×
  • LOCAL
  • ESTATAL
  • EL GRILLERO
  • EL PAÍS
  • DEPORTES
  • LA OPINIÓN
  • TRIBUNA
  • INSÓLITO
  • ESPECTÁCULOS
  • POLÍTICA
  • MUNDO
  • CLASIFICADO
  • CONTACTO


  • Las tres caídas

    2017-04-09 08:17:02 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    Cuenta la historia que queriéndole hacer la competencia a la delegación Iztapalapa, en Los Pinos deciden hacer una representación de la Pasión de Cristo, por lo que convocaron a diversos políticos y funcionarios a participar.


        

    “Lo primero que tenemos que hacer es asignar los distintos papeles”, señaló el organizador del evento Iniciemos con la última cena, ¿quiénes serán los apóstoles?, “Nosotros”, gritaron al unísono los 12 senadores del PRD que renunciaron a la bancada del PRD en el Senado”, “Ah, muy bien y ¿quién será Judas?”, “Miguel Barbosa”, propuso de inmediato Alejandra Barrales, “él vendió el PRD a Andrés Manuel López Obrador por un hueso”.

     

    Al ver que empezaba la confrontación, el organizador decide cambiar el tema, “Pensemos mejor en la escena de la crucifixión, ¿Quiénes serán los ladrones que acompañan a Jesús en la cruz?”. “Por eso no debemos preocuparnos, tenemos una lista enorme de candidatos. Nos gustaría que fueran los Duarte, César y Javier, pero como para eso primero hay que encontrarlos, mejor utilicemos a Hilario Ramírez Layín, que robó poquito, o Roberto Borge, exgobernador de Quintana Roo”, señaló el procurador de la República, Raúl Cervantes.

     

    “¿Y la virgen María?”, “Que sea electa mediante una encuesta”, propuso Margarita Zavala, “sólo que yo le digo con quién”. “De ninguna manera, a mí Andrés Manuel me dijo que yo sería la virgen”, comentó Delfina Gómez, candidata de Morena a la gubernatura del Estado de México. “Me tienen miedo porque voy a la delantera y me quieren bajar, por eso no quieren que yo sea la virgen”, protestó la candidata del PAN al Edomex, Josefina Vázquez Mota. “Yo también quiero ser”, dijo Paloma Merodio, recién nombrada vicepresidenta del Inegi, “Usted no cumple con los requisitos, usted sólo ha sido pastorcita en las pastorelas”, dijo de inmediato el senador panista Juan Carlos Romero Hicks.

     

    “Algunos militares podrían representar a los soldados romanos que van acosando a Jesús”, “Por supuesto que no”, alzó la voz el general José Carlos Beltrán, director general de Derechos Humanos de la Sedena. “Queda de manifiesto que esta Secretaría de la Defensa Nacional no tolera ni encubre ninguna conducta de algún elemento castrense que atente contra los derechos fundamentales de las personas, incluyendo al Ciudadano Jesucristo… y si alguien tiene pruebas de lo contrario, que lo presente”.

     

    “Requerimos a Poncio Pilatos”, comentó el organizador cada vez más desesperado, “Ni me volteen a ver”, respingó el presidente Enrique Peña Nieto, “van a decir que la muerte de Jesús también fue culpa del Estado y el gobierno federal no tuvo nada que ver, ni tampoco en Ayotzinapa, ni en Nochixtlán, ni en…”.

     

    “Bueno, bueno”, interrumpió el organizador, “no hemos hablado del papel más importante, ¿quién será Jesús?”. “Si la gente me lo pide, yo podría ser Jesucristo”, dijo el jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera. “Poj supuesto que no, seré yo”, dijo López Obrador. “Estoy de acuerdo que sea El Peje”, señaló el líder del PRI, Enrique Ochoa, causando la sorpresa de todos los presentes y añadió: “Ya tuvo una primera caída en 2006, ya tuvo una segunda caída en 2012 y seguramente tendrá su tercera caída en 2018”. “¿Sí? Pues sugiero que Miguel Ángel Osorio y Aurelio Nuño sean Anás y Caifás que entregaron a Jesús”, dijo enojado López Obrador.

