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    2019-03-30 06:31:44

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    Es Inconcebible castigar a alguien por su orientación sexual y juzgarlo con el mismo rigor que a un violador.


        

    El alcance del Islam o cuando la religión es fundamento para decisiones de Estado. Lapidazos hasta morir por ser homosexual o cometer adulterio. También para los violadores. Pero ésta será la realidad para los musulmanes radicados en Brunei. La monarquía absoluta, hoy al mando de Hassanal Bolkiah, aprobó una ley que entra en vigor este miércoles. A partir de esta fecha, los castigos para sodomitas —aún descalifican con este adjetivo— aumentan. La Edad Media, la barbarie, auspiciada por Game of Thrones, es una realidad en algunas partes del mundo.

    Y estas leyes son palomeadas por personajes que mucho tienen que ver con el retrato que se hace desde la ficción cuando se habla de figuras autoritarias. Ostentosos y millonarios a costa de su pueblo. Bolkiah tiene 5 mil autos deportivos y de lujo; es dueño de una cadena de hoteles, como The Beverly Hills Hotel en Los Ángeles; posee la residencia privada más grande del mundo, de sólo 200 mil metros cuadrados. Hombres sospechosos de abusos de todo tipo, más aún cuando se habla de aquéllos que permite la normalización de la violencia de género: Shannon Marketic, exMiss EU, quien presentó una denuncia de abuso sexual en su contra en una corte de California. Líderes que limitan la libertad de expresión: cada año, los medios de comunicación del país deben renovar su permiso para mantener su operación, además de realizar un depósito de cien mil dólares y de conocer el riesgo de prisión en caso de divulgar lo que el sultán considera como noticia falsa.

    Es la realidad, la nueva realidad de Brunei. Y no es que antes gozara de libertades, jamás ha sido así; pero sorprende en 2019 que los pasos sean hacía atrás y no en la dirección esperada. Además de las leyes contra la comunidad LGBT, también endurecieron los castigos contra los ladrones: el primer robo les costará una mano, el segundo un pie. No existe la voluntad de mejorar las condiciones de vida ni las políticas públicas. Lo único que desea el gobierno de Brunei es controlarlo todo: el poder, el dinero, con quiénes se relacionan sus ciudadanos... imponer su moral, porque el sultán no lo entiende como una postura personal, sino un mandato que depende únicamente de él.

    Si pensamos en Venezuela como un país secuestrado por la voluntad de una sola persona, el mundo nos enseña que el autoritarismo tiene extremos más peligrosos. En Brunei, no son sólo los servicios y, en resumen, el futuro, el que está en riesgo; es la libertad de ser, de desarrollar la propia personalidad. Inconcebible castigar a alguien por su orientación sexual; abominable juzgarlo con el mismo rigor que a un violador. Es la brecha que existe en el mundo. Es el peligro de dotar a un solo hombre con la libertad de decisión. Repito: Brunei es el ejemplo perfecto de cuando la religión es fundamento para decisiones de Estado. En 2019 esperábamos estar mucho muy lejos de ello.

    Por: Yuriria Sierra/Nudo gordiano

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