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  • Que Elba Esther no tiene sed de venganza...

    2017-02-18 19:11:37 | El Pionero

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    “Esa otrora todopoderosa mujer que hizo del exceso (en los lujos, en la negociación, en el poder) su más infalible aliado, esa mujer que controlaba a uno de los sindicatos más numerosos y temibles del país, esa mujer que tuvo comiendo de su mano a, por lo menos, cuatro presidentes, que fue la más grande prestidigitadora política y la mayor propagandista de su propia leyenda quedó, hace tres años, reducida a una tristísima imagen de delincuente común en la rejilla de prácticas.


        

    De los encuentros tumultuarios, de ser la permanente invitada a todos los presídiums, de ser la aduana y filtro, gran dadora de poder y privilegios, Elba Esther, de la noche a la mañana se quedó completamente sola.

    Porque así de cabrón es el poder: un espejismo de mil colores, mil abrazos, mil personas. Se acaba y casi todo aquello termina en el más temido de todos los parajes: el de la soledad…”, escribí esto hace casi un año.

    Era marzo de 2016, nos enterábamos que Mónica Arriola, la hija de Elba Esther Gordillo y entonces, también senadora, perdía la vida en una batalla contra el cáncer. En esos días, supimos que a la maestra se le dio oportunidad de despedirse de su hija, obtuvo un permiso para asistir a sus servicios funerarios.

    Pensamos que, si otro hubiera sido el momento de este lamentable hecho, Gordillo habría estado rodeada de una atención propia de un personaje al que muchos se rinden, o le rinden pleitesía, de ese que nace del miedo o la ambición. Pero no fue así, incluso, la ley comenzó a ensañarse con ella, nada más por el hecho de ser Elba Esther Gordillo.

    Aquel personaje adicto al poder y a todo lo que viene con él: atención, lujo y excesos, no era más que una ciudadana que ahora debía enfrentarse a un sistema sin aliados, por el contrario, a uno que estaba dispuesto a sacrificarla. La petición que hizo su defensa para que se le concediera la prisión domiciliaria, se convirtió en largo suplicio lleno de insensateces.

    Perdón, por muy atinado que sea nuestro juicio sobre el tipo de personaje que representa Gordillo, la ley sí le concede ese derecho, el de ir a casa, a su edad, y desde ahí seguir su proceso. Ni las diez enfermedades anotadas y validadas en su expediente médico habían podido asegurarle que tendría acceso a esa posibilidad. Insensatez jurídica.

    Tuvieron que pasar dos años de la solicitud, la muerte de su hija y una batalla por un amparo para que esto se hiciera realidad. O al menos, para que se la abriera una nueva oportunidad. Ayer, finalmente se anunció la resolución del amparo, Maquiaelba recibe un beneficio, aunque éste sí por estar escrito en la ley.

    En los próximos días tendrá que definirse si la prisión domiciliaria es un hecho, dice su defensa que no pasará de dos semanas. Entonces, sabremos cuándo es que saldrá de prisión para seguir su proceso desde su casa. También falta por saber a cuál de sus varias propiedades se irá a encerrar. Y es que, en estos cuatro años, esas pocas imágenes suyas que han salido a la luz pública representan una irónica metáfora: hace unas semanas supimos que sus varias casas y departamentos en California están en venta o renta.

    Gordillo se quedó sin ese tan importante músculo del que siempre presumió: el dinero. Que Elba Esther gane la prisión domiciliaria es un acto de misericordia que la ley ya contempla, para ella o cualquier otro indiciado. Tiene más de 70 años y un estado de salud deteriorado.

    La maestra es hoy ese personaje que nunca quiso ser: uno tan vulnerable como cualquier ciudadano de a pie. Ya no cuenta con aquellos amigos que le temían. “Ella está contenta, no sale con sed de venganza, sale con sed de vida…”, me dijo ayer por la noche Marco Antonio del Toro, abogado de Elba Esther Gordillo, en entrevista para Imagen Radio. Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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    Los que se le fueron a Trump

    2017-07-22 08:50:01 | El Pionero

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    Pocas cosas son tan sintomáticas de la debilidad institucional, como la salida de tanto personaje en poco tiempo. Todas resultado de diferencias con Donald Trump.


