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  • El Clásico de los Clonados...

    2017-02-16 22:58:21 | El Pionero

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    Alguna vez fue el Clásico de las Canteras. Hoy, es el Clásico de las Carteras... y de uno que otro carterista. América y Chivas, con sus raíces ocultas, con sus genes percudidos. El Clásico de los Clonados


        

    Generaciones genuinas. Sangre de su sangre y carne de su carne. Con el ADN del odio deportivo, inoculado de los colores antagonistas. Los Capuleto y los Montesco, sin Romeo ni Julieta. Tiempos hubo, no tan apergaminados, no tan mustios ni tan marchitos de olvido, aunque sí de nostalgia, en el que la sangre se mantenía casi pura, o se agregaban verdaderos futbolistas notables. Tiempos épicos hubo de Javier Aguirre, Armando Manzo, Alfredo Tena, Vinicio Bravo, Mario Trejo, Cristóbal Ortega, Carlos De los Cobos y Carlos Hermosillo, base de selecciones mexicanas. Tiempos en que El Nido empollaba Águilas genuinas. Y después, algunos como Germán Villa, Cuauhtémoc Blanco, e incluso algunos que se cobijaron genuina y lealmente hasta la médula de ese apasionamiento, como Zague, Pável Pardo y Duilio Davino. Y antes, la generación de Enrique Borja, Prudencio Cortés, Pichojos Pérez, Popeye Trujillo, Monito Rodríguez y Juan Manuel Borbolla, a la que se agregaron extranjeros de legítimo compromiso como Carlos Reinoso y Roberto Hodge. Y en Chivas, desde la generación de los De la Torre (Yayo, Chepo y Néstor), con Demetrio Madero, Fernando Quirarte, Zully Ledezma y Pelón Gutiérrez, en su momento jugadores clave en el Tri. Y sin dejar de lado al época del Campeonísimo, pero algunos de ese equipo, llegaron de otros clubes como SUTAJ (Mellone Gutiérrez), otro del Oro (Héctor Hernández) o del Atlas (Tigres Sepúlveda), del Imperio (Jamaicón Villegas), pero ellos y otros más de ese grupo legendario terminaron como íconos de un equipo de época, del "Equipo del Siglo", como lo bautizó Tubo Gómez. Tiempos hubo, pues, en que cada Clásico Nacional era una batalla genuina, con una declaratoria de principios y una declaración de guerra, desde los orígenes. Cero tregua y cero tolerancia. ¿Intercambia camisetas? Era linchamiento obligado en el vestuario y para la tribuna. Tiempos hubo, en que en verdad cada Clásico era un Clásico de Cantera, con el Guadalajara empuñando sus bayonetas con una devoción absoluta contra Atlas y América, en ese orden. Hoy, ambos, buscan hasta en Amazon y por catálogo a sus candidatos a refuerzos... En las nóminas actuales de Chivas y América, en los equipos titulares más recientes, escasea la sangre legítima, el legado ortodoxo. América sólo presenta ocasionalmente a un Edson Álvarez, Carlos Rosell o a Gil Burón. Por reglamento aparecen Oribe Peralta o Chepe Guerrero, de otras cunas, mientras nueve plazas las ocupan extranjeros. Bajo la doctrina de Chivas, el mexicanismo, hay más sangre genuina del Rebaño, pero no en mayoría. Sólo Ángel Zaldívar, si no juega Pulido, además de Chapito Sánchez y relativamente podemos agregar a La Chofis López, quien llega de Torreón y porque no llenó el ojo de buscadores de Santos. Porque el resto en Chivas, es de una fuerte inversión: Alan Pulido y Rodolfo Pizarro, cada uno, en operaciones de 16 millones de dólares. Y el resto de los titulares, llegaron con cifras muy elevadas de por medio, de otras latitudes: Orbelín Pineda, Rodolfo Cota, Isaac Brizuela, Gallito Vázquez, Oswaldo Alanís, Jair Pereira, Aris Hernández, mientras Carlos Fierro y Michael Pérez sólo reciben oportunidades ocasionalmente. Se habrán amamantado genuinamente para entender y descifrar, y poder representar esa rivalidad poderosa de sentir en la sangre propia, la sangre ajena. Bueno, recordemos que dentro de sus disparatadas frases, ya Matías Almeyda dijo que "ya llevo muy adentro de la sangre a México". Versos de populismo... Sí, un Clásico de Clonados, entendible, y justificado por muchos, sin que sea justificable, "en estos tiempos de globalización". Una rivalidad que alguna vez fue Clásico de Cantera y hoy es, desangradamente, un Clásico de Carteras.

