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  • Y Almeyda se asustó con la piel del Jaguar

    2017-02-26 22:47:42 | El Pionero

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    De nuevo, Chivas se olvidó que debe jugar los segundos tiempos. Esta vez la bofetada nemotécnica fue brutal: ganaba 0-2 y perdió 4-3. Jaguares sigue vapuleando a los agrandaditos que irrespetan su selva. Antes, a Toluca, América y Tigres


        

    Mérito hay en Jaguares. Del apocamiento en el primer tiempo, tras la severa zurra del medio tiempo, Chiapas salió transformado.

    En nueve minutos, entre Araujo, Fabbro y Silva, cocinaron la remontada, y Leal haría el 4-2. Pizarro hizo el 4-3 en la sublevación de los arrepentidos.

    Demasiado tarde. Guadalajara volvió a ser ese equipo de claroscuros. Deslumbrante en el primer tiempo y de penumbras en la segunda parte. ¿Menosprecio a Jaguares? Seguramente.

    El mea culpa de los minutos finales así lo insinúa. El confesionario de la conciencia. La primera mitad, apareció ese Rebaño cautivante, poderoso, capaz de consumar hazañas y deleitar, pero, sobre todo, de reivindicar la capacidad de competencia del futbolista mexicano. Sí, todos eso, pero... o, hasta que... En la segunda mitad, los mismos que se empaparon de sudor genuino del esfuerzo durante 45 minutos, se untaron ungüentos de grandeza y de displicencia.

    Y el rival no perdonó. Esa ventaja de 0-2, con goles de Pizarro y Zaldívar, dio ínfulas de perdonavidas al Guadalajara, y los Jaguares, que seguramente recibieron hasta amenazas de no volver a cobrar, salieron convertidos en una horda en la segunda mitad. Seguramente hasta Chiapas esperaba más resistencia.

    Pero Chivas no reaccionó. Ni en la cancha ni en la banca. Entre los minutos 51 y 59, los asaltaron en el diván del aburguesamiento. Ni las manos metieron. ¿Cómo reaccionó Matías Almeyda? Con los mismos cambios de siempre.

    Con la rutina del error. No analiza, reacciona por espasmos. Y a la cancha Brizuela y Fierro por Chapito y Aris. Parece un tic nervioso, una manía. Almeyda reacciona igual si pierde, si gana, si empata, y si el adversario lo amenaza o lo rehúye.

    Juega al dominó igual, aunque siempre le ahorquen la mula de seises. Y claro, como es el jefe absoluto en Chivas, no hay quién le contradiga. ¿Quién puede, con términos futbolísticos, recriminarle, confrontarle, exigirle? ¿Jorge Vergara? ¿O el que irrespetuosamente Ricardo Peláez llama "´pelagatos de Vergara", José Luis Higuera? Se le preguntó de ello a Jorge Vergara antes de que guarda ese silencio estampa, que, dicen, se lo impuso Carlos Slim.

    "Claro, hay un consejo que habla con él cada lunes". ¿Consejo? Si en Chivas hay una dictadura. Cierto, el Guadalajara, y lo repetimos desde hace meses, es el único equipo que reembolsa con futbol el precio del boleto, claro, no hablemos de la frasa de #ChivasTV.

    Su futbol es subyugante, y eso es virtud de Almeyda, así como es su pecado, el embarazoso tropezón de los segundos tiempos. Chiapas, que toma ventaja para alejarse de las angustias del descenso, exhibió totalmente al Guadalajara, pero sobre todo, la incapacidad de respuesta. El bloqueo neuronal de El Pelado y de quienes le rodean fue más que evidente.

    En beneficio del Guadalajara, se podría empezar que esta zarandeada le llega en un momento menos dramático. El principal daño tras la derrota es no poder colocarse como líder general.

    Sin embargo, recordemos, esto ha ocurrido antes, sólo que esta vez tiene como corolario el desastre y como epitafio esa revolcada del 0-2 al 4-3. Pero, ¿quién increpará a Almeyda? Si debe asumir el control absoluto, porque capacidad de mando grupal la tiene, también debería ser capaz de sumergirse en la autocrítica. Para su fortuna, su rival inmediato es su objetivo principal. Recibe a Toluca, goleado en su cancha por el Puebla, en espera claro de ver cómo resuelve Xolos ante Pachuca. Rafa Ramos

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    Los errores de padres malvavisco, aquellos que no ponen límites

    2017-05-16 17:07:01 | El Pionero

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    Tienen entre 30 y 45 años, son incapaces de decir no a sus hijos, son permisivos y no tienen jerarquía en su casa


        

    Por ser permisivos y condescendientes en la educación de sus hijos, a quienes no les ponen límites, los especialistas los definen como padres malvavisco.

