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  • La(s) llamada(s)

    2017-02-08 19:28:50 | El Pionero

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    El gobierno de México no grabó la tan comentada llamada entre Enrique Peña Nieto y Donald Trump, aquella en la que, se dijo, el estadunidense habría dicho que hasta podría enviarnos tropas para ayudarnos a resolver el tema del narcotráfico. Pero no, México es cuidadoso del concepto “privacidad”, y muy sigilosamente deja que el Presidente hable con éste o cualquier otro mandatario, con la seguridad de que nadie más (al menos aquí al interior del país) tendrá acceso al contenido de la llamada más que los involucrados.


        

    Le dijo Eduardo Sánchez, vocero de la Presidencia, a Carlos Loret de Mola en su noticiario: “México juega limpio en sus relaciones con otras naciones. Por eso las conversaciones son privadas...”, le afirmó. Resulta curioso que las llamadas diplomáticas carezcan de protocolos a nivel internacional, porque en ellas se discuten asuntos de seguridad nacional. La Convención de Viena, donde se regulan las relaciones diplomáticas, no dice absolutamente nada al respecto, deja a criterio de cada involucrado la manera en cómo se realizan las conversaciones telefónicas. México, aclaró el vocero, no lleva detalle de lo que en éstas se trata. Eso sí, se prohíbe el espionaje en cualquiera de sus formas. En Estados Unidos la cosa es distinta. Explosivamente distinta. Las revelaciones de Edward Snowden nos dijeron que, al menos, nuestro país vecino sí lleva registro de las llamadas que se realizan desde el interior de la Casa Blanca. La persecución de la que es objeto no nos deja pensar que mintió. Fidel Castro, otro ejemplo, también nos mostró que en Cuba sí hay registro de las conversaciones telefónicas. Pero, al menos por ahora, México sigue apostando a la buena voluntad diplomática, sobre todo cuando se habla con un personaje como Donald Trump, el Presidente de nuestro principal socio comercial. Habrá opiniones encontradas al respecto: quienes afirmen que era mejor idea mandar una señal de fuerza dejando la duda sobre la existencia de la grabación (como una forma de no dar todo al gobierno estadunidense) y habrá quienes opinen que es irrelevante (cuando no potencialmente pernicioso), en este punto de las negociaciones, dejar cualquier interrogante abierta. México ya decidió: no espiamos, no grabamos. Una bandera blanca. Alguien, en algún lugar, tiene registro de esa llamada telefónica. Por lo pronto, la Casa Blanca, como lo hizo saber a la agencia AP. Pero lo cierto es que tampoco la han dado a conocer en su totalidad. Y eso quiere decir que Trump tampoco está echando más leña al fuego. Al contrario: hace un par de noches, previo al Super Bowl, en una entrevista para la cadena Fox News, dijo que sí ofreció ayuda militar al Presidente de México: “Como el buen hombre que es, y alguien que respeto, yo preferiría que él respondiera a eso, pero digo que ciertamente le ofrecí ayuda...”. Se percibió también una bandera blanca. Y lo mismo ocurrió ayer con las declaraciones de John Kelly, secretario de Seguridad Interior, quien habló con Osorio Chong y acordaron reunirse próximamente en la CDMX. Para cerrar el día, bandera blanca total: Donald Trump culpó a “la gente de Obama” de las filtraciones, tanto de la llamada con Peña Nieto como de la llamada con el primer ministro australiano, Malcolm Turnbull. Si las llamadas telefónicas entre la diplomacia no están reguladas a nivel global, tal vez deberían debatirse algunos protocolos para evitar este tipo de tensiones adicionales entre las cada vez más complejas relaciones bilaterales entre los países. Porque, si bien Eduardo Sánchez ayer hizo lo correcto (decir que México no comete la agresión de grabar conversaciones entre presidentes), lo cierto es que todos los presidentes del mundo lo hacen y saben que lo hacen. Quizá valdría la pena que éste sea un tema que se vuelva a debatir en Naciones Unidas, más allá de las buenas intenciones o los actos de espionaje: quizá con un criterio de la transparencia y rendición de cuentas que tampoco ponga en riesgo la “razón de Estado” de cada Estado involucrado. Por Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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    Homo erectus

    2017-03-25 18:49:09 | El Pionero

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    Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte.


