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  • Atrás mordaza

    2017-02-01 17:37:29 | El Pionero

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    “Los censores nunca jamás han sido protectores de la gente (aunque así se vendan): son protectores de los poderosos que no quieren que nadie los exhiba. Al grado de defender, incluso, lo indefendible. El IFT está a tiempo de recapacitar y no contribuir a lastimar todavía más nuestra ya de por sí muy lastimada democracia…”, escribí esto hace apenas una semana.


        

    Hoy, siete días después, el IFT tendrá que esperar a que la SCJN resuelva la controversia constitucional que interpondrá Presidencia de la República, según lo anunció ayer. Son ocho los artículos de la Ley Federal de Televisión y Radiodifusión que fueron señalados por el Ejecutivo para buscar su anulación. Entre ellos está, justamente, al que hice referencia hace unos días. El gobierno de la República justifica su intervención en que el IFT no tiene facultades para emitir disposiciones que regulen lo que entendemos (o entienden) como derecho de las audiencias. Esto es parte de las obligaciones del Estado, y pretender regularlo era invadir facultades del Presidente. Y como detallamos varios colegas, definir qué debe ver y de qué forma la audiencia, es un asunto sumamente delicado y, sí, de corte autoritario y diseñado sobre criterios que subestiman a televidentes y a radioescuchas, que pretendían “proteger” a las audiencias a partir de subestimarlas y privarlas de toda voz que propicie debate, opinión, signos de interrogación, irreverencia, cuestionamiento o hasta la mera interpretación de los hechos que aporta la realidad. El recurso de controversia constitucional que interpuso Peña Nieto corresponde a una urgencia para asegurar que la manera en cómo comunicamos quienes nos dedicamos a los medios de información, no sufra alteraciones que corresponden más a regímenes censores que a una democracia abierta y deliberativa. “Me gusta mi mundo sucio, contradictorio, mugriento y bajo. No lo cambio por el lugar desinfectado que, dentro de poco, será…”, escribía Leila Guerriero hace un par de semanas en su blog en El País. Se refería —por supuesto— a la lluvia de reglas o normas morales que, con el tiempo, la sociedad ha diseñado como resultado de un boom por la corrección política. Búsqueda de mejores códigos que se han convertido en estrategias de manipulación por parte de quienes ejercen el poder. Cuando lo correcto se vuelve lo incontrovertible. Le decía yo en el texto del 27 de enero: lo que pretende el IFT es evitar que yo que escribo en este diario y conduzco dos espacios informativos, en radio y televisión, respectivamente, me guarde sólo para mí (o lo aturda a usted, querido televidente o radioescucha, con cortinillas de advertencia de que lo que diré es opinión mía y nada más que mía, como si usted fuera un tonto incapaz de distinguirla) cualquier apreciación sobre la realidad. Ni pensar en decir que Javier Duarte es un ratero, aunque la Interpol ya lo busque por ello: antes el IFT me exigiría una cortinilla de “opinión”. Otra nueva legislación para menospreciar el criterio, la inteligencia y el discernimiento de los ciudadanos: el Estado siempre tratándolos como niños de pecho para protegerse a sí mismo (o a su clase política) de todas las críticas y cuestionamientos. Mejor te pongo una venda (o una cortinilla) en ojos y orejas para que no veas ni oigas que en realidad soy santaclós (o bueno, que soy un ratero). El IFT esperará la resolución de la Corte, que antes de discutir el tema deberá aceptar el recurso del gobierno federal. ¿En qué pensaba el IFT con esta ley que sería la envidia hasta de Nicolás Maduro? El gobierno federal hace lo correcto al interponer la controversia para no permitir que esta sociedad reciba, como escribía Leila, la información “desinfectada”. Que de tan desinfectada termina siendo incolora, inodora, insípida y... homogénea. Repito lo que anoté: una sana democracia se enriquece por la diversidad de voces y de vías que éstas tienen para expresarse. Cualquier intento de restringirla —lejos de los principios éticos de cada informante—, corresponde a un acto de censura. Y las mordazas siempre sacan sangre: no sólo a las bocas a las que se imponen; también a las manos que las amarran... Es turno de la SCJN para defender una libertad fundamental para toda democracia que se precie de serlo. Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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    Espejito, espejito, ¿quién es el más corrupto?

    2017-10-15 21:07:17 | El Pionero

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    El Congreso de la Unión está viendo y no ve. Los senadores y los diputados se esfuerzan todos los días por demostrarle a la ciudadanía que no está equivocada en su percepción de desconfianza y hartazgo de sus legisladores.


        

    Esta semana, el PRI, el PAN y el PRD iniciaron un concurso por descubrir quién era el más corrupto de los políticos, dando una muestra de cómo se utilizan las instituciones para persecuciones y/o golpeteos. 

     

    La sede del certamen llamado “Máster corrupto” es la Cámara de Diputados. La competencia está muy cerrada y debido a la calidad de los participantes, ni los apostadores profesionales se atreven a dar un pronóstico.

     

    Si los legisladores hubieran invitado a un interventor de Gobernación a dar legalidad del concurso, éste les hubiera dicho que el Congreso no tiene las facultades para investigar a alguien que está fuera del servicio público, pero lo que menos les importa a los diputados es actuar conforme a derecho.

     

    El organizador de este torneo fue el Grupo Parlamentario del PRI, quien presentó el punto de acuerdo para crear una Comisión Especial que investigue el presunto enriquecimiento del presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya, también conocido en el bajo mundo como #LordPropiedades. Este primer participante está vinculado, de acuerdo con versiones periodísticas, con aumento de inmuebles y de patrimonio.

     

    Entonces el PAN señaló que si a #LordPropiedades lo invitaban al concurso, a #ElSeñordelosTaxis también. Los panistas dijeron que sí le entraban a la competencia siempre y cuando se inscribiera el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, y demostrara de dónde había sacado sus concesiones de taxis, cómo fue la indemnización de un millón 200 mil pesos que recibió cuando dejó de ser el titular de la CFE y, de paso, que explicara casos como la Casa Blanca y Odebrecht.

     

    Aunque parecía que la cosa iba a quedar en un juego de dos, se supo que la líder nacional del PRD, Alejandra Barrales, tenía una casa en las Lomas, por lo que seguramente el PRI la invitará también a participar, aunque lo primero que hay que investigar en todo caso es ¿quién le vendió una casa de más de 500 metros en las Lomas por 13 millones de pesos? Que presente a su corredor de bienes.

     

    No importa tampoco que Anaya, Ochoa y Barrales hayan dado explicaciones a quienes los hayan querido escuchar sobre sus riquezas. El chiste es hacerla de emoción.

     

    Se sabe, además, que ya todos los partidos están preparando sus mejores armas y argumentos. El legislador panista podría decirle al priista: “Tú no hables de corrupción, tus gobernadores son los más corruptos de todos. Ahí están los casos de César Duarte, Javier Duarte, Eugenio Hernández, Tomás Yarrington y Roberto Borge”. El priista respondería entonces: “No te quedas atrás con Luis Armando Reynoso Femat y Guillermo Padrés, o en el caso del PRD con sus amigos José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda”.

     

    El PAN propuso que fuera Morena una especie de conductor/moderador del concurso, pero seguramente cualquiera de los participantes impugnará esta decisión por considerar que no están libres de pecado, sino, al contrario, ser uno de los participantes.

     

    Seguro les recordarán que en las elecciones pasadas la exmorenista Eva Cadena destapó un escándalo que demostró que en el manejo de los recursos por debajo de la mesa, Morena no tenía nada que aprender de los otros partidos.

     

    A unos meses de las elecciones, los partidos están sacando como siempre lo peor que tienen. Buscar al “Máster corrupto” no es más que una muestra de lo poco que pueden ofrecer los políticos en esta época electoral.

     

    La inmaculada percepción/VIANEY ESQUINCA

     

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