    En entrevista con Excélsior, la directora del Centro de Especialización en Estudios Psicológicos de la Infancia (CEEPI), Claudia Sotelo Arias, señaló: “Un padre malvavisco, ya sea la mamá, el papá o ambos, es un padre que es suave como un bombón, dulzón con los hijos, porque no tiene claros los límites.

    No representa una figura de autoridad para el niño o la niña y se le dificulta poner hábitos o incluso hacer que los hábitos se cumplan”.

    La investigadora explica que se trata de padres que tienen entre 30 y 45 años y que generalmente fueron educados dentro de esquemas muy rigurosos que no desean aplicar a sus hijos.

    “Estamos hablando de padres que están tratando de modificar estos moldes cuadrados con los que fueron educados, como cuando con una sola mirada tu papá te regañaba. El problema es que se está cayendo en extremos, porque le tienen miedo al sufrimiento del niño y todo lo negocian siendo permisivos”.

    La sicóloga señala que este tipo de padres son profesionistas y trabajan, por lo que buscan compensar a los hijos complaciéndolos, sin establecer una disciplina.

    Si el niño no quiere comer lo que hay en casa, le compran lo que pide. Si no se quiere dormir a la hora que le corresponde, se lo permiten. No le fomentan hábitos”, señaló la directora del CEEPI.

    Añade que otro error que se comete es el hecho de ponerse al nivel del niño, porque los hijos deben aprender que dentro de las familias existen jerarquías y que los padres son los responsables y son quienes cuidan y protegen a los infantes.

    “Como no toleran el sufrimiento de sus hijos, siempre les dan la posibilidad de algo más. Si tienen mal comportamiento, responsabilizan a los maestros, a los abuelos o a quienes los cuidan.

    Les temen a sus hijos porque le temen al enojo, al berrinche o a la reacción si les dicen que no, y esto es un error. En el niño se debe fomentar el sentimiento de frustración para poder enfrentar la vida”, indicó.

    Claudia Sotelo Arias señala que los padres malvavisco no tienen la conciencia de que sin disciplina y sin reglas no están educando al niño para enfrentar al mundo.

    “El problema no sólo se sufrirá en el hogar, sino en la convivencia con otras personas. No se trata de ser autoritarios ni de imponer, se trata de ser una figura de autoridad siendo padres comprensivos y flexibles, sin afectar al niño”, explicó la sicóloga.

    SIN TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

    De acuerdo con la maestra Susana Salazar Gómora, coordinadora del CEEPI, los hijos de padres malvavisco son niños que no logran desarrollar una tolerancia a la frustración y rivalizan en la escuela o en la familia porque no están acostumbrados a recibir una negativa como respuesta.

    “Son niños que van a hacer berrinche ante un no, son niños que siempre van a buscar que los padres puedan complacerlos en todo y donde estén.

    Son niños que dentro de la escuela no siguen normas y sin importar el grado escolar no logran trabajar con sus compañeros de clase”, detalla.

    La especialista en estudios de desarrollo infantil comenta que debido a la falta de reglas y de hábitos los niños también presentan trastornos alimenticios y del sueño.

    Salazar Gómora, señala que los hijos de padres malvavisco también corren el riesgo de ser rechazados por su comportamiento en su entorno de convivencia habitual.

    “Hay que poner atención: si de los tres a los ocho años el berrinche es su forma de comunicación, ya estamos hablando de un foco rojo”.

    Explica que si no se detiene este tipo de comportamiento, los hijos de padres malvavisco tendrán una adolescencia y una etapa adulta complicada.

    “Cuando un niño sin capacidad de frustración llega a la adolescencia, se vuelve más agresivo y pueden hasta agredir a los maestros.

     

    “Además, son jóvenes que no tienen buen rendimiento escolar constante y que son proclives a las adicciones”.

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