        

    La idea es muy simple, pero efectiva: pantallas en los andenes de una estación del Metro en la Ciudad de México, en ellas se proyectan los glúteos de los hombres que esperan el transporte. A algunos les dio risa, pero la mayoría reaccionó con desconfianza. Unos se cubrieron con sus manos, otros más se vieron un tanto o mucho muy molestos. ¿Quién les dio derecho a enfocar su cuerpo? ¿Quién les dio permiso de ser el centro de las miradas? Efectivamente, nadie. Un experimento lanzado por un colectivo aún anónimo que busca la concientización sobre el tema del acoso, muy en la opinión pública, luego de que Tamara de Anda, una conocida bloguera en redes sociales, hizo público su caso, en el que llevó al Ministerio Público a un taxista que le gritó “¡guapa!” desde su vehículo.

     

    Pero regresando al experimento que mencioné al principio, lo que resulta sumamente interesante es ver la reacción de la mayoría de los hombres. Claro, aquellos que se molestaron porque en una pantalla se vieran enfocadas sus partes privadas, consideran que un “guapa” o cualquier palabra dirigida sin consenso a una mujer, debería ser recibida como si se tratara de un favor, de un halago. Bueno, yéndonos a los extremos, ¡hay quien piensa que debemos pedir “por favor” que no se nos acose con tales comentarios! Faltaba más, ahora resulta que las mujeres debemos tener la obligación de saber cómo pedir que no se nos moleste. Los hombres, en consecuencia, sólo serán seres que responden a un instinto que una inconsciente mujer no entiende.

     

    El acoso, para quienes andan todavía muy perdidos en el tema, es muy simple: es cualquier expresión dirigida a una persona en particular, sin su consentimiento. Usted, hombre o mujer, sabe de quién recibir cualquier comentario, sobre todo si éste tiene un fin sexual: está en su derecho de decir “de ti sí, de ti no”, entonces, ¿por qué habríamos de recibir, responder o agradecer lo que cualquiera nos diga?

     

    En otro experimento, también en el Metro de la Ciudad de México, colocaron algo sobre los asientos; los hombres que no se percataron del objeto y que tomaron el lugar, se encontraron con un contacto extraño que, por supuesto, no les gustó. Pues eso, señores, es lo que sentimos cuando se nos acercan demasiado. El muy conocido “arrimón” que sin ningún tipo de pena y menos aún de respeto, muchos de ustedes ejecutan con alevosía y ventaja. Ah, ¡pero claro!, ninguna de estas circunstancias resultó agradable para los señores: ni que sus pompas fueran vistas por todos y todas alrededor, ni que un objeto extraño se acercara inesperadamente a las mismas mencionadas pompas. Pero, según algunos de esos mismos señores, las mujeres deberíamos estar agradecidas porque alguien se fijó en nosotras.

     

    Lo que los acosadores necesitan saber es qué es lo que se siente. Y quienes los justifican, también. Lo que quienes han vivido una experiencia de acoso de cualquier nivel merecen es la oportunidad de defender que nadie tiene por qué aceptar un “halago” si nadie abrió la puerta para ello. Pero hasta que no entiendan que las mujeres podemos andar “solas” por la calle, vistiendo como se nos dé la gana, hablando y haciendo lo que deseemos, siempre y cuando no afectemos a terceros, ese machismo tan arraigado no comprenderá jamás que sus prácticas han quedado desfasadas con el paso del tiempo. Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte. Así de elementales son esos señores que se creen homo sapiens, pero no distinguen entre el homo erectus y el australopithecus al comportarse.

     

    Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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