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  • El Tri es la más genuina versión de Osorio

    2017-03-27 00:38:18 | El Pionero

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    Pep Guardiola cita a Johan Cruyff quien sostenía que el equipo debía ser reflejo de su entrenador. México ya lo es: espeso, confuso, confundido, soso, pragmático, aburrido, conformista... pero, eso sí, cumpliendo la meta de ir camino al Mundial.


        

    2-0 sobre Costa Rica. Javier Hernández alcanza a Jared Borgetti en la lista de goleadores, mientras Néstor Araujo hace el gol 400 en los Hexagonales de Concacaf (dato de Mr. Chip). Tres puntos, líder de la zona y 80 minutos de sopor.

    Los Ticos están lejos de la versión de Jorge Luis Pinto. Domesticados emocionalmente, sin la belicosidad que le daba el técnico colombiano, ni la confianza en que la victoria era posible.

    En la doctrina cínica de la decepción, estuvieron a la altura del desencanto un México que presentaba ausencias importantes, y una Costa Rica que sigue evidenciado calidad de futbol, pero no esa intrepidez moral y espiritual.

    Así, más allá de los dos goles, en los cuales puede involucrarse la lentitud de Keylor Navas, con todo y el arropo madridista que evidente lo enorgullece, la diversión debieron ponerla en la tribuna, intentando organizar sus mosaicos, o arrullándose, más que excitándose, con el Cielito Lindo.

    Destacando Carlos Vela en los pocos momentos de futbol, Guillermo Ochoa fue determinante con tres atajadas en el primer tiempo que impidieron un marcador que hiciera más denso el descolorido rendimiento del Tri.

    Más allá de que Héctor Moreno mereció una roja por falta sobre Venegas, el ridículo absoluto se lo llevó Juergen Damm, tres jugadas de penetración, de manifestación de esa velocidad que tiene, pero su elección en la última jugada, es lamentable. Damm corre como teléfono inteligente... pero razona como teléfono de monedas.

    Pocas conclusiones tiene México al final del 2-0, y muchas penitencias aguardan a Costa Rica, aunque, evidentemente, poco debe preocuparse ante el nivel de esta eliminatoria, el más bajo de los últimos tres Hexagonales.

    Para quienes se conforman con las cifras, México domina de manera invicta esta fase eliminatoria, pero, seguramente, con el plantel que se tiene, sí debe exigirse otro nivel de futbol en la cancha, otro nivel de compromiso, y por encima de todo, no demostrar que se puede ir al Mundial, sino que se puede mejorar las historias patéticamente repetidas de desilusiones.

    ¿O acaso la legión de conformes y conformistas creen que con lo mostrado hasta el momento, esta selección mexicana, con su realidad actual, puede aspirar a más, a mucho más, dentro de una Copa del Mundo?

    A esos, a ellos, a esos hijos bastardos por el matrimonio feliz de Doña Pusilanimidad y Don Timorato, les dejo una frase de Bernard Le Bouvier de Fontenelle: "Cuando las cosas no quieren conformarse con nosotros, nosotros debemos conformarnos con ellas".

    Y, lo sabemos, el conformismo es la forma más prolongada de agonía.

    Rafa Ramos 

    ESPN

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    Los errores de padres malvavisco, aquellos que no ponen límites

    2017-05-16 17:07:01 | El Pionero

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    Tienen entre 30 y 45 años, son incapaces de decir no a sus hijos, son permisivos y no tienen jerarquía en su casa


        

    Por ser permisivos y condescendientes en la educación de sus hijos, a quienes no les ponen límites, los especialistas los definen como padres malvavisco.

    En entrevista con Excélsior, la directora del Centro de Especialización en Estudios Psicológicos de la Infancia (CEEPI), Claudia Sotelo Arias, señaló: “Un padre malvavisco, ya sea la mamá, el papá o ambos, es un padre que es suave como un bombón, dulzón con los hijos, porque no tiene claros los límites.

    No representa una figura de autoridad para el niño o la niña y se le dificulta poner hábitos o incluso hacer que los hábitos se cumplan”.

    La investigadora explica que se trata de padres que tienen entre 30 y 45 años y que generalmente fueron educados dentro de esquemas muy rigurosos que no desean aplicar a sus hijos.

    “Estamos hablando de padres que están tratando de modificar estos moldes cuadrados con los que fueron educados, como cuando con una sola mirada tu papá te regañaba. El problema es que se está cayendo en extremos, porque le tienen miedo al sufrimiento del niño y todo lo negocian siendo permisivos”.

    La sicóloga señala que este tipo de padres son profesionistas y trabajan, por lo que buscan compensar a los hijos complaciéndolos, sin establecer una disciplina.

    Si el niño no quiere comer lo que hay en casa, le compran lo que pide. Si no se quiere dormir a la hora que le corresponde, se lo permiten. No le fomentan hábitos”, señaló la directora del CEEPI.

    Añade que otro error que se comete es el hecho de ponerse al nivel del niño, porque los hijos deben aprender que dentro de las familias existen jerarquías y que los padres son los responsables y son quienes cuidan y protegen a los infantes.

    “Como no toleran el sufrimiento de sus hijos, siempre les dan la posibilidad de algo más. Si tienen mal comportamiento, responsabilizan a los maestros, a los abuelos o a quienes los cuidan.

    Les temen a sus hijos porque le temen al enojo, al berrinche o a la reacción si les dicen que no, y esto es un error. En el niño se debe fomentar el sentimiento de frustración para poder enfrentar la vida”, indicó.

    Claudia Sotelo Arias señala que los padres malvavisco no tienen la conciencia de que sin disciplina y sin reglas no están educando al niño para enfrentar al mundo.

    “El problema no sólo se sufrirá en el hogar, sino en la convivencia con otras personas. No se trata de ser autoritarios ni de imponer, se trata de ser una figura de autoridad siendo padres comprensivos y flexibles, sin afectar al niño”, explicó la sicóloga.

    SIN TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

    De acuerdo con la maestra Susana Salazar Gómora, coordinadora del CEEPI, los hijos de padres malvavisco son niños que no logran desarrollar una tolerancia a la frustración y rivalizan en la escuela o en la familia porque no están acostumbrados a recibir una negativa como respuesta.

    “Son niños que van a hacer berrinche ante un no, son niños que siempre van a buscar que los padres puedan complacerlos en todo y donde estén.

    Son niños que dentro de la escuela no siguen normas y sin importar el grado escolar no logran trabajar con sus compañeros de clase”, detalla.

    La especialista en estudios de desarrollo infantil comenta que debido a la falta de reglas y de hábitos los niños también presentan trastornos alimenticios y del sueño.

    Salazar Gómora, señala que los hijos de padres malvavisco también corren el riesgo de ser rechazados por su comportamiento en su entorno de convivencia habitual.

    “Hay que poner atención: si de los tres a los ocho años el berrinche es su forma de comunicación, ya estamos hablando de un foco rojo”.

    Explica que si no se detiene este tipo de comportamiento, los hijos de padres malvavisco tendrán una adolescencia y una etapa adulta complicada.

    “Cuando un niño sin capacidad de frustración llega a la adolescencia, se vuelve más agresivo y pueden hasta agredir a los maestros.

     

    “Además, son jóvenes que no tienen buen rendimiento escolar constante y que son proclives a las adicciones”.

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