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  • No todo será por sus polainas

    2017-01-28 16:04:37 | El Pionero

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    Vaya semana. En sus primeros siete días como presidente de Estados Unidos, Donald Trump comenzó a operar como lo prometió: con la fuerza y el dolo propio de un dictador, de un tirano. Desde su toma de posesión ha firmado varios acuerdos ejecutivos que nos dejan por lección que está dispuesto a todo, incluso a nadar a contracorriente.


        

    Se salió del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP), una de sus primeras promesas, dejando a la deriva a países como Japón, Australia y Perú, quienes han dicho que no soltarán esta negociación, que la salvarán aun si EU ya no forma parte de ella. Para volverse una realidad, esta decisión sólo requería el apoyo del Senado. Y es que, a pesar del tanto ruido que algunos de los movimientos de Donald Trump nos generen, lo cierto es que, muy a su pesar, tales deben estar respaldados en ocasiones por el Congreso y posteriormente por el Senado. No es que desde ahora, y sólo por ser presidente de Estados Unidos, Trump tiene total libertad para hacer y deshacer a su antojo. Aunque parezca que sí, el republicano está sometido a contrapesos que, por fortuna, le impiden que cualquier ocurrencia que le llegue a la cabeza se vuelva realidad. La famosa división de poderes: para eso sirve. Desafortunadamente, sí hay temas que obedecerán por completo a sus ocurrencias. Está el asunto de los dreamers, jóvenes que llegaron siendo niños a EU y a quienes Barack Obama dio la oportunidad de tener una condición de ciudadanía legal de manera temporal, que les da acceso a servicios educativos y de salud. Al ser una decisión anotada directamente por su antecesor, sólo basta la firma de una acción ejecutiva ordenada por Trump. Tal como ocurrió con lo firmado respecto al financiamiento que reciben organizaciones para practicar abortos, una decisión de George W. Bush, que a su vez fue anulada por el gobierno de Obama. Hoy, en respuesta, varias organizaciones en Holanda y Bélgica crearon un fondo especial para que las instituciones en EU que dejarán de recibir fondos puedan seguir operando sin poner en riesgo la vida de las mujeres que acuden a ellas. Ayer, por primera vez en la historia, vimos a un vicepresidente de EU dando un discurso oficial en una manifestación conservadora, en aquella denominada “Marcha por la Vida”, que busca preservar toda ley que les prohíba a las mujeres en EU acceder a servicios de salud apropiados. Hoy, ésta es la realidad del mundo. La construcción del muro será acaso su asunto más polémico —por mediático—, pero bajo el brazo de Trump se alistan varias órdenes ejecutivas reales que se cocinan en una olla de presión. No todas serán una realidad por sí solas, pero el hecho de que éstas puedan llegar a un Congreso para su revisión —hoy conformado en su mayoría por republicanos— le abona a este clima de tensión. Ayer, Carlos Slim decía en conferencia de prensa que es momento de voltear hacia otro lado, sugirió Asia, y definió a Trump como un negociator y no un terminator, es decir, dijo que no hay que temerle: “Hay que ocuparnos más que lamentarnos, estar conscientes de que hay que apoyar las decisiones y negociaciones que haga el gobierno de México”. Aun con esto, en esta última semana, Trump también firmó órdenes para acabar con las ciudades santuario, reforzar la seguridad en la frontera, reiniciar los trabajos en la construcción de dos oleoductos cancelados por Obama… y, paradójicamente, iniciar una investigación por fraude en la elección ¡que él mismo ganó! Para buena suerte nuestra, además de Slim, han salido otras voces expertas en temas financieros a decir que el arancel que se sacaron de la manga como medida para que México pague el muro, resulta un total despropósito, porque este impuesto sería pagado por los consumidores estadunidenses, además de que Trump no tiene facultades, pues este tipo de decisiones tienen que ser validadas por la OMC, el órgano que regula al TLCAN. Desde luego que la manera en que Trump está ejerciendo su poder está asustando a más de uno, pero si algo ha dejado claro, es que ésa es más bien una estrategia, porque para muchas de sus decisiones, aún faltaría un aval para hacerse realidad. Y ése no sólo tiene que venir del Congreso. Por suerte. Por: Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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    Homo erectus

    2017-03-25 18:49:09 | El Pionero

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    Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte.


