueron las fotografías que subió en su cuenta de Twitter, acompañadas de dos mensajes motivacionales: “Gracias a las políticas ambientales que se llevan a cabo, la #CDMX ha dejado de ubicarse como una de las urbes más contaminadas del país” y “Según el estudio Global Urban Ambient Air Pollution Database de la OMS, la #CDMX no es la más contaminada, sino la séptima de un total de nueve”. ¡Qué fortuna la de estar entre las primeras siete ciudades más contaminadas! ¿Qué sería de la administración pública sin estar en algún top ten aunque sea negativo?

     

    Pero ¿cómo se puede reprender a la secretaria de Medio Ambiente si su jefe incumple las indicaciones básicas? A pesar de que en contingencia se recomienda “no realizar actividades al aire libre que demanden demasiado esfuerzo físico”, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, invitó a correr al gobernador de Chihuahua, Javier Corral, cuando ya se cumplían tres días de la contingencia ambiental. El chihuahuense podría acusar a Mancera de atentar contra su salud o de querer acabar con él por envenenamiento de ozono.

     

    En lugar de buscar medidas integrales, el jefe de gobierno se puso los guantes de box y se puso a pelear con el gobierno federal y la CAMe. Para el gobernante capitalino, disminuir los límites para decretar contingencia es mala voluntad política y no una medida que busca homologar los estándares internacionales que marca la OMS y los países de avanzada.

     

    Por supuesto, los chilangos no son los únicos políticos que aplican el mecanismo de defensa para escapar de la realidad. Los candidatos a la gubernatura del Estado de México se niegan a aceptar que van en otro lugar que no sea el primero. De acuerdo con sus encuestas, estudios y sondeos, cada uno de ellos lleva el primer lugar, o va alcanzando al puntero o está por proclamar su victoria. Cada proceso electoral es lo mismo.

     

    La negación no sólo es utilizada por los políticos mexicanos, sino que se esparce en todo el mundo. El presidente de Estados Unidos, por ejemplo, no acepta, bajo ninguna circunstancia, que se equivoca. Si comparte información confidencial con Rusia, lo cual estaría metiéndolo en problemas, él sale defendiendo su derecho de darle información a quien le plazca. Para él, los cuestionamientos que le hacen son exclusivamente parte de la campaña negra que han emprendido los medios contra él, ¡oh víctima de las circunstancias!

     

    En ocasiones la realidad confronta a los políticos, y los llega a sacar —en ocasiones momentáneamente— de su mundo de fantasía, pero entonces empiezan a ocupar otros mecanismos de defensa como es la distorsión de la realidad, señalando que es una persecución política o que su caso se ha politizado.

     

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn