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  • Homo erectus

    2017-03-25 18:49:09 | El Pionero

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    Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte.


        

    La idea es muy simple, pero efectiva: pantallas en los andenes de una estación del Metro en la Ciudad de México, en ellas se proyectan los glúteos de los hombres que esperan el transporte. A algunos les dio risa, pero la mayoría reaccionó con desconfianza. Unos se cubrieron con sus manos, otros más se vieron un tanto o mucho muy molestos. ¿Quién les dio derecho a enfocar su cuerpo? ¿Quién les dio permiso de ser el centro de las miradas? Efectivamente, nadie. Un experimento lanzado por un colectivo aún anónimo que busca la concientización sobre el tema del acoso, muy en la opinión pública, luego de que Tamara de Anda, una conocida bloguera en redes sociales, hizo público su caso, en el que llevó al Ministerio Público a un taxista que le gritó “¡guapa!” desde su vehículo.

     

    Pero regresando al experimento que mencioné al principio, lo que resulta sumamente interesante es ver la reacción de la mayoría de los hombres. Claro, aquellos que se molestaron porque en una pantalla se vieran enfocadas sus partes privadas, consideran que un “guapa” o cualquier palabra dirigida sin consenso a una mujer, debería ser recibida como si se tratara de un favor, de un halago. Bueno, yéndonos a los extremos, ¡hay quien piensa que debemos pedir “por favor” que no se nos acose con tales comentarios! Faltaba más, ahora resulta que las mujeres debemos tener la obligación de saber cómo pedir que no se nos moleste. Los hombres, en consecuencia, sólo serán seres que responden a un instinto que una inconsciente mujer no entiende.

     

    El acoso, para quienes andan todavía muy perdidos en el tema, es muy simple: es cualquier expresión dirigida a una persona en particular, sin su consentimiento. Usted, hombre o mujer, sabe de quién recibir cualquier comentario, sobre todo si éste tiene un fin sexual: está en su derecho de decir “de ti sí, de ti no”, entonces, ¿por qué habríamos de recibir, responder o agradecer lo que cualquiera nos diga?

     

    En otro experimento, también en el Metro de la Ciudad de México, colocaron algo sobre los asientos; los hombres que no se percataron del objeto y que tomaron el lugar, se encontraron con un contacto extraño que, por supuesto, no les gustó. Pues eso, señores, es lo que sentimos cuando se nos acercan demasiado. El muy conocido “arrimón” que sin ningún tipo de pena y menos aún de respeto, muchos de ustedes ejecutan con alevosía y ventaja. Ah, ¡pero claro!, ninguna de estas circunstancias resultó agradable para los señores: ni que sus pompas fueran vistas por todos y todas alrededor, ni que un objeto extraño se acercara inesperadamente a las mismas mencionadas pompas. Pero, según algunos de esos mismos señores, las mujeres deberíamos estar agradecidas porque alguien se fijó en nosotras.

     

    Lo que los acosadores necesitan saber es qué es lo que se siente. Y quienes los justifican, también. Lo que quienes han vivido una experiencia de acoso de cualquier nivel merecen es la oportunidad de defender que nadie tiene por qué aceptar un “halago” si nadie abrió la puerta para ello. Pero hasta que no entiendan que las mujeres podemos andar “solas” por la calle, vistiendo como se nos dé la gana, hablando y haciendo lo que deseemos, siempre y cuando no afectemos a terceros, ese machismo tan arraigado no comprenderá jamás que sus prácticas han quedado desfasadas con el paso del tiempo. Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte. Así de elementales son esos señores que se creen homo sapiens, pero no distinguen entre el homo erectus y el australopithecus al comportarse.

     

    Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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    La negación

    2017-05-21 18:20:32 | El Pionero

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    De acuerdo con los expertos, la negación “es el mecanismo de defensa en el que el individuo ignora o rechaza aquella realidad que le resulta indigerible, y que de reconocerla le obligaría a tener conciencia de sus emociones y en ocasiones a tomar alguna acción al respecto”.


        

    Este mecanismo es el modus vivendi de los políticos mexicanos, pues sienten que cerrando los ojos a la realidad es como van a resolver las adversidades que se presentan.

     

    Una oda a la negación debe adjudicársele a la secretaria de Medio Ambiente de la Ciudad de México, Tanya Müller, quien demostró que, como muchos de sus colegas, vive una realidad paralela que tiene lugar en la dimensión desconocida. La CDMX rompió récord en duración de la Fase I de Contingencia Ambiental, para muchos, esto sería alarmante, una situación que requiere acciones inmediatas; no para Müller, quien vive en una ciudad con cielos azules, despejados y desde donde se pueden ver los volcanes.

     

    O al menos éstas fueron las fotografías que subió en su cuenta de Twitter, acompañadas de dos mensajes motivacionales: “Gracias a las políticas ambientales que se llevan a cabo, la #CDMX ha dejado de ubicarse como una de las urbes más contaminadas del país” y “Según el estudio Global Urban Ambient Air Pollution Database de la OMS, la #CDMX no es la más contaminada, sino la séptima de un total de nueve”. ¡Qué fortuna la de estar entre las primeras siete ciudades más contaminadas! ¿Qué sería de la administración pública sin estar en algún top ten aunque sea negativo?

     

    Pero ¿cómo se puede reprender a la secretaria de Medio Ambiente si su jefe incumple las indicaciones básicas? A pesar de que en contingencia se recomienda “no realizar actividades al aire libre que demanden demasiado esfuerzo físico”, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, invitó a correr al gobernador de Chihuahua, Javier Corral, cuando ya se cumplían tres días de la contingencia ambiental. El chihuahuense podría acusar a Mancera de atentar contra su salud o de querer acabar con él por envenenamiento de ozono.

     

    En lugar de buscar medidas integrales, el jefe de gobierno se puso los guantes de box y se puso a pelear con el gobierno federal y la CAMe. Para el gobernante capitalino, disminuir los límites para decretar contingencia es mala voluntad política y no una medida que busca homologar los estándares internacionales que marca la OMS y los países de avanzada.

     

    Por supuesto, los chilangos no son los únicos políticos que aplican el mecanismo de defensa para escapar de la realidad. Los candidatos a la gubernatura del Estado de México se niegan a aceptar que van en otro lugar que no sea el primero. De acuerdo con sus encuestas, estudios y sondeos, cada uno de ellos lleva el primer lugar, o va alcanzando al puntero o está por proclamar su victoria. Cada proceso electoral es lo mismo.

     

    La negación no sólo es utilizada por los políticos mexicanos, sino que se esparce en todo el mundo. El presidente de Estados Unidos, por ejemplo, no acepta, bajo ninguna circunstancia, que se equivoca. Si comparte información confidencial con Rusia, lo cual estaría metiéndolo en problemas, él sale defendiendo su derecho de darle información a quien le plazca. Para él, los cuestionamientos que le hacen son exclusivamente parte de la campaña negra que han emprendido los medios contra él, ¡oh víctima de las circunstancias!

     

    En ocasiones la realidad confronta a los políticos, y los llega a sacar —en ocasiones momentáneamente— de su mundo de fantasía, pero entonces empiezan a ocupar otros mecanismos de defensa como es la distorsión de la realidad, señalando que es una persecución política o que su caso se ha politizado.

     

    Vianney Esquinca/La inmaculada percepción

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