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  • ¿Apuestas o palos de ciego?

    2017-02-28 20:59:34 | El Pionero

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    En las últimas dos semanas el 2018 se precipitó. Todos parecen ya subirse a barcos que ni siquiera han zarpado, o tratando de remar en las lanchitas inflables (o de plano a brazada limpia) para alcanzar a los que ya zarparon hace tiempo.


        

    Todos están pensando, posiblemente, que el 2018 no los va a esperar. Y, quizá, están en lo correcto. Pero pareciera que están comenzando a tirar golpes a todas direcciones, para debilitar a los oponentes. O para colarse en la foto. O para hacerla de pioneros en donde los pioneros ya no existen. Tratando de implementar estrategias improvisadas y que les pueden resultar contraproducentes.

    Por ejemplo, hemos visto muy activos, desde la semana pasada, a varios personajes de la política nacional dándole duro a López Obrador. Pero, también, hemos visto a AMLO respondiéndoles hasta salirse de la ruta de sensatez que parecía haber seguido en los últimos meses. Luego vimos a uno más empezando su campaña independiente en Tlatelolco. Y ayer nos enteramos que hasta un exbigbrother le quiere entrar al ruedo. Y a un senador perredista diciendo que aunque se queda en el PRD, él ya decidió que sí va a apoyar a AMLO, y eso que le ha hecho el feo a su partido en repetidas ocasiones. Pareciera que ya están todos formaditos, esperando que algo pase. En un país que sigue entendiendo lo público en la clave política del siglo XX, pero con las herramientas y los retos del todavía no plenamente digeridos del XXI.

    Y es que pareciera que tal vez quieren aprovechar los aires de las fake news como estrategia de campaña. Sobre las “pruebas” presentadas por Miguel Ángel Yunes sobre el supuesto financiamiento del prófugo Javier Duarte a la representación veracruzana de Morena dejaron más dudas que certezas. Porque una cosa es que el hoy prófugo exgobernador dijera entonces (a quien quisiera escucharlo) que había pactado con AMLO para hacer crecer a su candidato Cuitláhuac García con el fin de frenar a Yunes, y otra muy distinta es que fuera verdad, y si acaso lo fue, probarlo debidamente y no con grabaciones.

    Luego vino Margarita Zavala, quien dijo que ella es la única que puede ganarle a El Peje. En términos cuantitativos está en lo correcto. Ella es la única que hoy por hoy está cerca de López Obrador en las encuestas. Pero para eso tendrá que ganar, primero, la competencia al interior de su propio partido, en donde todo hace pensar que no va a tenerla tan fácil.

    El fin de semana, Emilio Álvarez Icaza presentó su proyecto independiente para ir también por la Presidencia. Fue en la Plaza de las Tres Culturas en un evento más bien deslucido, con poca convocatoria que, seguro, pensarán podrán aumentar en los próximos meses. Y ayer por la tarde, nos enteramos que Patricio Zambrano (sí, el que salió en Big Brother) también piensa en Los Pinos, abanderado por el PT. Y Miguel Barbosa, coordinador de la bancada perredista en el Senado, escribió en Twitter que él es del PRD, sí, pero que para 2018 él apoyará a AMLO. Vaya mensaje para Barrales y el resto de las cabezas del sol azteca. La indefinición ya les está costando más piezas, recordemos que han perdido a personajes como Zoé Robledo y Ríos Piter. Y aunque Barbosa no renuncia es claro que ya no los apoya. Todos están entre perplejos y entusiasmados. Calderón renunció a su pensión vitalicia como expresidente, la donará a una organización que ayuda a niños con cáncer. Si no paran de ligar a Margarita Zavala con su gestión como presidente de México, querrá dar otros temas de qué hablar.

