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  • Y 34 años después, LaVolpe sigue invicto

    2017-01-23 23:22:46 | El Pionero

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    "El fracaso no existe en el vocabulario de Ricardo LaVolpe". Claro, lo dice, en ese tono mesiánico, hablando de sí mismo en tercera persona, el mismo Ricardo LaVolpe.


        

    En su obnubilado narcisismo, el técnico del América está convencido que para referirse a sí mismo, debe hablarse en tercera persona. Sólo se siente pequeño ante la grandeza de sí mismo. No hay dos espejos iguales. Zarandeado por Toluca y Tigres, LaVolpe sigue invicto. Como hace 34 años, al hacerse cargo de Oaxtepec, las derrotas son de sus jugadores, de su directiva, de la institución, o complots magníficamente orquestados por los árbitros, el periodismo, o hasta el hecho de que Japón esté rete lejos. En un universo que confabula contra él, ahora LaVolpe recalca que, tras el 4-2 ante Tigres, el América no da más, porque no tiene el plantel que quisiera. El mismo paraguas -sin goteras--, que ha abierto en 34 años y 19 chambas de técnico. Hace unos meses, se vanagloriaba de tener a un equipo competitivo. Recién comprando kimonos en Japón en el Mundial de Clubes, dijo que podía competirle al Real Madrid por la calidad de sus jugadores. Hoy, meses después, la gloriosa estirpe de su equipo, termina siendo una legión de pelagatos. La incongruencia diría Alberto Cortez de "somos jueces mezquinos del valor de los demás, pero no permitimos que nos juzguen los demás". Insisto: LaVolpe sigue invicto. O le ganan "porque nos hicieron golazos (desde aquel de Maxi Rodríguez en Alemania 2006)", o es el arbitraje, o el jet lag, o la concupiscente traición de los astros, o porque, como en Columbus, ante EEUU, a su esposa se le olvidó poner la corbata antidesastres. Más allá de que, conforme a lo ratificado por Ricardo Peláez, el mismo LaVolpe palomeó jactancioso la salida de jugadores que habían dado títulos al americanismo, hoy endosa a su directiva la torpeza de tener un plantel, por lo visto, confeccionado para perder y no para ganar. Ojo: todos los entrenadores de la época Peláez, han entregado un título, ya sea de Liga, o al menos de la competidísima Concachampions, aunque luego han servido sólo para el proxenetismo sentimental de su afición, con fracasos evidentes. LaVolpe es el primero de los entrenadores de Peláez que tuvo la disputa de tres competencias en fases al menos de Semifinales, y no levantó trofeo en ninguna. Pero él, LaVolpe, sigue invicto. Agobiado -todavía-por el periplo turístico --porque de competitivo nada-por Japón, LaVolpe lamenta que no ha podido dar reposo, ni entrenar, ni armar su equipo, por la fatiga de tanto viaje, actividad y futbol. Y es curioso, porque las Águilas pudieron aplazar su partido ante Chiapas, pero Tigres no lo consiguió ante Santos. Canonjías del poder y de Decio de Corleone. Y, en igualdad de condiciones, excepto claro el #SushiTour de hace ya más de un mes, los felinos le dieron una repasada a las derrotadas Águilas y al invicto LaVolpe. Fueron cuatro goles, pero pudieron ser seis u ocho, especialmente porque Gignac ahora está más somnolientamente lelo tras la resaca de la post-hipnoterapia de John Milton, pero, ya despertará. ¿Está capacitado LaVolpe para enderezar el rumbo? Preocupa que "el equipo más grande de México", citando al mismo entrenador no vea "alarmas rojas encendidas", al tener el peor inicio de campaña en la época Peláez, con el equipo fácilmente localizable en la inmundicia del sótano de la tabla. Si y sólo si primero acepta que el equipo requiere algo más que los ensayos pirotécnicos y suicidas, de inventar posiciones, jugadores y jeroglíficos tácticos, podría empezar a encontrar la puerta a una tregua. Con un equipo lastimado, flagelado espiritual y competitivamente, LaVolpe deberá primero dejar de fantasear y fantochar, para rescatar a sus futbolistas. Ojo: tiene, en un estricto conteo, jugadores con pasados victoriosos en clubes, selecciones nacionales y hasta Juegos Olímpicos. Es decir, la gloria no les es ajena. Sin embargo, el peor camino es el que ha elegido: todos son unos derrotados, menos, claro, el mismo LaVolpe. La línea es muy frágil: las derrotas son todas de ellos y las victorias son todas de él. Ya bastante sombrío fue ver un reflejo de su actitud en los jugadores. Ante Tigres, lejos de compartir solidaridad, se repartieron de sopapos. Goltz, Aguilar, Valdez y Marchesini se enredaron en una sesión de repartición de culpas, hasta desahogarse con Edson Álvarez, ese, al que el mismo LaVolpe, hace unos días, dijo que le embelesaba como si fuera el 'Káiser' Beckenbauer, pero, tras la derrota ante Tigres, no aspira ni a ser émula del Pikolín, por como lo trataron el técnico y los compañeros. Y se viene Veracruz, en el que, insisto, entre cuerpo técnico y jugadores, hay más americanistas genuinos que hoy en El Nido. Rafa Ramos/La Afición