        

    “Ni siquiera cayó tan bajo como para usar armas químicas...”, se referían a Bashar al Assad. La declaración le dio la vuelta al mundo en segundos. Nadie lo podía creer, ¿quién había sido capaz de soltar semejante declaración? El responsable fue el entonces vocero de la Casa Blanca, Sean Spicer. Y ésta será acaso la más célebre de sus apariciones frente a la prensa, y no es que hayan sido pocas las veces que Spicer protagonizara momentos polémicos en estos escasos seis meses en que se desempeñó como vocero del Presidente de Estados Unidos. Y es que ayer renunció y no es que no haya intentado proteger la imagen de Donald Trump, de hecho, sus declaraciones frente a reporteros a veces quedaban por encima de las que hacía el mismo Presidente.

     

    Spicer es el segundo integrante del equipo cercano de Trump, nombrado por él, en renunciar. Ya antes, Michael Flynn lo había hecho. El general retirado dejó su cargo como asesor en Seguridad Nacional, después de que comenzara a tomar forma el asunto de la intervención rusa en la campaña que llevó a Trump a la Presidencia. Tenía apenas tres semanas en el cargo.

     

    Sin embargo, ellos no han sido los únicos en abandonar sus puestos dentro del gobierno de Estados Unidos. Unos días después del inicio de la “Era Trump”, cuatro diplomáticos del Departamento de Estado renunciaron como consecuencia del nombramiento de Rex Tillerson como secretario de Estado. No había pasado  una semana de la ceremonia de investidura, esa que Spicer defendió diciendo que había sido una de las más concurridas de la historia. Se trató del subsecretario de Estado de EU, Patrick Kennedy, que ya tenía nueve años en el cargo; además de la secretaria adjunta de Estado para asuntos consulares, Michele Bond; la secretaria adjunta para administración, Joyce Anne Barr, y el director de misiones extranjeras, Gentry O. Smith.

     

    James Comey es la salida más comentada, y la que puede costarle más Donald Trump. Y es que, sabemos, su dimisión como director del FBI fue orden expresa del republicano, luego de que el primero se rehusara a detener la investigación sobre la injerencia rusa en la elección. Ese mismo tema que orilló  a Flynn a abandonar su cargo a menos de un mes de iniciado el mandato del republicano.

     

    Pocas cosas son tan sintomáticas de la debilidad institucional, como la salida de tanto personaje en tan poco tiempo. Y es que todas ellas han sido resultado de diferencias con Donald Trump. A escasos seis meses del inicio de su gobierno, renuncias y dimisiones se han dado y han alimentado más esa imagen poco sostenible de un Presidente que, incluso, está en riesgo de un impeachment.

     

    Y como si faltaran más elementos para concretar esta falta de institucionalidad del gobierno de Estados Unidos, Donald Trump le dijo a The New York Times hace unos días que se arrepentía de uno de los nombramientos que hizo en su equipo en enero pasado: “Sessions nunca tendría que haber declinado —encabezar la investigación sobre los nexos con Rusia— y si iba a recusarse, me lo tendría que haber dicho antes de que asumiera el puesto y habría elegido a alguien más...”, dijo Trump sobre Jeff Sessions, el fiscal general de Estados Unidos. Sessions respondió que él seguiría trabajando para el país.

     

    A todo esto, podemos añadir también, que en estos seis meses de gobierno, que parecen años, Trump ha dicho más de 800 mentiras, según lo documentó The Washington Post: 836 declaraciones falsas o engañosas: “La declaración más repetida de Trump, pronunciada 44 veces con variaciones, ha sido la afirmación de que la Ley de Cuidado de Salud Asequible está muriendo y está ‘esencialmente muerta’. Pero la Oficina de Presupuesto del Congreso ha dicho que se espera que los precios se mantengan estables con el Obamacare en el futuro previsible...”. Y es que este tema fue una de sus más importantes promesas de campaña, que no ha logrado cumplir. Tanto caos en tan poco tiempo no es buena señal, pero tampoco es que esto nos tome por sorpresa.

     

    Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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