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  • ¿#NoCompresUSA?

    2017-02-05 21:46:55 | El Pionero

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    Boicotear empresas estadunidenses es la nueva tendencia que circula a través de las redes sociales. Todo empezó cuando la empresa Ford fue obligada por las amenazas de Donald Trump a cancelar la inversión en San Luis Potosí; inmediatamente hubo voces que pidieron no comprar vehículos de esa marca. Incluso empresas decidieron no adquirir más estos carros.


        

    Luego, a raíz de la toma de posesión de Trump como Presidente de Estados Unidos y los ataques que ha emprendido contra México y sus ciudadanos, varias mentes creativas han decidido “tomar venganza” iniciando campañas de boicot del tipo #NoCompresUSA. Sin embargo, se tienen noticias de que esto no le ha quitado el sueño al republicano ni ha cambiado un ápice su forma de relacionarse con el país. Es absurdo pensar que dejando de comprar a compañías estadunidenses se va a castigar a Trump. Se olvida que esas empresas diabólicas-gringas-capitalistas-e-hijas-de-Trump dan empleo a miles de mexicanos y, en muchas ocasiones, son inversiones con capital mixto. Pero, si se insiste en seguir boicoteando todo lo que suene a gringo, esta columna, siempre dispuesta a ayudar, realiza algunas otras sugerencias: ¿Qué tal si además de dejar de consumir café en Starbucks; comer pizza en Domino’s, hamburguesas en McDonald’s o pollo en KFC; tomar Coca-Cola y comprar en Walmart, se deja de usar el buscador de Google (empresa gringa) con todos sus derivados como el correo Gmail o Google Maps? Ahora si se quiere encontrar algo hay que regresar a la Enciclopedia Británica —que al menos no es estadunidense— y recuperar la Guía-Roji. Habría que boicotear también Facebook y WhatsApp porque ambas empresas son del mismo dueño, Mark Zuckerberg, quien nació en Nueva York, ¡en Estados Unidos! Nada de comunicarse a través de Twitter (que por supuesto también pertenece a los americanos). Esa misma suerte deben correr todas estas redes sociales como Instagram, Snapchat o aplicaciones como Waze. Si se usa una computadora, por supuesto sólo adquirir marcas coreanas, japonesas o chinas y nada de que el sistema operativo sea Windows o Mac, porque ambos pertenecen a empresas muuuy estadunidenses. De ahora en adelante habrá que usar Linux, cuyo creador, al menos, es finlandés. Habrá que cancelar Netflix y contratar Blim. Nada de ver series estadunidenses como Game of Thrones, Big Bang Theory o The Walking Dead, ahora sólo se deben consumir telenovelas mexicanas y series como La Rosa de Guadalupe o repeticiones de Chespirito. Pero ése sólo debería ser el principio del boicot, porque si se trata de que le duela a Donald habría que suprimir todas las palabras que suenen a Estados Unidos. Nada de conectarse vía Bluetooth, habrá que decir: “¿Tienes prendido tu dispositivo de transmisión de datos sin cables?”. La conversación tiene que cambiar, ya no es “¿Tienes un blog?”, sino un “¿Escribes un diario en la red?”. Adiós al sándwich, bienvenido el emparedado. Que la Comisión de los Derechos Humanos se olvide de seguir utilizando eso del ombudsman, de ahora en adelante es el hombre defensor. No serán más jeans, sino simples pantalones de mezclilla, y ni hablar de los boxers, de ahora en adelante sólo calzoncillos. Por supuesto, a las tradicionales y riquísimas gringas se les debe conocer como quesadillas de queso con pastor. La respuesta ante las medidas de Trump debe ser, en efecto, comprar y consumir los artículos hechos en México, obligar a las autoridades a darles el apoyo a los productores mexicanos para que tengan extensos canales de distribución y puedan ser competitivos. En suma, ayudar al consumo interno, lo cual es muy distinto a caer en la misma reacción racista que el mandatario estadunidense. Vianey Esquinca/La Inmaculada Percepción

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    Homo erectus

    2017-03-25 18:49:09 | El Pionero

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    Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte.


        

    La idea es muy simple, pero efectiva: pantallas en los andenes de una estación del Metro en la Ciudad de México, en ellas se proyectan los glúteos de los hombres que esperan el transporte. A algunos les dio risa, pero la mayoría reaccionó con desconfianza. Unos se cubrieron con sus manos, otros más se vieron un tanto o mucho muy molestos. ¿Quién les dio derecho a enfocar su cuerpo? ¿Quién les dio permiso de ser el centro de las miradas? Efectivamente, nadie. Un experimento lanzado por un colectivo aún anónimo que busca la concientización sobre el tema del acoso, muy en la opinión pública, luego de que Tamara de Anda, una conocida bloguera en redes sociales, hizo público su caso, en el que llevó al Ministerio Público a un taxista que le gritó “¡guapa!” desde su vehículo.

     

    Pero regresando al experimento que mencioné al principio, lo que resulta sumamente interesante es ver la reacción de la mayoría de los hombres. Claro, aquellos que se molestaron porque en una pantalla se vieran enfocadas sus partes privadas, consideran que un “guapa” o cualquier palabra dirigida sin consenso a una mujer, debería ser recibida como si se tratara de un favor, de un halago. Bueno, yéndonos a los extremos, ¡hay quien piensa que debemos pedir “por favor” que no se nos acose con tales comentarios! Faltaba más, ahora resulta que las mujeres debemos tener la obligación de saber cómo pedir que no se nos moleste. Los hombres, en consecuencia, sólo serán seres que responden a un instinto que una inconsciente mujer no entiende.

     

    El acoso, para quienes andan todavía muy perdidos en el tema, es muy simple: es cualquier expresión dirigida a una persona en particular, sin su consentimiento. Usted, hombre o mujer, sabe de quién recibir cualquier comentario, sobre todo si éste tiene un fin sexual: está en su derecho de decir “de ti sí, de ti no”, entonces, ¿por qué habríamos de recibir, responder o agradecer lo que cualquiera nos diga?

     

    En otro experimento, también en el Metro de la Ciudad de México, colocaron algo sobre los asientos; los hombres que no se percataron del objeto y que tomaron el lugar, se encontraron con un contacto extraño que, por supuesto, no les gustó. Pues eso, señores, es lo que sentimos cuando se nos acercan demasiado. El muy conocido “arrimón” que sin ningún tipo de pena y menos aún de respeto, muchos de ustedes ejecutan con alevosía y ventaja. Ah, ¡pero claro!, ninguna de estas circunstancias resultó agradable para los señores: ni que sus pompas fueran vistas por todos y todas alrededor, ni que un objeto extraño se acercara inesperadamente a las mismas mencionadas pompas. Pero, según algunos de esos mismos señores, las mujeres deberíamos estar agradecidas porque alguien se fijó en nosotras.

     

    Lo que los acosadores necesitan saber es qué es lo que se siente. Y quienes los justifican, también. Lo que quienes han vivido una experiencia de acoso de cualquier nivel merecen es la oportunidad de defender que nadie tiene por qué aceptar un “halago” si nadie abrió la puerta para ello. Pero hasta que no entiendan que las mujeres podemos andar “solas” por la calle, vistiendo como se nos dé la gana, hablando y haciendo lo que deseemos, siempre y cuando no afectemos a terceros, ese machismo tan arraigado no comprenderá jamás que sus prácticas han quedado desfasadas con el paso del tiempo. Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte. Así de elementales son esos señores que se creen homo sapiens, pero no distinguen entre el homo erectus y el australopithecus al comportarse.

     

    Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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