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    Los errores de padres malvavisco, aquellos que no ponen límites

    2017-05-16 17:07:01 | El Pionero

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    Tienen entre 30 y 45 años, son incapaces de decir no a sus hijos, son permisivos y no tienen jerarquía en su casa


        

    Por ser permisivos y condescendientes en la educación de sus hijos, a quienes no les ponen límites, los especialistas los definen como padres malvavisco.

    En entrevista con Excélsior, la directora del Centro de Especialización en Estudios Psicológicos de la Infancia (CEEPI), Claudia Sotelo Arias, señaló: “Un padre malvavisco, ya sea la mamá, el papá o ambos, es un padre que es suave como un bombón, dulzón con los hijos, porque no tiene claros los límites.

    No representa una figura de autoridad para el niño o la niña y se le dificulta poner hábitos o incluso hacer que los hábitos se cumplan”.

    La investigadora explica que se trata de padres que tienen entre 30 y 45 años y que generalmente fueron educados dentro de esquemas muy rigurosos que no desean aplicar a sus hijos.

    “Estamos hablando de padres que están tratando de modificar estos moldes cuadrados con los que fueron educados, como cuando con una sola mirada tu papá te regañaba. El problema es que se está cayendo en extremos, porque le tienen miedo al sufrimiento del niño y todo lo negocian siendo permisivos”.

    La sicóloga señala que este tipo de padres son profesionistas y trabajan, por lo que buscan compensar a los hijos complaciéndolos, sin establecer una disciplina.

    Si el niño no quiere comer lo que hay en casa, le compran lo que pide. Si no se quiere dormir a la hora que le corresponde, se lo permiten. No le fomentan hábitos”, señaló la directora del CEEPI.

    Añade que otro error que se comete es el hecho de ponerse al nivel del niño, porque los hijos deben aprender que dentro de las familias existen jerarquías y que los padres son los responsables y son quienes cuidan y protegen a los infantes.

    “Como no toleran el sufrimiento de sus hijos, siempre les dan la posibilidad de algo más. Si tienen mal comportamiento, responsabilizan a los maestros, a los abuelos o a quienes los cuidan.

    Les temen a sus hijos porque le temen al enojo, al berrinche o a la reacción si les dicen que no, y esto es un error. En el niño se debe fomentar el sentimiento de frustración para poder enfrentar la vida”, indicó.

    Claudia Sotelo Arias señala que los padres malvavisco no tienen la conciencia de que sin disciplina y sin reglas no están educando al niño para enfrentar al mundo.

    “El problema no sólo se sufrirá en el hogar, sino en la convivencia con otras personas. No se trata de ser autoritarios ni de imponer, se trata de ser una figura de autoridad siendo padres comprensivos y flexibles, sin afectar al niño”, explicó la sicóloga.

    SIN TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN

    De acuerdo con la maestra Susana Salazar Gómora, coordinadora del CEEPI, los hijos de padres malvavisco son niños que no logran desarrollar una tolerancia a la frustración y rivalizan en la escuela o en la familia porque no están acostumbrados a recibir una negativa como respuesta.

    “Son niños que van a hacer berrinche ante un no, son niños que siempre van a buscar que los padres puedan complacerlos en todo y donde estén.

    Son niños que dentro de la escuela no siguen normas y sin importar el grado escolar no logran trabajar con sus compañeros de clase”, detalla.

    La especialista en estudios de desarrollo infantil comenta que debido a la falta de reglas y de hábitos los niños también presentan trastornos alimenticios y del sueño.

    Salazar Gómora, señala que los hijos de padres malvavisco también corren el riesgo de ser rechazados por su comportamiento en su entorno de convivencia habitual.

    “Hay que poner atención: si de los tres a los ocho años el berrinche es su forma de comunicación, ya estamos hablando de un foco rojo”.

    Explica que si no se detiene este tipo de comportamiento, los hijos de padres malvavisco tendrán una adolescencia y una etapa adulta complicada.

    “Cuando un niño sin capacidad de frustración llega a la adolescencia, se vuelve más agresivo y pueden hasta agredir a los maestros.

     

    “Además, son jóvenes que no tienen buen rendimiento escolar constante y que son proclives a las adicciones”.

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