    Para llegar a la contienda en 2018 falta pasar la del Estado de México, que está a punto de iniciar, pero ya muchos están moviéndose con la mirada puesta en el próximo año. Todos esperan dar el golpe que catapulte sus intenciones, aunque lo estén haciendo bajo la lógica política y con las tácticas del siglo XX, sin entender qué es todo lo que ha venido cambiando inesperadamente en el XXI. Hace dos años, nadie habría pensado que el PRD podría perder tanto terreno; hoy parece que está a punto de desdibujarse. Lo mismo puede decirse respecto a lo que pueda pasar en los próximos 17 meses. No sabemos, pues, si están haciendo desde ahora sus apuestas, precipitando la batalla, o de plano, dando palos de ciego ante tanta incertidumbre.

     

    Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

     

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    Homo erectus

    2017-03-25 18:49:09 | El Pionero

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    Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte.


        

    La idea es muy simple, pero efectiva: pantallas en los andenes de una estación del Metro en la Ciudad de México, en ellas se proyectan los glúteos de los hombres que esperan el transporte. A algunos les dio risa, pero la mayoría reaccionó con desconfianza. Unos se cubrieron con sus manos, otros más se vieron un tanto o mucho muy molestos. ¿Quién les dio derecho a enfocar su cuerpo? ¿Quién les dio permiso de ser el centro de las miradas? Efectivamente, nadie. Un experimento lanzado por un colectivo aún anónimo que busca la concientización sobre el tema del acoso, muy en la opinión pública, luego de que Tamara de Anda, una conocida bloguera en redes sociales, hizo público su caso, en el que llevó al Ministerio Público a un taxista que le gritó “¡guapa!” desde su vehículo.

     

    Pero regresando al experimento que mencioné al principio, lo que resulta sumamente interesante es ver la reacción de la mayoría de los hombres. Claro, aquellos que se molestaron porque en una pantalla se vieran enfocadas sus partes privadas, consideran que un “guapa” o cualquier palabra dirigida sin consenso a una mujer, debería ser recibida como si se tratara de un favor, de un halago. Bueno, yéndonos a los extremos, ¡hay quien piensa que debemos pedir “por favor” que no se nos acose con tales comentarios! Faltaba más, ahora resulta que las mujeres debemos tener la obligación de saber cómo pedir que no se nos moleste. Los hombres, en consecuencia, sólo serán seres que responden a un instinto que una inconsciente mujer no entiende.

     

    El acoso, para quienes andan todavía muy perdidos en el tema, es muy simple: es cualquier expresión dirigida a una persona en particular, sin su consentimiento. Usted, hombre o mujer, sabe de quién recibir cualquier comentario, sobre todo si éste tiene un fin sexual: está en su derecho de decir “de ti sí, de ti no”, entonces, ¿por qué habríamos de recibir, responder o agradecer lo que cualquiera nos diga?

     

    En otro experimento, también en el Metro de la Ciudad de México, colocaron algo sobre los asientos; los hombres que no se percataron del objeto y que tomaron el lugar, se encontraron con un contacto extraño que, por supuesto, no les gustó. Pues eso, señores, es lo que sentimos cuando se nos acercan demasiado. El muy conocido “arrimón” que sin ningún tipo de pena y menos aún de respeto, muchos de ustedes ejecutan con alevosía y ventaja. Ah, ¡pero claro!, ninguna de estas circunstancias resultó agradable para los señores: ni que sus pompas fueran vistas por todos y todas alrededor, ni que un objeto extraño se acercara inesperadamente a las mismas mencionadas pompas. Pero, según algunos de esos mismos señores, las mujeres deberíamos estar agradecidas porque alguien se fijó en nosotras.

     

    Lo que los acosadores necesitan saber es qué es lo que se siente. Y quienes los justifican, también. Lo que quienes han vivido una experiencia de acoso de cualquier nivel merecen es la oportunidad de defender que nadie tiene por qué aceptar un “halago” si nadie abrió la puerta para ello. Pero hasta que no entiendan que las mujeres podemos andar “solas” por la calle, vistiendo como se nos dé la gana, hablando y haciendo lo que deseemos, siempre y cuando no afectemos a terceros, ese machismo tan arraigado no comprenderá jamás que sus prácticas han quedado desfasadas con el paso del tiempo. Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte. Así de elementales son esos señores que se creen homo sapiens, pero no distinguen entre el homo erectus y el australopithecus al comportarse.

     

    Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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