     

    Por supuesto, estas palabras fueron suficientes para iniciar una batalla campal entre políticos, por lo que, al menos este año, la delegación Iztapalapa seguirá siendo el mayor escenario de la representación de la Pasión de Cristo.

     

    Vianney Esquinca/La Inmaculada Percepción

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    ¿Cuál quieres escuchar primero?

    2018-07-15 11:07:43 | El Pionero

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn

    El miércoles 11 de julio, el virtual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, sostuvo una reunión con quienes serán los legisladores federales en el próximo Congreso. Ahí les leyó la cartilla y les planteó la docena de reformas de ley que, respetuosamente a fuerzas, deberán discutir y en su caso aprobar. Esto se suma a las propuestas que había venido haciendo después de ganar la elección.


        

    Pero como suele pasar, todas las medidas que cambian el statu quo implican noticias buenas y malas. ¿Cuál quiere escuchar primero el amable lector?

     

    La buena: Dentro de su plan de austeridad, ningún funcionario de los tres Poderes de la Unión podrá ganar más de lo que percibe el Presidente de la República, esto es alrededor de 260 mil pesos mensuales. La mala: Es muy probable que los mejores cuadros del gobierno, al no ver ningún incentivo de trabajar de lunes a domingo, sin horarios específicos de entrada y de salida y con enormes responsabilidades, se vayan a la iniciativa privada donde, seguramente, ganarán muchos más. Los que se queden, o saben que tendrán un hueso o podrían buscar “complementos” de su sueldo en otros lados. La peor: Difícilmente, aceptarán bajarse el sueldo los jueces o ministros, por lo que se vendría una lluvia de amparos. El problema no debería haber sido el sueldo, sino la forma en que lo devengaban.

     

    La buena: Se reducirá la burocracia, eliminándose subsecretarías, direcciones, delegaciones en los estados y otros organismos. La mala: Se quedarán sin empleo cientos de personas.

     

    La buena: Habrá una descentralización de las dependencias del gobierno federal, lo que garantiza atención en distintas zonas del país. La mala: ¿Qué culpa tienen las familias de los funcionarios y trabajadores que van a tener que cambiarse? O las propias ciudades como Mérida, Chetumal, Ciudad del Carmen o León, por mencionar algunas, que verán trastocada su propia tranquilidad, ¿van a darle apoyo a todas las familias que se van a cambiar?, ¿de dónde saldrán los recursos? 

     

    La buena: Se va aumentar el salario mínimo. La mala: Sólo en la zona fronteriza del norte del país.

     

    La buena: Le quitará la pensión a los expresidentes. La mala: No se ha hablado de los pequeños ejércitos que cuidan no sólo a los expresidentes, sino también a toda su familia, ni tampoco en la reducción del personal de apoyo administrativo que también es pagado con dinero público.

     

    La buena: Se discutirán a conciencia los 10 decretos de reserva de agua que firmó el presidente Enrique Peña Nieto. La mala: López Obrador ya los calificó a priori como “privatización del agua”, aun cuando organizaciones sociales, académicos y expertos señalaron que no se privatizaba, sino al contrario, se protegía.

     

    La buena: Se establecerá el mecanismo de consulta para la revocación del mandato y se eliminarán trabas en los referéndum populares. La mala: ¿Se pondrá a referéndum los derechos ya ganados?, ¿se utilizará la democracia participativa sólo en casos que le convenga al gobierno?

     

    Hay otras medidas que son buenas sin ningún pero, como la eliminación del fuero para todos los funcionarios, incluyendo al Presidente de la República. Al fin se acabará la impunidad. Hay también otras malas que no tienen nada bueno, como es la modificación o revocación de leyes de la Reforma Educativa.

     

    Habrá quien diga que para resolver los grandes males del país, tiene que haber grandes sacrificios, pero habría que cuidar que los sacrificados no sean las personas que ni la deben ni la temen, y que sólo quieren hacer su trabajo en paz.

     

    Por Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

    Facebook Twitter Pinterest Google Reddit LinkedIn