        

    La idea es muy simple, pero efectiva: pantallas en los andenes de una estación del Metro en la Ciudad de México, en ellas se proyectan los glúteos de los hombres que esperan el transporte. A algunos les dio risa, pero la mayoría reaccionó con desconfianza. Unos se cubrieron con sus manos, otros más se vieron un tanto o mucho muy molestos. ¿Quién les dio derecho a enfocar su cuerpo? ¿Quién les dio permiso de ser el centro de las miradas? Efectivamente, nadie. Un experimento lanzado por un colectivo aún anónimo que busca la concientización sobre el tema del acoso, muy en la opinión pública, luego de que Tamara de Anda, una conocida bloguera en redes sociales, hizo público su caso, en el que llevó al Ministerio Público a un taxista que le gritó “¡guapa!” desde su vehículo.

     

    Pero regresando al experimento que mencioné al principio, lo que resulta sumamente interesante es ver la reacción de la mayoría de los hombres. Claro, aquellos que se molestaron porque en una pantalla se vieran enfocadas sus partes privadas, consideran que un “guapa” o cualquier palabra dirigida sin consenso a una mujer, debería ser recibida como si se tratara de un favor, de un halago. Bueno, yéndonos a los extremos, ¡hay quien piensa que debemos pedir “por favor” que no se nos acose con tales comentarios! Faltaba más, ahora resulta que las mujeres debemos tener la obligación de saber cómo pedir que no se nos moleste. Los hombres, en consecuencia, sólo serán seres que responden a un instinto que una inconsciente mujer no entiende.

     

    El acoso, para quienes andan todavía muy perdidos en el tema, es muy simple: es cualquier expresión dirigida a una persona en particular, sin su consentimiento. Usted, hombre o mujer, sabe de quién recibir cualquier comentario, sobre todo si éste tiene un fin sexual: está en su derecho de decir “de ti sí, de ti no”, entonces, ¿por qué habríamos de recibir, responder o agradecer lo que cualquiera nos diga?

     

    En otro experimento, también en el Metro de la Ciudad de México, colocaron algo sobre los asientos; los hombres que no se percataron del objeto y que tomaron el lugar, se encontraron con un contacto extraño que, por supuesto, no les gustó. Pues eso, señores, es lo que sentimos cuando se nos acercan demasiado. El muy conocido “arrimón” que sin ningún tipo de pena y menos aún de respeto, muchos de ustedes ejecutan con alevosía y ventaja. Ah, ¡pero claro!, ninguna de estas circunstancias resultó agradable para los señores: ni que sus pompas fueran vistas por todos y todas alrededor, ni que un objeto extraño se acercara inesperadamente a las mismas mencionadas pompas. Pero, según algunos de esos mismos señores, las mujeres deberíamos estar agradecidas porque alguien se fijó en nosotras.

     

    Lo que los acosadores necesitan saber es qué es lo que se siente. Y quienes los justifican, también. Lo que quienes han vivido una experiencia de acoso de cualquier nivel merecen es la oportunidad de defender que nadie tiene por qué aceptar un “halago” si nadie abrió la puerta para ello. Pero hasta que no entiendan que las mujeres podemos andar “solas” por la calle, vistiendo como se nos dé la gana, hablando y haciendo lo que deseemos, siempre y cuando no afectemos a terceros, ese machismo tan arraigado no comprenderá jamás que sus prácticas han quedado desfasadas con el paso del tiempo. Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte. Así de elementales son esos señores que se creen homo sapiens, pero no distinguen entre el homo erectus y el australopithecus al comportarse.

     

    Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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