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  • I will survive… sobreviviré

    2017-01-22 09:48:54 | El Pionero

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    Al Presidente de Estados Unidos lo critican porque es un bocón que no cuida sus palabras. Aquí en México tuvimos a Vicente Fox.


        

    El viernes pasado, Donald Trump se convirtió en el Presidente número 45 de Estados Unidos y, pese a todos los pronósticos, el mundo no se acabó. Incluso causó sorpresa que, a pesar de que reiteró que su país se saldría del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), renegociaría el TLCAN, finalizaría el Plan Climático y construiría el muro como primeras medidas ejecutivas. Los mercados y las bolsas apenas si se movieron. Los analistas señalaron que esto sucedió porque no dijo nada nuevo o distinto a lo que venía sosteniendo en su campaña. Sin embargo, hay otra teoría. En México no pasó nada porque los mexicanos ya están curados en salud y han sufrido y vivido durante sexenios a los políticos mexicanos y a sus partidos. Al Presidente de Estados Unidos lo critican porque no tiene pelos en la lengua, porque es un bocón que no cuida sus palabras. Aquí en México tuvimos a Vicente Fox con una permanente incontinencia verbal que mantiene hasta la fecha. Lo increíble es que el viernes, el expresidente de México escribió el siguiente tuit: “Mi querido Donald: ‘el pez por su boca muere’. Your own words are a reality today. Poor America, so close to you and far from the world”. En la ironía está el chiste. Se ha especulado sobre el conflicto de interés que pudiera tener el mandatario estadunidense con sus negocios. En México la situación es peor. Los políticos hacen negocio con sus cargos públicos y se enriquecen dentro del gobierno. También es una práctica común que varios legisladores siguen litigando o trabajando como abogados. Así, mientras defienden a sus clientes les hacen las leyes para protegerlos. Hay sorpresa porque Trump está dividiendo a su país. Si de eso se trata, México puede dar cátedra de ello. En 2006, después de una victoria por décimas de Felipe Calderón sobre Andrés Manuel López Obrador, el país se fracturó. En 2012, aunque la victoria de Enrique Peña Nieto fue más clara, las manifestaciones no se hicieron esperar y la división continuó. Hablando de protestas. La violencia de encapuchados rompiendo cristales y aparadores y quemando basura puede ser nueva en Washington, DC, pero en el país sucede a la menor provocación. En Estados Unidos se critica la formación de Melania Trump y se duda de su capacidad para hacer frente a su posición como esposa del Presidente estadunidense. En México el papel de la primera dama ha sido igualmente controvertido. En esos temas, también el país azteca lleva ventaja. El sábado miles de mujeres norteamericanas marcharon en contra del machismo de Trump. Lamentablemente, en México hay políticos que no son mejores. Vicente Fox se refirió a las mujeres como “las lavadoras de dos patas”; el magistrado presidente de la Sala Regional Xalapa del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Juan Manuel Sánchez Macías, dijo que estaba “de acuerdo con la paridad, pero que lleguen por capacidad intelectual y no por tener nalgas exquisitas”. El polémico alcalde de San Blas, Hilario Ramírez, lo mismo besa a la fuerza a las jóvenes, que les levanta la falda, y ésos son sólo algunos ejemplos. Se cuestiona la incapacidad e inexperiencia de Donald Trump y su gabinete. Nada tan distinto a lo que pasa en México. Aquí se tienen desde secretarios de Estado que vienen a aprender a sus puestos hasta legisladores que antes de ser diputados estaban produciendo una obra de teatro o negociando espacios para vendedores ambulantes. Por todo lo anterior, seguramente los mexicanos no se asustan de Trump. Si acaso de que los estadunidenses no aprendieron en cabeza ajena. Vianney Esquinca/La Inmaculada Percepción

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    Homo erectus

    2017-03-25 18:49:09 | El Pionero

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    Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte.


        

    La idea es muy simple, pero efectiva: pantallas en los andenes de una estación del Metro en la Ciudad de México, en ellas se proyectan los glúteos de los hombres que esperan el transporte. A algunos les dio risa, pero la mayoría reaccionó con desconfianza. Unos se cubrieron con sus manos, otros más se vieron un tanto o mucho muy molestos. ¿Quién les dio derecho a enfocar su cuerpo? ¿Quién les dio permiso de ser el centro de las miradas? Efectivamente, nadie. Un experimento lanzado por un colectivo aún anónimo que busca la concientización sobre el tema del acoso, muy en la opinión pública, luego de que Tamara de Anda, una conocida bloguera en redes sociales, hizo público su caso, en el que llevó al Ministerio Público a un taxista que le gritó “¡guapa!” desde su vehículo.

     

    Pero regresando al experimento que mencioné al principio, lo que resulta sumamente interesante es ver la reacción de la mayoría de los hombres. Claro, aquellos que se molestaron porque en una pantalla se vieran enfocadas sus partes privadas, consideran que un “guapa” o cualquier palabra dirigida sin consenso a una mujer, debería ser recibida como si se tratara de un favor, de un halago. Bueno, yéndonos a los extremos, ¡hay quien piensa que debemos pedir “por favor” que no se nos acose con tales comentarios! Faltaba más, ahora resulta que las mujeres debemos tener la obligación de saber cómo pedir que no se nos moleste. Los hombres, en consecuencia, sólo serán seres que responden a un instinto que una inconsciente mujer no entiende.

     

    El acoso, para quienes andan todavía muy perdidos en el tema, es muy simple: es cualquier expresión dirigida a una persona en particular, sin su consentimiento. Usted, hombre o mujer, sabe de quién recibir cualquier comentario, sobre todo si éste tiene un fin sexual: está en su derecho de decir “de ti sí, de ti no”, entonces, ¿por qué habríamos de recibir, responder o agradecer lo que cualquiera nos diga?

     

    En otro experimento, también en el Metro de la Ciudad de México, colocaron algo sobre los asientos; los hombres que no se percataron del objeto y que tomaron el lugar, se encontraron con un contacto extraño que, por supuesto, no les gustó. Pues eso, señores, es lo que sentimos cuando se nos acercan demasiado. El muy conocido “arrimón” que sin ningún tipo de pena y menos aún de respeto, muchos de ustedes ejecutan con alevosía y ventaja. Ah, ¡pero claro!, ninguna de estas circunstancias resultó agradable para los señores: ni que sus pompas fueran vistas por todos y todas alrededor, ni que un objeto extraño se acercara inesperadamente a las mismas mencionadas pompas. Pero, según algunos de esos mismos señores, las mujeres deberíamos estar agradecidas porque alguien se fijó en nosotras.

     

    Lo que los acosadores necesitan saber es qué es lo que se siente. Y quienes los justifican, también. Lo que quienes han vivido una experiencia de acoso de cualquier nivel merecen es la oportunidad de defender que nadie tiene por qué aceptar un “halago” si nadie abrió la puerta para ello. Pero hasta que no entiendan que las mujeres podemos andar “solas” por la calle, vistiendo como se nos dé la gana, hablando y haciendo lo que deseemos, siempre y cuando no afectemos a terceros, ese machismo tan arraigado no comprenderá jamás que sus prácticas han quedado desfasadas con el paso del tiempo. Pensar que una mujer debe pedir “por favor” que la dejen de molestar es como decirle a un delincuente que, por favor, no nos asalte. Así de elementales son esos señores que se creen homo sapiens, pero no distinguen entre el homo erectus y el australopithecus al comportarse.

     

    Yuriria Sierra/Nudo Gordiano

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