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    Los errores de padres malvavisco, aquellos que no ponen límites

    2017-05-16 17:07:01 | El Pionero

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    Tienen entre 30 y 45 años, son incapaces de decir no a sus hijos, son permisivos y no tienen jerarquía en su casa


        

    Por ser permisivos y condescendientes en la educación de sus hijos, a quienes no les ponen límites, los especialistas los definen como padres malvavisco.

    En entrevista con Excélsior, la directora del Centro de Especialización en Estudios Psicológicos de la Infancia (CEEPI), Claudia Sotelo Arias, señaló: “Un padre malvavisco, ya sea la mamá, el papá o ambos, es un padre que es suave como un bombón, dulzón con los hijos, porque no tiene claros los límites.

    No representa una figura de autoridad para el niño o la niña y se le dificulta poner hábitos o incluso hacer que los hábitos se cumplan”.

    La investigadora explica que se trata de padres que tienen entre 30 y 45 años y que generalmente fueron educados dentro de esquemas muy rigurosos que no desean aplicar a sus hijos.

    “Estamos hablando de padres que están tratando de modificar estos moldes cuadrados con los que fueron educados, como cuando con una sola mirada tu papá te regañaba. El problema es que se está cayendo en extremos, porque le tienen miedo al sufrimiento del niño y todo lo negocian siendo permisivos”.

    La sicóloga señala que este tipo de padres son profesionistas y trabajan, por lo que buscan compensar a los hijos complaciéndolos, sin establecer una disciplina.

    Si el niño no quiere comer lo que hay en casa, le compran lo que pide. Si no se quiere dormir a la hora que le corresponde, se lo permiten. No le fomentan hábitos”, señaló la directora del CEEPI.

    Añade que otro error que se comete es el hecho de ponerse al nivel del niño, porque los hijos deben aprender que dentro de las familias existen jerarquías y que los padres son los responsables y son quienes cuidan y protegen a los infantes.

    “Como no toleran el sufrimiento de sus hijos, siempre les dan la posibilidad de algo más. Si tienen mal comportamiento, responsabilizan a los maestros, a los abuelos o a quienes los cuidan.

    Les temen a sus hijos porque le temen al enojo, al berrinche o a la reacción si les dicen que no, y esto es un error. En el niño se debe fomentar el sentimiento de frustración para poder enfrentar la vida”, indicó.

    Claudia Sotelo Arias señala que los padres malvavisco no tienen la conciencia de que sin disciplina y sin reglas no están educando al niño para enfrentar al mundo.

    “El problema no sólo se sufrirá en el hogar, sino en la convivencia con otras personas. No se trata de ser autoritarios ni de imponer, se trata de ser una figura de autoridad siendo padres comprensivos y flexibles, sin afectar al niño”, explicó la sicóloga.

    SIN TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

    De acuerdo con la maestra Susana Salazar Gómora, coordinadora del CEEPI, los hijos de padres malvavisco son niños que no logran desarrollar una tolerancia a la frustración y rivalizan en la escuela o en la familia porque no están acostumbrados a recibir una negativa como respuesta.

    “Son niños que van a hacer berrinche ante un no, son niños que siempre van a buscar que los padres puedan complacerlos en todo y donde estén.

    Son niños que dentro de la escuela no siguen normas y sin importar el grado escolar no logran trabajar con sus compañeros de clase”, detalla.

    La especialista en estudios de desarrollo infantil comenta que debido a la falta de reglas y de hábitos los niños también presentan trastornos alimenticios y del sueño.

    Salazar Gómora, señala que los hijos de padres malvavisco también corren el riesgo de ser rechazados por su comportamiento en su entorno de convivencia habitual.

    “Hay que poner atención: si de los tres a los ocho años el berrinche es su forma de comunicación, ya estamos hablando de un foco rojo”.

    Explica que si no se detiene este tipo de comportamiento, los hijos de padres malvavisco tendrán una adolescencia y una etapa adulta complicada.

    “Cuando un niño sin capacidad de frustración llega a la adolescencia, se vuelve más agresivo y pueden hasta agredir a los maestros.

     

    “Además, son jóvenes que no tienen buen rendimiento escolar constante y que son proclives a las adicciones”.

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